Ante el maltrato, ‘les digo que no duden en buscar ayuda’

Informe indica que menos latinos denuncian violencia de sus parejas; expertos señalan que es por temor a una deportación
Ante el maltrato, ‘les digo que no duden en buscar ayuda’
Una denuncia permite sentar un precendente de la conducta del agresor (foto referencial). / fotos: getty

Tras dos años de noviazgo, Adriana Castañeda y su novio decidieron casarse en octubre de 2015. Se conocieron en el trabajo; su relación era estable.

Poco después de su celebración matrimonial, Castañeda —de entonces 28 años de edad— comenzó a ver cambios drásticos en su esposo que antes, afirma, no había dado a notar.

“Su carácter cambiaba de feliz a enojado en un instante”, asevera Castañeda, quien es de origen mexicano. “Era celoso, posesivo, me cuestionaba de todo. Si no le contestaba el teléfono se enojaba”.

Al principio pensaba que la diferencia de edades podría ser el problema. Él era cinco años menor. Poco después se enteró que él usaba drogas.

Al principio, Castañeda aguantaba los maltratos con la esperanza de que esa fase fuera pasajera. “Yo me casé enamorada y entonces pensaba que iba a tener hijos. Que iba a tener una familia. Pero todo cambió”, cuenta.

Para enero de 2016 el maltrato verbal se tornó físico.

“Él me había hecho como 20 llamadas a mi celular y no le contesté porque estaba trabajando”, recuerda Castañeda.

Ese día, cuando salió de laborar —señala— su pareja la estaba esperando molesto en el carro. Cuando llegaron a su casa él la tomó fuertemente de los brazos. “Me zarandeó y me aventó al suelo”, dice Castañeda, quien agrega que del susto no supo cómo reaccionar.

Ese sería solo el comienzo de la violencia doméstica que viviría por seis meses más.

“Me hablaba con muchas malas palabras. Me decía, ‘pe…’ enfrente de las personas. Me hacía ver como que si no valiera nada. Me acusaba de infiel”, explica esta mujer. “Me hizo que cerrara [hasta] mi Facebook”.

Sin temor a pedir ayuda

Castañeda no olvida aquel 7 de junio de 2016. Iban en el auto y su esposo le arrebató su bolsa y le quitó su cartera con su licencia de conducir.

Ella se bajó del carro asustada y molesta. Y cuando él la alcanzó, la tiró al suelo y se aventó sobre ella con todo el peso de su cuerpo. “Como un luchador”, comenta.

“Me dolió mucho todo y ya no me pude levantar. Me pegué en la quijada y estaba sangrando. Mis uñas se rompieron con el golpe. Empecé a gritar que me ayudaran” rememora Castañeda quien se encontraba cerca de su casa. Su hermano de 13 años llamó al 911.

Cuando llegaron los paramédicos y la policía, Castañeda decidió levantar una denuncia en contra de su agresor. A su pareja se le ordenó ir dos semanas a la cárcel; no obstante, “solo cumplió una. “Su familia le pagó la fianza”, dijo Castañeda.

Agregó que no tuvo temor de acudir a la policía debido a su estatus legal, que es: ser beneficiaria de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA).

“No me daba miedo porque yo sabía que hay formas que ayudan a las mujeres inmigrantes”, dice.

Y no se equivocó.

Con la ayuda de una trabajadora social, Castañeda logró mudarse de casa a más de 30 millas de distancia de su agresor y entabló una orden de alejamiento en su contra.

Diversas campañas a nivel local y nacional intentan dar a conocer que el abuso no es solo físico, sino tambien verbal.- Foto: Archivo

Los indocumentados tienen derechos

Sin embargo, no todas las mujeres enfrentan valentía para reportar a sus agresores.

Un informe reciente indica que en Los Ángeles, el reporte de abuso conyugal entre latinos disminuyó en un 3.5% en los primeros seis meses del 2017 comparado con el mismo período de 2016. Mientras que, los reportes entre las víctimas no latinas casi no cambiaron.

En ciudades como San Francisco y San Diego se registraron caídas aún más pronunciadas del 18% y 13%, respectivamente, según reportó Los Ángeles Times.

El descenso, según expertos, podría estar vinculado al temor de que interactuar con la policía pueda llevar a la deportación de la víctima.

Ello, sumado a la postura agresiva del presidente Trump frente a la inmigración ilegal, las órdenes ejecutivas que amplían el número de personas que pueden ser blanco de deportación y las noticias de la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) acerca de arrestos en los tribunales parecen haber contribuido a la caída de denuncias.

“Con el actual clima político las personas no se sienten cómodas en hablar y sobre todo cuando sus agresores los amenazan con que se meterán en problemas o serán deportadas si llaman a inmigración”, dijo Britni Soto, portavoz con Peace Over Violence, organización que lucha contra la violencia
doméstica.

“Nosotros les decimos que ser indocumentado[a] no es una razón para ser lastimado. Existen opciones legales que los amparan”, explica.

Busca las señales

Castañeda indica que de lo único de lo que se arrepiente es no haber salido de esa situación antes.

“Yo les digo a las mujeres que busquen señales a temprana hora y no duden en buscar ayuda”, dice.

Entre las señales está saber si el cónyugue reprime a su pareja para salir, revisa su forma de vestir o no le permite trabajar.

“Ser indocumentado[a] no es una razón para ser lastimado”, dice Britni Soto. / foto: archivo.
“También existe el abuso financiero donde el abusador pide que las cuentas sean unidas para estar revisandolas en todo momento”, dice Britni Soto, portavoz con Peace Over Violence.

Autoridades de la salud también indican que otras señales pueden incluir: el aislar a la pareja, los cambios bruscos de humor, si la persona se muestra amigable en público y agresiva en privado, entre otras.

Encuentra ayuda; denuncia

Si vives bajo condiciones de violencia verbal, física o emocional en tu casa, llama a la línea de ayuda de Peace Over Violence, que está disponible las 24 horas al día al 1(213) 626-3393.

También puedes presentar llamar a la Línea Nacional de Ayuda contra la Violencia en el Hogar, donde se habla también español, al 1(800) 799-(7233). Para más información visita: www.thehotline.org

El teléfono sobre el abuso doméstico en el condado de L.A. es 1(800) 978-3600.