Hilario Cervantes: un mariachi de corazón en L.A.

Casi a punto de cumplir los 90 años, este hombre vibra de emoción cada vez que toca y canta este género tradicional de su tierra: México
Hilario Cervantes: un mariachi de corazón en L.A.
El oriundo de Nayarit dice que el corazón se le llena de orgullo al entonar el mariachi./ Fotos: Jorge Luis Macías

Nacido en el pueblo mágico de Jala, Nayarit (México), Hilario Cervantes Rodríguez —a sus 88 años de edad— continúa cantando y tocando música de mariachi, género que lo encumbró por varias décadas con el mariachi Los Camperos.

De igual manera, ha sido un motivo de inspiración para que las nuevas generaciones de su familia sigan sus pasos; así como, los hijos y nietos de sus hermanos Marcelino, Agustín, Luis y Chuy.

“La música de mariachi la llevo dentro de mi corazón”, dice Hilario. “Desde los seis años ya tocaba la guitarra y cantaba las canciones de la época de Pedro Infante o de Jorge Negrete”.

Su infancia, no obstante, no fue del todo agradable.

Hilario toca el violín frente a la estatua de Lucha Reyes, intérprete de “La Tequilera” / Jorge Luis Macías

Macario —su padre— los obligaba a trabajar y los centavos ganados eran solo para él. Los menores no recibían nada a cambio.

“Mi padre era violento; le pegaba a mi madre y a nosotros también”, recuerda. “Era muy duro con toda la familia… Sufrimos mucho; todo era puro trabajo y más trabajo”.

En su casa no había la más mínima comodidad. En dos o tres cuartos vivían nueve hermanos y sus padres. Se alumbraban con bombillas de petróleo y mechas hechas de trapo.

“Yo empecé a trabajar los 4 o 5 años”, indica. “Salíamos a los ranchos a cantar y ahí mismo, en mi pueblo; a veces tocábamos dos canciones y nos daban cinco centavos… El que cobraba era mi papá; nunca nos decía cuanto ganábamos y trabajábamos de la noche a la mañana”.

Con cierta nostalgia, Hilario narra que su mayor gusto por el mariachi se encontraba en la interpretación de boleros.

“Ah, los boleros, qué chulada tan fina”, suspira. “A mi hermano Agustín y a mí nos gustaba cantar boleros en las serenatas”.

Hilario Cervantes es un músico lírico.

Nunca tuvo estudios formales. Solo tuvo acceso al método de solfeo de Hilarión Eslava, que consiste en conocimientos preliminares y entender que la música es el arte de bien combinar los sonidos y el tiempo.

“Fueron ejercicios muy difíciles, pero aprendí las notas y los acordes”, revela.

“Para leer la música se necesita mucha práctica, es como usted, si quiere escribir y leer más rápido, pues tiene que practicar y practicar… Es duro, pero se aprende”.

Con el paso de los años, aquel joven nayarita creció sin una dirección paternal, aunque sabía que tenía que seguir trabajando para liberar a su madre y a sus hermanos del yugo paternal, de los golpes y del maltrato.

Y lo logró. Hilario logró reunir a su madre y a algunos hermanos y abandonaron a la persona que les había hecho tanto daño.

De pronto, a los 15 años él se convirtió en hijo, hermano y padre de su propia familia.

“Cuando uno empieza algo, hay que terminarlo, porque si se deja a medias, pues se acabó”, señala con la sabiduría que le dio la vida.

“Yo no tenía mucho entendimiento ni el roce social de andar entre la gente buena que lo aconseje a uno. No hay de otra más que seguir adelante. Mi padre era muy valiente, muy bravo y muy duro…Mi madre le sufrió mucho…

[Él] Tenía 11 mujeres y tan solo en la cuadra donde vivíamos tenía cuatro. No tomaba, no fumaba, pero su vicio eran las mujeres”.

Hilario sostiene su sombrero (segundo de izq. a der. ) junto a su grupo de juventud. / foto: suministrada

Con el tiempo, aprendió a tocar el clarinete y el banjo, un instrumento musical de cuerdas. Se integró a la orquesta de sus tíos y también aprendía de memoria las partituras. Tocaba como si estuviera leyéndolas.

Hoy Hilario agradece a Dios que siempre lo ha socorrido. A su edad, ha llegado a trabajar con todos los buenos mariachis que han surgido en México y Estados Unidos.

Comenzó su carrera artística con el Mariachi Los Tecolotes, donde cantaba y tocaba el violín; en 1963 retornó a Hermosillo, Sonora, donde se acopló con Los Reyes de Chapala y luego formó tres o cuatro grupos.

Hilario abraza a Rachel Roldán, su pareja sentimental desde hace varias décadas. / Foto: Jorge Luis Macías

“En aquellos tiempos, con el Mariachi Estrellas de México, acompañábamos a todos los artistas famosos que venían al Teatro Million Dollar”, recuerda Hilario. “Tocamos para artistas de la talla de José Alfredo Jiménez, Lola Beltrán, Julio Aldama o Demetrio González, Hugo Avendaño o Javier Solís”.

Para ese entonces, Hilario ya tocaba el violín, la trompeta y las tres armonías: guitarrón, vihuela y guitarra.

Con cierta fama, Los Camperos, el mariachi fueron contratados por un mes para tocar en el hotel Stardust de Las Vegas y acompañar al bolerista Fernando Valadez.

Posteriormente, Natividad “Nati” Cano se hizo cargo de Los Camperos e Hilario se fue a trabajar a Florida con el mariachi de Pedro Rey y en 1971 fueron parte del elenco artístico de inauguración del parque de atracciones Disney World.

“Trabajamos con Vicky Carr, abriéndole su show en todo Estados Unidos, con Linda Ronstad y en la película Fun in Acapulco (Alegría en Acapulco), con Elvis Presley, en 1963”.

De hecho, Presley, al interpretar “Guadalajara” cantó el segundo verso dos veces y reemplazó las dos primeras líneas en la repetición de la siguiente manera: “Ay ay ay ay ay ay! ¡Mis hermanos” “Ay ay ay ay! Mexicanos”.

Amor por el mariachi

“Uno se siente orgulloso de ser mexicano y ser mariachi; el corazón se llena de amor por la patria de uno”, dice Hilario, padre de 14 hijos, que tuvo con siete distintas mujeres.

“Hay muchos que dicen ser mariachis, pero no lo hacen con el alma, porque no lo llevan en la sangre; yo estoy muy contento con lo que Dios me ha dado… No tengo mucho, pero me gusta la música y seguiré trabajando hasta el fin…Lo bueno es que detrás de mí ya vienen los nietos para seguir con la tradición del mariachi”.

Con orgullo, HIlario le muestra sus recuerdos a Juan Yánez (d), integrante del Mariachi “Zacatecas”. / Foto: Jorge Luis Macías

La tradición musical del mariachi fue reconocida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Una teoría indica que el origen de la palabra “mariachi” proviene del francés marriage (matrimonio), que se referían no solo a las bodas que presenciaban en tierras mexicanas, sino a la música que se tocaba en ellas.

Pero, especialistas la época prehispánica, indican que en Coculán (nombre original del lugar) —luego Cocula, Jalisco— cobró fama la fascinación por la música y reproducción sonora que tenían los indígenas cocas, quienes solo tocaban sus rústicos instrumentos para “sentirse cerca” de Cocolli y Teocáyatl, sus dioses principales.

Y cuando los conquistadores españoles llegaron a estas tierras y notaron la facilidad musical de las cocas, aprovecharon para difundir el cristianismo entre los pueblos de la región, mediante canciones que ejecutaban grupos que para entonces fueron llamados “Guitarrones del Cerro” o “Mariachi”.