La meta: empoderar a las reclusas a través de la tecnología

El programa Code. 7370 prepara a las mujeres para su reingreso a la sociedad
La meta: empoderar a las reclusas a través de la tecnología
Olga Nayeli Peña-Arce toma clases a tiempo completo. Alejandro Cano

En noviembre de 2014, Olga Nayeli Peña-Arce —quien entonces tenía 20 años de edad— salió a divertirse con dos de sus amigos en la ciudad de South Lake Tahoe, en las montañas californianas de Sierra Nevada.

Luego de beber alcohol en un bar local, ella y sus amigos decidieron continuar con el entretenimiento. No imaginaba que esa noche su vida cambiaría para siempre.

Tras perder control de su vehículo debido a la elevada velocidad, Pena-Arce impactó con un muro de contención.

El choque fue tal que su amiga Aimee Campos, quien tenía 21 años, murió al instante; el otro pasajero Wayne Walker, salió expulsado del auto y logró sobrevivir al accidente.

Se abrió una investigación y cinco meses después, Peña-Arce — oriunda de Jalisco, México— se vio tras las rejas acusada de homicidio vehicular.

Según las autoridades, Peña-Arce se encontraba bajo la influencia del alcohol cuando condujo su vehículo modelo Saturn a 75 mph en una zona, donde el límite de velocidad era de 35 mph.

“Me sentenciaron a siete años y ocho meses en prisión. Aún me falta más de la mitad”, comenta Peña-Arce a La Opinión en entrevista desde la prisión de mujeres en Chino.

“No se lo deseo a nadie. Nunca fue mi intención causar tanto daño. Estoy aquí y debo tomar al toro por los cuernos. No es fácil pero es mi realidad”.

El programa tiene una duración de 12 meses. / Foto: Alejandro Cano

Por su parte, Amariz Canasa, de 33 años de edad, está encerrada en la prisión de Chino desde 2002 debido a cargos de ofensas sexuales.

La mujer, quien es de origen filipino, saldrá libre en diez meses —una realidad que le ha causado sentimientos encontrados.

“Es un mundo totalmente diferente allá afuera. Cuando me encerraron en prisión tenía un celular Nokia 3160 y muchos de amigos todavía usaban beepers. Me siento contenta pero a la vez sé que tendré que estar enfocada para no regresar”, comenta.

Canasa tiene la intención de terminar la escuela y eventualmente obtener una licenciatura en alguna carrera
tecnológica.

Al igual que Peña-Arce, Canasa dice que cualquier oportunidad de educación debe aprovecharse.

Eso es exactamente lo que ambas reclusas hacen hoy: se preparan de manera académica para enfrentar —al salir— un mundo extraño y moderno, un mundo que suele discriminar y rechazar pero a la vez un mundo que está ahí para conquistar.

Con la meta en la tecnología

Ambas reclusas forman parte de Code. 7370, un programa de computación con esquema tecnológico innovador diseñado para enseñar a los reclusos a cómo codificar.

Diseñado por The Last Mile, en asociación con el sistema carcelario de California, el programa Code. 7370 fue inaugurado este jueves en la prisión de Chino.

Según los fundadores de The Last Mile, Chris Redlitz y Beverly Parenti, el programa fue implementado por primera vez en la prisión de San Quintín, San Francisco, en 2014 con resultados favorables.

Los coordinadores dijeron que mientras el índice de reincidencia en programas de educación técnica es de 7.3%; el índice de reincidencia en el programa Code. 7370 es de 0%. Nulo.

Ralph Díaz es subsecretario de operaciones del Dpto. de Correccionales y Rehabilitación de California. / Foto: Alejandro Cano

“Este entrenamiento, esta capacitación, esta educación está diseñada para que no regresen a prisión. Este programa está diseñado para darles las herramientas necesarias para que eventualmente obtengan un empleo con salarios dignos, que les brinde la oportunidad de proveer para sus familias. No queremos que vuelvan”, bromeó Redlitz, durante una ceremonia de apertura.

Según Shivinder Gogna, maestro de Code. 7370, el curso de 12 meses enseña a cómo codificar páginas de Internet a través de programas de computación como HTML, JavaScript y Python.

Añadió que muy pronto las estudiantes no solo podrán codificar páginas, sino también podrán crear sus propios logotipos y diseño.

“Un reto muy grande que tenemos es que no tenemos acceso a Internet. Para eso creamos un programa que simula una experiencia real.

Esto puede ser el principio de una carrera próspera en ingeniería de computación”, señala Gogna.

Según los creadores, en la actualidad hay escasez de ingenieros en programación y para 2020 se necesitarán un millón de empleados en esta área.

“Los graduados del programa podrán competir con ingenieros del resto del país, algo que reducirá el desempleo y les abrirá las puertas”, añadió Ralph Díaz, subsecretario de operaciones del Dpto. de Correccionales y Rehabilitación de California.

“Para que esto fuese posible tuvieron que haber muchos ‘si’ [condicionales]. ‘Si’ confiamos en ustedes, ‘si’ sabemos que el programa funciona, ‘si’ sabemos que sus vidas mejoraran y ‘si’ sabemos que romperán el ciclo. La idea es que ustedes sean productivas”, comentó Díaz.

Y dijo que vale la pena invertir dinero en programas que brinden resultados.

En cifras

Según datos de The Last Mile, el 10% de la población carcelaria en EEUU está en California, lugar donde se gasta alrededor de $60,000 anuales por recluso; en comparación con un promedio de $12,000 en la educación superior de un residente.

El Estado Dorado invierte $9,000 millones de dólares al año al sistema penitenciario.

La entidad también señala que tras un año de ser liberados, el 75% de los ex-reos permanecen sin empleo. De ahí la importancia de apoyar y financiar programas y clases como Code. 7370.

Peña-Arce aún tiene varios años de condena por cumnplir; ahora aprovecha el tiempo y toma clases de día y de noche. La joven de 23 años de edad, dice que su futuro está en sus manos.

Mientras, Canasa dijo que buscará vivienda y empleo en el Silicon Valley, meca de la tecnología actual.