Dos corazonadas y una idea emprendedora

Cómo y por qué Fabiana Rodríguez se fue de su país y ahora se dedica a salvar a animales
Dos corazonadas y una idea emprendedora
Fabiana posa al lado de su prensa de calor.
Foto: Julia Barajas / La Opinión

Cuando Fabiana Rodríguez abordó un avión en Buenos Aires con destino a Los Ángeles en 1998, solamente venía de visita.

Acá tenía un primo y quería conocer. Con su ayuda, Fabiana recorrió lo que recorre todo buen turista: las playas, el Paseo de la Fama, el Teatro Chino. También se aseguró de ir al hotel en Beverly Hills donde se rodó la película Pretty Woman, con la que estaba obsesionada.

Esta excursión turística, sin embargo, se convirtió en experiencia de formación personal, pues durante ese viaje, Fabiana se dio cuenta de que nuestra ciudad es mucho más de lo que se plasma en postales. Se enamoró. De Los Ángeles, de su gente. “Me sentí como en mi casa”, explicó. “Hubo algo en mí que hizo click“.

Al volver a su país, la porteña sólo pensaba en cómo regresar al sur de California. Y en 2006, casi una década después, lo logró.

Fabiana, diseñadora gráfica de profesión, se armó de valor y se despojó de todo. Vendió sus pertenencias. Renunció al trabajo. Se despidió de sus amigos y familiares.  Compró un boleto sencillo y comenzó de nuevo.

“Siento que me gané esta ciudad”

No fue fácil. Tras instalarse, Fabiana batalló con el inglés y tardó en conseguir empleo en su área. Para mantenerse, hizo de todo: entregó pizza a domicilio, preparó lattes en cafés por toda la ciudad y trabajó de recepcionista en una empresa de seguros. Todavía recuerda que le llamaban pidiendo información, y ella ni siquiera podía localizar los archivos por no entender los apellidos de sus clientes.

Fue en esos momentos que Fabiana pensaba en las palabras de su hermana, quien le había suplicado que se quedara en Buenos Aires. “Vos sos una joven profesional”, le dijo. “Argentina te necesita”.

Jamás se le olvidó.

Fabiana, sin embargo, estaba convencida de que ella pertenecía en su ciudad adoptada, y decidió quedarse. Poco después descubrió por qué.

Un día mientras le preparaba un latte a una de sus clientas más leales, un hombre entró gritando al café donde Fabiana trabajaba.

“¡Necesitábamos un diseñador gráfico ayer!” le dijo a la clienta. Era su jefe, visiblemente molesto.

Al oírlo, Fabiana vio una oportunidad. Le entregó el latte a su clienta y dijo: “Sabes, yo soy diseñadora gráfica”.

“¿En serio?”, le respondió.

“Sí”.

“Entonces, hoy en cuanto salgas, subes al sexto piso y me buscas”.

Esa misma tarde, Fabiana empezó a trabajar en People of the World, una compañía de pantalones de mezclilla. Desde aquel día fatídico, sus diseños se han vendido en tiendas como Target, JC Penney, Forever XXI, Macy’s y Walmart. Su mayor orgullo es haber diseñado leggings para Material Girl, línea de la hija de Madonna.

Todo se dio con esfuerzo, con tiempo. Le tuvo que tener paciencia a Los Ángeles. “Por eso esta ciudad siento que me la gané”, dijo Fabiana.

Mocha y Fabiana, en su taller. (Foto: Julia Barajas/ La Opinión)

“Te quieres llevar a todos”

En 2010, Fabiana emprendió una segunda aventura: decidió adoptar a una mascota. Y por no querer ser partícipe en la crueldad que caracteriza a muchos criaderos, acudió a un refugio de animales.

Cuando iba en rumbo al sitio, Fabiana estaba emocionadísima. Pero ya estando allí, fue consumida por tristeza.

“Vas y te quieres llevar a todos”, explicó. “Porque sabes que el que no te llevas probablemente acabará muerto”. Al final, Fabiana se fue sin mascota.

Y no exageraba. Cada año le aplican la eutanasia a aproximadamente 670,000 perros que no son adoptados en Estados Unidos. Con esto en mente, Fabiana se obligó a volver al refugio y “salvar al menos una vida”.

El 20 de noviembre de 2010—fecha que no se le olvida—Fabiana conoció a una perrita negra de origen incierto. Estaba enferma y se notaba que había sido maltratada. La porteña pudo haber escogido cualquier otro animalito enjaulado, pero al verla, Fabiana tuvo la misma corazonada que tuvo durante su primer viaje a Los Ángeles. Fue así que la perrita, a quien nombró Mocha, se convirtió en miembro de su familia.

La búsqueda de una cama adecuada para Mocha inspiró a Fabiana y conllevó a la creación de la compañía OkiDoggy, la cual, además de fabricar toda clase de productos para mascotas y sus amos, también dona 15% de las ganancias a refugios de animales.

Los productos, totalmente diseñados y elaborados por la angelina-porteña, llevan lemas como “I believe in second chances” (Creo en dar una segunda oportunidad). A través de OkiDoggy, Fabiana aboga por la adopción de animales, sobre todo los subvalorados, como los pitbulls y los perros mayores, quienes tienen un índice de adopción muy bajo. Estos animalitos figuran de manera prominente en su cuenta de Instagram, donde Fabiana los viste con pañuelos y anima a sus seguidores a adoptarlos.

Sus esfuerzos están arraigados en su experiencia con Mocha, quien, a pesar de haber sufrido con su dueño anterior, le ha dado un cariño incondicional.

“Recuerdo que cuando llegó a la casa, a veces hasta temblaba cuando le daba su medicina–pero siempre se dejaba. Es muy agradecida. Y ahora que me agarró confianza, se ha convertido en un perrita faldera”, dijo la empresaria con una sonrisa.

Sigue enamorada

Hoy día, Fabiana comparte un hogar en Koreatown con su pareja, con Mocha y con otra perrita adoptada muy deseosa de atención.

La diseñadora se encarga de todo lo que abarca su negocio, ya sea la costura, paquetería o mercadotecnia. Tres de los cuartos de su hogar se han convertido en talleres. Cuando va de uno a otro, sus perritas la persiguen.

A pesar de haberse convertido en auténtica angelina, Fabiana todavía extraña la provincia de Córdoba, donde pasaba las vacaciones con su familia. También hecha de menos las charlas infinitas en los bares, la falta de prisa y la excusa continua de parar a tomarse un cafecito en cualquier esquina. Su barrio de Núñez, las plazas de Belgrano y, sobre todo, el sol de invierno en el Río de La Plata nunca le dejarán de hacer falta.

Cuando tiene tiempo libre, Fabiana disfruta escaparse a las montañas de California o caminar por el centro, donde trabajó por tantos años, apreciando la contraposición de los edificios antiguos con los de vidrio y metal. Sigue muy enamorada de Los Ángeles. Hasta le encanta su luz.

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