Editorial: El futuro de las elecciones

A doce meses de las elecciones presidenciales todavía se está hablando de ellas
Editorial: El futuro de las elecciones
Hillary Clinton y Donald Trump. Getty Images

Hace un año la elección presidencial dio como ganador al republicano Donald Trump. El proceso y el resultado, más allá de quién fue el victorioso, dejó reflexiones y dudas sobre nuestra democracia.

Los hechos ocurridos durante la campaña, la baja participación electoral, la contabilidad de votos que sacaron al triunfador y el impacto del resultado en los partidos políticos hacen que a 12 meses de la votación todavía se esté hablando de ella.

La victoria del millonario neoyorquino es incuestionable según las reglas del juego. El obtuvo la mayoría de los delegados del Colegio Electoral por una diferencia de 76,000 votos, divididos en los Estados de Wisconsin, Michigan y Pennsylvania, a pesar de que la demócrata Hillary Clinton lo superó por millones de votos a lo largo de la nación.

El margen de diferencia tan pequeño y estratégicamente ubicado, entre un total de más de 135 millones de votos, hace muy difícil señalar con precisión un motivo para explicar el resultado.

Se puede atribuir la victoria de Trump al respaldo informativo ruso, a la actitud del FBI semanas previas al comicio, a la frustración de la clase trabajadora blanca, al poco entusiasmo demócrata, y de las minorías, con Clinton, a un machismo electoral y a otros motivos. Seguramente que todo influyó, pero eso no descalifica la victoria de Trump.

El problema es de cara al futuro.

Esta es la segunda vez en menos de 18 años en que un presidente republicano llega a la Casa Blanca ganando en el Colegio Electoral y perdiendo en el voto popular. Por donde sea que se mire, esta es una presidencia que no representa a la mayoría de los estadounidenses, al menos de los que votaron.

Las diferencias internas dentro de los partidos políticos en esta ocasión perduran más que en otros ciclos electorales.

Los Demócratas tienen el desafío de unir el ala más progresista representada por Bernie Sanders con la tradicionalmente liberal. En la discusión hay quienes creen que hay que recuperar el voto blanco hablando menos de las minorías.

No hay que perder la perspectiva. Si se hubiera alentado mejor a los afroamericanos y latinos a salir a votar en esos tres Estados, otro podría haber sido el resultado.

Lo mismo para los Republicanos. Trump con su populismo se apoderó del partido. Hay unos pocos conservadores críticos del presidente, el resto acepta y justifica las incongruencias del mandatario. Pero las diferencias son muy grandes para desaparecer.

Hay un detente pragmático en la guerra civil republicana que comenzó en la primaria de 2016. La discusión se hace en voz baja para no ser señalado como un traidor en un ambiente de intolerancia.

Sin lugar duda la elección de 2016 fue un momento coyuntural. Esa fecha deja la imagen de ser una bisagra en la historia de nuestra democracia que se está escribiendo hoy.