Que renuncien

Que renuncien
Las cifras revelan que son las mujeres de clase trabajadora en industrias de hoteles, restaurantes, ventas y manufactura las que más sufren y han presentado denuncias por hostigamiento sexual en el trabajo (Foto: archivo)
Foto: Archivo

Como una marea incontenible, centenares de mujeres valientes han puesto de lado temores y se atrevieron a enfrentar a sus agresores sexuales que son famosos.

El abuso que estas víctimas desenmascaran es crudo, cruel, despojado de romanticismo, empatía, común acuerdo o respeto hacia la mujer.

Ni es flirteo, ni juego, ni broma. Violenta el cuerpo y la dignidad de las víctimas.

Es inconfundible y los relatos son detallados y extraordinariamente similares.

La presente ola de denuncias inició con el productor de cine Harvey Weinstein (y mucho antes, el actor Bill Cosby, el ejecutivo de TV Roger Ailes, Donald Trump).

Abarca a los más poderosos: el expresidente George H.W. Bush, el actor Kevin Spacey, el cómico Louis C.K., el periodista Charlie Rose, el congresista John Conyers.

Sus acciones, tales como mostrarse desnudos y toquetear a mujeres extrañas sin su consentimiento, sea en el escenario o encerrados en un baño, son despreciables.

El abuso sexual no tiene partido ni etnia ni fronteras, pero las inmigrantes latinas son frecuentes víctimas y sufren de intenso abuso, acoso sexual y violación por parte de jefes y compañeros del entorno laboral. Especialmente las campesinas.

Por eso la reacción contra quienes lo practican entre los latinos debe ser clara.

En California, a mediados de octubre más de 100 mujeres firmaron un comunicado acusando la “persistente cultura de abuso sexual entre los políticos de California”. Así, sentaron precedente.

Los nombres comenzaron a surgir, y al menos dos políticos estatales latinos fueron acusados de abuso sexual: el senador estatal Tony Mendoza y el asambleísta Raúl Bocanegra.

Como dijo el caucus de mujeres en una declaración publicada por el presidente del Senado Kevin de León, “la cultura de acoso y el código de silencio que lo rodea han plagado este Capitolio por demasiado tiempo, y ahora debemos reconocer que un sistema no puede proteger a víctimas y testigos si las víctimas y los testigos no confían en el sistema”.

Raúl Bocanegra, acusado por seis mujeres, no disputó la veracidad de las acusaciones y anunció que no se postulará a reelección y dejará la Asamblea el 1 de septiembre próximo. Mendoza, acusado por tres, espera los resultados de una investigación interna y aclaró que su propósito no fue ofender a nadie.

Pero estos políticos no deberían continuar en sus puestos públicos. Lo más apropiado es que abandonen sus escaños. Y que no espere un año para hacerlo. Renunciar es una reacción proporcional a los actos de abuso que los inhabilita. Por tanto, ambos deben renunciar.

Cualquier otra medida dará la impresión de querer ganar tiempo y de indulgencia ante los hechos imputados.