La “ciudad subterránea” en forma de laberinto que se oculta bajo los rascacielos de Chicago

Miles de personas transitan cada día por el Pedway sin darse cuenta de que esta maraña de kilómetros es un barrio más de la ciudad
La “ciudad subterránea” en forma de laberinto que se oculta bajo los rascacielos de Chicago
El Pedway es un refugio durante el caluroso verano y gélido invierno
Foto: Tim Boyle / Getty Images

Bajo el vibrante horizonte de Chicago y sus parques urbanos se encuentra un “vecindario” subterráneo.

Los únicos sonidos que se podían escuchar provenían de los faroles cuyas luces burbujeaban desde el techo y del eco inquietante y lento de unas pisadas que se sentían a lo lejos.

El aroma del café, los olores a grasa y a cloro se mezclaban en mis fosas nasales mientras atravesaba unas pesadas puertas dobles y volteaba en una esquina que me conducía hacia un pasillo vertiginoso de color magnolia.

A mi derecha estaba la entrada de los grandes almacenes Macy’s. Su área de comidas, que en ese momento tenía pocos clientes, era visible a través del cristal.

Me encontraba explorando el vecindario más extraño de Chicago, el Pedway, un candidato poco probable a la regeneración y mucho menos a convertirse en una musa del diseño.

Una maraña de pasillos

Esta red de túneles, que se extiende a lo largo de ocho kilómetros por debajo de los 40 bloques de The Loop (el distrito comercial de Chicago), conecta algunos de los edificios más famosos de la ciudad, incluyendo el de Macy’s, el Ayuntamiento y el Centro Cultural de Chicago.

La construcción comenzó en 1951 para proporcionar un paso seguro, entre los edificios, y también un paso resistente al mal tiempo.

Cada sección tiene un dueño independiente y su mantenimiento está en manos del edificio que tiene en la parte superior. Por eso, cada parte tiene luces diferentes, incluso las temperaturas son distintas.

“La mayoría de las personas no lo entienden”, dice Margaret Hicks, quien realiza recorridos y tours por el Pedway con su compañía Chicago Elevated. “Pero me encanta”, añade.

El vitral se instaló en diciembre de 2013. Se trató de un proyecto conjunto entre el almacén Macy’s y el Museo Smith de Vitrales de Chicago, antes de que éste clausurara en octubre del año siguiente.

En su momento fue, y todavía se percibe así, algo un tanto incongruente con este tramo subterráneo vacío.

Los que usan el Pedway lo hacen para escapar de los veranos sofocantes y de los inviernos inclementes. El Pedway forma parte de sus desplazamientos diarios y de sus descansos a la hora de almorzar.

La parte más concurrida está en la estación Millennium, un centro de trenes Metra (la división de trenes que abastece a Chicago y su área metropolitana), que tiene el techo ondulado y fluorescente.

El piso tiene las líneas de una pista de carreras. Escenas de la película de Batman, “The Dark Knight” (“El caballero de la oscuridad”), se filmaron ahí.

Vitrales de colores

Pero, Hicks reconoce que la mayoría de las personas que pasan por la estación no se dan cuenta de que están en el Pedway, o incluso desconocen lo que es el Pedway.

Los paneles de vidrios de colores incluyen una calabaza llena de flores, un mirlo volando sobre un cielo gris y azul y un búho en el corazón de una audaz exhibición floral.

Muchos son creaciones de artistas desconocidos, pero uno en particular, Spider Web, fue obra del renombrado artista de vitrales Louis Comfort Tiffany, cuyo padre fundó la famosa joyería Tiffany & Co.

Otros se están dando cuenta de lo que Hicks ha sabido por años: que la rareza del Pedway es extrañamente atractiva.

En la Bienal

La segunda Bienal de Arquitectura de Chicago, que empezó en septiembre de 2017 y terminará en enero de 2018, detectó un gran potencial en estos corredores.

Entre las columnas de la entrada del Centro Cultural de Chicago, el principal centro de la Bienal, los tubos de neón brillan detrás de un panel de vidrio.

Inspirada en la iluminación fluorescente del Pedway, la instalación insinúa este misterioso mundo subterráneo.

Los arquitectos detrás de la obra, Fiona Connor y Erin Besler, de Los Ángeles, recorrieron los túneles, examinando la decoración y los elementos en detalles granulares y se inspiraron en la iluminación, las texturas y la paleta de colores blanquecinos y grisáceos.

Dentro del centro, justo detrás de la vitrina que alberga la instalación de neón, un ascensor se sumerge en una sección del Pedway construida en 1989.

Al entrar, es posible que los visitantes se cuestionen si presionaron el botón correcto. Pues, al salir, son recibidos por una imagen que refleja lo que está arriba.

Connor y Besler han copiado meticulosamente uno de los portales de estilo Beaux Arts del Centro Cultural, incluyendo su pátina de bronce.

Al poner los dos mundos al revés, esta pieza y la instalación de luz sobre el suelo, que colectivamente se llama “Puerta Principal”, resaltan su conexión y, al mismo tiempo, su separación.

“El proyecto conecta a los usuarios desprevenidos de Pedway con la experiencia de la Bienal, reconociendo la presencia de un gran espacio cívico en estos corredores que están algo desamparados”, indica Todd Palmer, director ejecutivo de la Bienal.

Lo que se ha dado por sentado se ve como nuevo, muy en el espíritu del tema de la Bienal, ‘Make New History’ (‘Haz historia nueva)”.

Atracción turística

El Centro de derecho y política ambiental (ELPC, por su sigla en inglés: Environmental Law & Policy Center), que es una organización local sin fines de lucro, ha recaudado US$125.000 para transformar, a largo plazo, el Pedway en una atracción turística, y está buscando nuevas inversiones de empresas locales, grupos turísticos y propietarios de edificios vinculados a los túneles.

Los planes incluyen un mercado de agricultores y una biblioteca subterránea con una cafetería y acogedores rincones de lectura.

Las galerías de arte estarán regadas por los túneles, por lo que las vidrieras serán menos una anomalía.

El elemento de diseño más ambicioso se exhibirá en el Millennium Park. Se trata de un cubo de cristal deslumbrante que acogerá un ascensor para llevar a las personas a la superficie.

Sin duda será una alternativa a los puntos de entrada ya existentes, que están escondidos en las esquinas sombreadas y las escaleras mecánicas que parecen conducir a un abismo.

“El Pedway puede transformarse y pasar de ser un activo infrautilizado a una parte más vibrante del centro de Chicago, a una sección mejor utilizada tanto por los habitantes de Chicago como por los visitantes”, señala el director ejecutivo de ELPC, Howard Learner.

“Ahora estamos trabajando para encontrar las mejores vías que nos conduzcan a transformar esta visión de Pedway en una realidad”.

Incomprendido

Hicks tiene sentimientos encontrados sobre lo que respecta a este cambio. Y es que la llaman “La señora Pedway”, pues conoce a todos en el que es su lugar favorito.

Están los guardias de seguridad, los limpiadores de zapatos y Bill, un guitarrista folk, que ha estado “tocando el Pedway” durante varios años.

Hicks incluso vivió allí durante una semana. Durmió en el hotel Fairmont, que tiene acceso al Pedway, se reunió con sus amigos en Starbucks (hay tres establecimientos de la cadena de café aquí), y usó entradas al sótano para ver películas, ir al gimnasio y cenar en restaurantes.

Todo eso sin ver la luz del día.

“Realmente creo que el Pedway es uno de los barrios de Chicago. No quiero verlo aburguesado”, me dice Hicks. “Salva lo raro ¿sabes? Obviamente, hay mucho margen de mejora en Pedway. No quiero que la gente se sienta perdida y confundida, pero lo que amo de esto es su rareza”.

Los otros dos invitados de mi tour, una joven de Chicago y su madre, que venían de fuera de la ciudad, no estaban familiarizadas con Pedway.

Nunca supe que esto existía“, me contó la hija. “Cuando me enteré que había un tour, tuve que venir. Es tan extraño”.

Hicks está acostumbrada a eso. “Incluso la mayoría de los lugareños no saben nada sobre el Pedway”, asegura. “Ciertamente no lo entienden“.

Nos abrimos camino a través de la red, caminando de puntillas por las escaleras oscuras y agachándonos por las puertas.

En una esquina, el fotógrafo Ed estaba desplomado sobre una plataforma, mirando hacia la pared con ojos vidriosos. Se animó cuando aparecimos. Luego se volvió a tirar hacia atrás, pues se dio cuenta de que éramos un grupo de turistas y no una pareja feliz.

Ed, el fotógrafo paciente

Casi todos los días, Ed mira estoicamente hacia las puertas del Tribunal de matrimonios, cuya entrada se encuentra en el Pedway, debajo del Ayuntamiento.

Espera a los recién casados que podrían pagarle para que les tome algunas fotos.

Una imagen de una pareja radiante se encuentra a sus pies junto a unos globos y un ramo de flores, accesorios idóneos para una posible sesión fotográfica.

Algunos días los corredores están llenos de parejas apuradas. Pero en este día, el negocio estaba tranquilo.

Cuando le pregunto a Hicks cuánto tiempo podría pasar para que Ed se dé por vencido, encoge los hombros y susurra: “Nunca lo he visto a la luz del día“.

Cuando doblamos por otra esquina, Hicks dice: “Me encantaría ver a más personas aquí en el Pedway porque quiero que crezca. Quiero que sea cada vez más grande“.

Si se convierte en una de las visitas obligadas de Chicago, Hicks estará aquí como de costumbre: guiando tours, conociendo los nuevos establecimientos y recordando los “buenos viejos tiempos” cuando la única emoción venía de escuchar a un par de recién casados, riéndose nerviosamente y saltando por los pasillos vacíos.