En cobertura de lucha de “Dreamers”, también periodistas son amenazados en el Capitolio

“si así tratan a ciudadanos, ¿qué esperamos para los indocumentados?”
En cobertura de lucha de “Dreamers”, también periodistas son amenazados en el Capitolio

WASHINGTON— Cuando el resto de la gente huye del peligro, la mayoría de periodistas corre en busca de la noticia, ya sea para explicar polémicas medidas o poner un “rostro humano” al impacto de éstas, y la cobertura de las protestas de los “Dreamers” en el Capitolio no es distinta. Salvo que los periodistas también pueden quedar bajo riesgo de arresto por la policía.

Como parte de una jornada de protestas a favor de la aprobación del “Dream Act” antes de fin de año, alrededor de 200 activistas “Dreamers” y aliados del movimiento se tomaron hoy brevemente la principal cafetería del edificio “Dirksen” del Senado, uno de los edificios del complejo del Capitolio en Washington.

Aunque no tenían permiso para la protesta, los activistas entraron con matracas y silbidos y gritando consignas para exigir la inclusión del “Dream Act” en una ley de gastos para evitar el cierre del gobierno, en hora de máxima tráfico de almuerzo.

Los activistas provocaron un breve cierre de la cafetería, aunque un grupo de 17 activistas que desoyó las órdenes de desalojo fue arrestado.

Allí estaban un equipo de la cadena Telemundo y este diario, captando de principio a fin la noticia en desarrollo, a pocos pasos de la policía.

Algunos agentes de la policía nos ignoraron y se centraron en aplacar a los manifestantes, pero uno de ellos, Patrick Collier,  amenazó con arrestarnos si no cesábamos las grabaciones y desalojábamos la cafetería.

Collier explicó que un rótulo en la cafetería indica que está prohibido tomar fotografías “en todo momento”.

Al protestar que EEUU consagra la libertad de prensa y que el rótulo no precisa si hay restricciones para los periodistas en pleno cumplimiento de sus labores, Collier exigió prueba de mi credencial, y tomó mi nombre y número de registro como periodista acreditado.

Ante su tono intimidatorio, ofrecí darle el número de mi certificado de ciudadanía estadounidense, que obtuve en 1988.

En un país que hace alarde de su libertad de prensa y pretende dar lecciones al mundo sobre el papel de la prensa en una democracia, el incidente deja un mal sabor de boca, sobre todo porque, como medio hispano, tenemos la obligación de informar a nuestro público sobre el impacto de las políticas migratorias en la comunidad inmigrante.

Los inmigrantes indocumentados, por su condición de irregularidad, son especialmente vulnerables de acoso,  intimidación, arrestos y mal trato en los centros de detención, como ha quedado documentado por numerosos grupos cívicos, incluyendo “Human Rights Watch” y “Amnistía Internacional”.

Varios comensales y personal del Senado, con teléfonos celulares en alto grababan imágenes a través de una puerta metálica que dejaba ver los arrestos adentro, mientras otros sacudían la cabeza en señal de asombro del mal trato a periodistas.

Una activista, visiblemente molesta, comentó a nadie en particular: “si así tratan a ciudadanos, ¿qué esperamos para los indocumentados?”