Inmigrante gana la residencia y se reunirá con su padre al que no ha visto en 20 años

Una historia muy parecida a la suya lo inspiró para buscar ayuda y arreglar su situación migratoria
Inmigrante gana la residencia y se reunirá con su padre al que no ha visto en 20 años
Delfino Delgado muestra una foto de su padre de 91 años a quien no ha visto en 20 años. Su único consuelo era mandar a sus hijos para que los visitaran en México. (Araceli Martínez/La Opinión).

En lo primero que pensó Delfino Delgado cuando recibió su tarjeta de residente de los Estados Unidos fue en reunirse con su padre de 91 años al que no ha visto en 20 años.

“Ya compré los boletos de avión para ir a verlo a México. Voy para el 29 de diciembre. También voy a ir a visitar a mi mamá a su tumba. Ella murió hace cuatro años. Para mi esposa que yo vaya a ver a mi padre, significa mucho porque ella no pudo estar cuando sus padres murieron”, dice con la garganta a punto de quebrarse por la emoción y con los ojos enrojecidos.

“Mi único consuelo en estos años ha sido mandar a mis tres hijos nacidos en Estados Unidos, a ver a mis padres. Al ir ellos a México, sentía que yo estaba un poco ahí”.

Cuenta que no le piensa decir a su papá, don Octavio Delgado, que va a ir a verlo hasta dos días antes de llegar. “No le puedo llegar de sorpresa porque sería una emoción muy fuerte y no sé qué tanto pueda asimilar aunque está muy bien de salud”, dice ilusionado.

Delfino Delgado, un inmigrante de oficio jardinero obtiene su residencia permanente tras una espera de 20 años. (Araceli Martínez/La Opinión).
Delfino Delgado, un inmigrante de oficio jardinero obtiene su residencia permanente tras una espera de 20 años. (Araceli Martínez/La Opinión).

Delgado es un inmigrante que se gana la vida como jardinero, y que acaba de lograr lo que solo imaginaba en sueños: obtener su residencia, sin necesidad de solicitar un perdón y acudir a una entrevista de migración. Está casado con Amelia Toledo y es padre de Diego de 24 años, Selena de 20 años y Keven de 11 años.

“Cuando me llegó la tarjeta el 13 de diciembre, no lo podía creer. Pero al mismo tiempo, yo yo sabía que iba a pasar, tenía mucha fe”, platica aún fascinado.

“Yo no le quería decir a mi esposa porque quería reunir a mis tres hijos en Navidad. Salir a comer y darles la noticia”, dice.

Pero se vio obligado a adelantar sus planes porque su cuñada recibió también su tarjeta de residencia días antes. “Mi esposa hablaba por teléfono con ella muy emocionada porque dentro de esa petición entró su hermano. Al escucharla tan feliz, dije, no me puedo quedar callado. Quise aumentar más su felicidad. Me le acerqué mientras hablaba por teléfono, y le sacudí mi tarjeta de residencia. Mi esposa empezó a pegar gritos de gusto. Fue algo muy grande”, narra.

De 48 años de edad, emigró de Copándaro, Michoacán en 1985. Corrió con suerte porque por haber trabajado en el campo calificó para la Amnistía de Reagan y obtuvo una tarjeta de residencia condicional.

Delfino Delgado platica con su abogada en migración Denise Cabrera los detalles de su caso. (Araceli Martínez/La Opinión).
Delfino Delgado platica con su abogada en migración Denise Cabrera los detalles de su caso. (Araceli Martínez/La Opinión).

Pero como se cambió de casa, perdió lo ganado y su residencia. “Yo preguntaba a los nuevos inquilinos si me habían llegado unos papeles de migración. Nunca me llegó nada. En ese tiempo yo no hablaba inglés. Y cuando quise renovar el permiso de trabajo, me dijeron que mi caso fue cerrado porque nunca completé el proceso. Eso fue en 1997”, recuerda.

Comenta que por su cuenta reabrió su caso, mandó una carta y una orden de pago a migración. “Solo me dieron una extensión por algunos meses”, indica.

Dice que al quedarse de nuevo como indocumentado, vio a varios abogados. “Uno me dio esperanzas. Me pidió los boletos de avión que comprobaban que yo había entrado al país legalmente. Cuando fui residente condicional, yo iba a México casi cada año”, dice.

Ese abogado le auguró que le darían su tarjeta de residencia. Pero cambió de opinión en diez minutos. Volvió para decirle que lo sentía, que no podía hacer nada ya que su caso no iba a prosperar.

El abogado no se equivocó, Delgado si recuperaría su residencia pero tendría que pasar varios años más.

Solos los hijos de Delfino Delgado, Diego, Selena y Keven han podido viajar a México a visitar al abuelo de 91 años. (Araceli Martínez/La Opinión)
Solos los hijos de Delfino Delgado, Diego, Selena y Keven han podido viajar a México a visitar al abuelo de 91 años. (Araceli Martínez/La Opinión)

Una luz de esperanza

El inmigrante de momento se sintió derrotado porque el incidente ocurrió una semana después de que su hijo mayor Diego cumplió los 21 años, en junio de 2014. “Precisamente había ido a ver a ese abogado con la esperanza de que a través de mi hijo pudiera arreglar mi situación migratoria”, menciona.

En marzo de este año, se topó con una historia que había publicado La Opinión sobre el caso de Juan Carlos Alvarado, un inmigrante mexicano quien en 1989 consiguió la residencia condicional en base a que calificó como trabajador temporal del campo bajo la Amnistía de Reagan, la ley que legalizó a alrededor de tres millones de indocumentados en 1986.

Sin embargo, Alvarado no logró renovar su tarjeta de residencia pues no pudo demostrar que laboró en una compañía agrícola. Como consecuencia, se quedó indocumentado por 30 años.

Fue a principios de año cuando recuperó su residencia al comprobar que tenía una entrada legal al país durante el tiempo que fue residente condicional, y porque su hijo Carlos Alvarado Jr. de 24 años, nacido en Estados Unidos, presentó una petición de residencia a su favor.

Delfino Delgado cuenta los días para reunirse con su padre Octavio Delgado de 91 años a quien no ha podido ver durante dos décadas. (Araceli Martínez/La Opinión).
Delfino Delgado cuenta los días para reunirse con su padre Octavio Delgado de 91 años a quien no ha podido ver durante dos décadas. (Araceli Martínez/La Opinión).

“Me reflejé en esa persona. Leía y le decía a mi esposa, ésta es mi historia. ¡Soy yo! Tuve un presentimiento y sentí que debía buscar al abogado que había ayudado a ese hombre con casi mi misma historia”, precisa.

Un día después, habló por teléfono a la oficina del abogado en migración Eric Price y le dieron cita para dos días después en marzo de este año.

Delgado quien vive en Lodi, en el norte de California a 35 millas al sur de Sacramento se trasladó a las oficinas que Price tiene en Santa Ana. Por muchos años, Delgado vivió en Santa Ana con su familia pero se mudó a Lodi para hacer realidad el sueño americano de comprarse una casa.

“En mayo reuní toda la evidencia que me pidieron y se presentó mi petición de residencia a migración. El 7 de septiembre me mandaron mi permiso de trabajo. El 13 de diciembre me llegó la tarjeta de residencia por correo”, dice contento.

 

Delgado ha iniciado el proceso de petición de residencia para su esposa quien también es indocumentada. Ayudar a la madre de sus hijos y a su compañera de vida a arreglar su estatus migratorio, es uno de sus mayores anhelos.  

Delfino Delgado al lado de su esposa, y sus hijos Diego de 24 años, Selena de 20 años y Keven de 11 años nacidos en los Estados Unidos. (Araceli Martínez/La Opinión).
Delfino Delgado al lado de su esposa Amelia Toledo y sus hijos Diego de 24 años, Selena de 20 años y Keven de 11 años nacidos en los Estados Unidos. (foto suministrada).

La clave para la residencia

La abogada en migración Denise Cabrera que trabaja para la firma legal del abogado Eric Price dice que la razón principal para que pudiera obtener la residencia se debe a su entrada legal al país. “Pasó por inspección y fue admitido por el gobierno de los Estados Unidos en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles”, explica.

El segundo elemento fue su hijo Diego, ciudadano estadounidense, mayor de 21 años quien lo pudo solicitar en migración. Y obvio, dice la litigante, le ayudó que tiene un récord limpio.

“Estos fueron los factores más importantes. Fue un proceso rápido que se llevó siete meses desde que se sometió. Presentamos su paquete en mayo ante Migración y ahora en diciembre su residencia fue aprobada y sin entrevista, lo que nos ahorró tiempo; y a Delfino, muchos nervios”.

Cabrera detalla que la residencia que Delgado solicitó antes le fue negada pero eso no le impedía arreglar su estatus migratorio, y someter una nueva petición.

Hace ver que definitivamente si no hubiera tenido una entrada legal, solo con su hijo ciudadano estadounidense no hubiera podido obtener su residencia. “Él hubiera necesitado un perdón por haber entrado indocumentado. Y no hay perdón por los hijos”, expone.

¿Cuál es la lección con esta historia?

“Este caso nos enseña que si alguien les dice que no se puede, sigan buscando. Agarren segundas, terceras opiniones con abogados con experiencia para ver si de verás no hay nada que se pueda hacer. Bastantes abogados le habían dicho que no a Delfino Delgado. Pero cuando vi su caso, dije, yo lo puedo ayudar”, remarca la abogada.