La voz de la jungla

El silencio se quebró y una voz grave que salía de quién sabe dónde empezó a hablar...
La voz de la jungla
El silencio se quebró y una voz grave que salía de quién sabe dónde empezó a hablar. Getty Images

La siguiente historia empezó tal y como sucede con muchas otras historias: de un contexto pequeño fue pasando de boca en boca a muchos otros contextos pequeños hasta que se hizo muy popular; es decir, como se diría en el argot de los cibernautas: se viralizó rápidamente. Como ocurre con toda historia popular nadie sabe dónde o cómo exactamente comenzó, y cómo se desenvolvió hasta transformarse en lo que hoy es: una historia de drama, decepción, pero de gran comodidad. Personalmente, me inclino por pensar en que esta historia no es más que una ficción como tantas otras que, a veces de modo inconsciente, repetimos hasta el cansancio a tal grado que la volvemos una realidad, mejor aún: la volvemos una verdad absoluta e irrefutable, pero que si la revisamos bien a bien no tiene ningún soporte.

Todo empezó, según algunas versiones que son las que parecen más fidedignas, en una mañana lluviosa y con gran humedad que hacían que nadie se quisiera mover para no sudar en algún lugar de la selva. -Contrariamente a lo que podría pensarse de que es una historia citadina esto ocurrió en la selva-. La incomodidad que genera el sudor en la selva es agotante y por más líquido que reclama el cuerpo, el sudor y el bochorno no cejan de molestar en ningún momento, por lo que es mucho más cómodo y confortable sentarse bajo la sombra viendo las horas pasar. Esa mañana todo mundo, desde el perro hasta el dueño del perro y todos los que estaban por ahí se pusieron en alerta porque el cielo retumbó de modo extraño, con gran estrépito y por varios minutos que parecieron interminables, en cierto modo era como un presagio de que algo grande sucedería. Poco después hubo un breve silencio que pareció una eternidad debido a la grave impaciencia de no saber con exactitud lo que estaba ocurriendo.

De pronto, el silencio se quebró y una voz grave que salía de quién sabe dónde empezó a hablar. Las ramas de los árboles guardaron silencio, el viento dejó de soplar, la lluvia poco a poco fue amainando hasta convertirse en una ligera llovizna y pronto se esfumó. Incluso la humedad tuvo un ligero descenso. El perro, el dueño del perro y todos los que estaban por ahí, al principio temerosos y, poco a poco, con mayor confianza empezaron a oír una voz que inicialmente parecía incomprensible pero que paulatinamente se fue transformando en una voz firme y serena, perfectamente audible. De pronto la voz dijo:

“Aquí están ya los días en que conoceréis a ciertos individuos que están en busca del poder, los reconoceréis inmediatamente por sus actos de campaña, aunque debía mejor decir de actos de una eterna campaña”. –Supongo que se refería al proceso político-electoral que se llevaría a cabo en breve y que daría paso a un nuevo gobierno que tomaría las riendas de la selva por los próximos años-.

“En estos días eternos, continuó, se multiplicará y confundirá la caridad mediática con amor e interés por el prójimo, claro con recursos ajenos. Muchos invocarán el amor a la familia como la gran fuerza motriz de su sentido humano y que les ha permitido alcanzar el éxito. Algunos más querrán dar ejemplos de humildad viajando como cualquier otro ser humano que no tiene para un coche. Otros prometerán erradicar a los corruptos, a las mafias, sin percibir que también viven dentro de una de ellas. Claro que, advirtió la voz, habrá confusión y enojo entre los habitantes de la selva, algunos más se burlarán y descalificarán todo lo que se haga y diga. Pero no creo que pase a mayores, vaticinaba la voz. Todos, dentro de los que buscan el poder, entre sí se acusarán de corruptos y ladrones pretendiendo así ignorar su ídem circunstancia, el objetivo sólo es distraer la atención respecto de los verdaderos problemas de la selva”.

El perro y el dueño del perro sólo se veían. Así también los que estaban alrededor de ellos. Ni uno hablaba ni el otro ladraba. La voz poco a poco fue palideciendo hasta convertirse en simple sollozo que apenas murmuraba:

“Lo verdaderamente lamentable es que dentro de todo este maremágnum, al final, con tanta descalificación, lo único que sucederá es que habrá mayor confusión, muchos no sabrán a quién creer, sin embargo algunos seguirán a estos individuos, -ya que de una u otra forma alguna recompensa les espera-, serán los suficientes para ganar y todo, absolutamente todo, independientemente del nombre del ganador, dentro de su aparente transformación, seguirá exactamente igual”.

Hasta aquí llegó la voz de esta historia que insisto es sólo ficción. Si alguno cree que refleja algún hecho particular es muy libre de así pensarlo. La historia completa terminó cuando de pronto recomenzó la lluvia, la humedad volvió a sus niveles acostumbrados y todos volvieron a su rutinaria actividad –desde el perro hasta el dueño de él y todos los que estaban por ahí.