Inmigrante mexicano a la espera de un corazón que le salve la vida

Le levanta el ánimo a toda su familia después de que se lo habían negado por ser indocumentado, ahora puede pasar en cualquier día y hora
Inmigrante mexicano a la espera de un corazón que le salve la vida
Después de vencer muchas barreras debido a su condición migratoria, José Robles se encuentra a la espera de un corazón en el hospital Cedars-Sinai de Beverly Hills. (Araceli Martínez/La Opinión).

La vida del inmigrante mexicano José Ernesto Robles Yépiz depende de un trasplante de corazón que espera ansioso pero ilusionado en una cama del Centro Médico Cedars-Sinai de Los Ángeles.

La noticia de que sin importar su estatus migratorio logró colocarse en los primeros lugares de las listas para recibir un trasplante de corazón por la gravedad de su estado de salud, le devolvió la sonrisa y la esperanza.

“Luego luego me ilusioné. Estoy seguro que me van a ayudar. Aquí estoy. Todo ha sido muy bueno. Se han portado muy bien conmigo en este hospital y estoy contando los días para el trasplante”, dice José Ernesto Robles Yépiz.

En enero pasado, el mundo se le desplomó cuando le dijeron que no le podían hacer el trasplante por ser inmigrante indocumentado. “¡Me dieron en la torre! Me preocupe mucho, dije qué voy hacer. Pensé en mi familia, mis hijos, y qué solución iba a encontrar. Fue algo muy feo”, recuerda.

José Eernesto Robles Yépiz cuenta las horas para recibir un trasplante de corazón que le permita regresar al lado de su familia y volver a trabajar. (Araceli Martínez/La Opinión).
Cansado en su cama de hospital, José Ernesto Robles Yépiz cuenta las horas para recibir un trasplante de corazón que le permita regresar al lado de su familia y volver a trabajar. (Araceli Martínez/La Opinión).

Robles Yépiz de 42 años de edad nació en Ciudad Obregón,  México. A los 14 años, sus padres lo trajeron a Los Ángeles. Creció en La Puente. Está casado con Lourdes Robles con quien tiene tres hijos Jasmine de 17 años, José Ernesto de 14  y Aiden de cuatro, nacidos en Estados Unidos.

Hace tres años, comenzó a sentirse mal, sin fuerzas. “No podía hacer casi nada. Yo pensé que era por mi edad, que ya me estaba poniendo viejo”, dice. Se ganaba la vida como instalador de estantes en tiendas comerciales, trabajó hasta que su deteriorado corazón se lo permitió.

En 2016, le pusieron un marcapasos que no le funcionó. Comenzó a entrar y salir del hospital. En el verano de 2017, le diagnosticaron que su corazón funcionaba al 20%.

Este año fue internado de emergencia el 5 de enero; días después, los médicos le dijeron que le quedaban semanas de vida y que lo único que lo podía salvar era un trasplante de corazón. Pero varios hospitales del condado de Los Ángeles le negaron el trasplante por su estatus migratorio como indocumentado, y lo mandaron a su casa.

Al agravarse de nuevo, regresó al Centro Médico Harbor-UCLA en Torrance . “Yo le supliqué al doctor, un cardiólogo de alto nivel, Joseph Thomas que me ayudara. Fue él quien consiguió que me trasladaran al hospital Cedars-Sinai para hacer el transplante de corazón”,  dice.

Pero antes de llegar a Cedars-Sinai ya había sufrido seis infartos y puesto en diálisis porque uno de sus riñones ya no le estaba funcionando.

El 24 de febrero, el inmigrante fue admitido en Cedars-Sinai y puesto en una lista de prioridad. “Lo evaluaron exhaustivamente. Le encontraron coágulos que no tenían, retención de líquidos. Y el doctor dice que está delicado pero no está grave”, explicó su hermana Lupita Romero quien ha movido mar y tierra en busca de que le hagan el transplante de corazón a su hermano.

Robles Yépiz dice que los doctores le explicaron que el fallo en el corazón se debe a que en su niñez adquirió una infección en el corazón producto de alguna picadura de un insecto parecido al escarabajo que vive en lugares con climas muy calientes como Sonora, México donde él nació y vivió hasta los 14 años. “Mi caso está siendo estudiado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC)”, dice.

José Robles Yépiz antes de enfermar. No logró beneficiarse de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) porque sobrepasó el requisito de 31 años de edad. (Foto suministrada).

Y agrega que los doctores le han dicho que el día del trasplante del corazón le harán también el trasplante de riñón. “Puede ser cualquier día, cualquier hora. Estoy esperando”, dice.

Mientras mira a través de un gran ventanal de su cuarto de hospital, donde dice le gustan mucho mirar la luz del día, confiesa que se preocupa pensando cómo le va a hacer para pagar los medicamentos que va a requerir después de la cirugía.

Su familia ha abierto una cuenta en el sitio GoFundme para recabar fondos para los gastos de medicinas y tratamiento postoperatorio.

“Sus gastos en el hospital son pagados con el MediCal”, dice su hermana Lupita Romero quien confiesa que saber que su hermano está en un buen hospital, les ha devuelto las esperanzas. “Ha sido muy difícil pero estamos muy agradecidos con el hospital porque aún sin que mi hermano tenga papeles le han dado la oportunidad de un corazón”, sostiene.

“Nos han dado un 95% de probabilidades de éxito al hacerse el transplante”, completa Romero.

Su esposa Lourdes Robles no puede trabajar. “Tenemos tres niños. La vida se detuvo con la enfermedad de mi esposo. Quisiera partirme en dos para estar en el hospital con él; y a la vez para atender a mis hijos en la casa”, confía.

El abogado en migración Alex Gálvez habla con Lupita Romero y con Lourdes Robles, familiares de José Robles sobre la solicitud de alivio migratorio(Araceli Martínez/La Opinión).

Proceso de migración

Sin cobro alguno, de manera voluntaria, el abogado en migración Alex Gálvez tomó el caso de José Robles Yépiz quien lleva casi 30 años indocumentado en el país.

“Solicitamos su residencia en base a que tiene tres hijos nacidos en el país, y su separación dada su condición de salud, crearía un sufrimiento excepcional y extremo inusual en la familia”, explica Gálvez.

“Hemos pedido un alivio migratorio que le daría la residencia y que puede resolverse en seis u ocho meses pero puede durar hasta tres años”, explica.

Este alivio migratorio se conoce como cancelación de la deportación 42B, que otorga la residencia permanente a las personas indocumentadas, cuando tienen un hijo menor de 21 años, un cónyuge, padres o padrastros o madrastras que son ciudadanos o residentes estadounidenses y que están enfermos severamente.

“En este caso, es al revés, los hijos ciudadanos necesitan cuidar del padre enfermo indocumentado, y también van a sufrir mucho sobre todo si es deportado “, precisa.

Amplia diciendo que normalmente este alivio se da cuando los hijos residentes o ciudadanos estadounidenses están gravemente enfermos y ellos van a sufrir si deportan a los papás. “En esta situación con José, los hijos van a sufrir al grado tal que sería como si ellos estuvieran enfermos. Por eso es que se justifica solicitar este alivio migratorio”, añade.

“Se trata de una excepción que se permiten en casos extremos. Por eso es recomendable que si alguien se encuentra en una situación similar consulte a un abogado de migración”, enfatiza Gálvez.

Sally Stewart, portavoz del hospital Cedars-Sinai dijo que no podían comentar sobre el caso debido a leyes estatales y federales sobre privacidad.