414 formas de decir adiós a México desde la garita de San Ysidro

Los vendedores ambulantes en busca de unos cuantos dólares
414 formas de decir adiós a México desde la garita de San Ysidro
Imágenes y bustos religosos, entre los productos más comprados por quienes dejan México por San Ysidro.

TIJUANA.- La mujer mira de reojo al burrito. No ha desayunado, pero duda entre comprar éste que cuesta $1.5 dólares o un vaso de pepinos que cuesta cuatro, o sea, mucho más que en el mercado de verduras, aunque está consciente que no está allá sino aquí: en una larga fila que promete atorarla dos horas antes de cruzar a Estados Unidos por la garita de San Ysidro.

“Démelo, pues’’, dice. “Un burrito de mole’’.

Los carros empiezan a avanzar más rápido y ella tiene que seguirlos. Avanza varios metros mientras y el ambulante, que no alcanzó a darle el burrito, corre detrás de ella bajo el sol para alcanzarla entre otros cientos de comerciantes que se buscan a diario la vida en esta frontera entre California y EEUU.

El Ayuntamiento de Tijuana renovó este año el permiso para venta ambulante en  San Ysidro a 600 personas, aunque no todos salen a diario a vender, de hecho, algunos de ellos calculan que el flujo debe ser de unos “400 o 414’’.

Vendedor de elotes.
Vendedor de elotes.

El año pasado, las autoridades intentaron quitarlos porque entre el merequetengue comercial se colaban ladrones que aprovechaban la lentitud de las colas para asaltar a los  automovilistas: mientras conducían con las ventanas abiertas pasaban corriendo y arrebataban  lo que podían, generalmente alhajas.

Pero ante la presión del desempleo, volvió a autorizarlos con la condición de que tomaran cursos de capacitación turística aunque la apuesta de los vendedores está más enfocada en los que se van que en los llegan, más para hambrientos que quieren llegar a tiempo a California o para los nostálgicos que no piensan volver pronto.

Para ambos perfiles, que suman diariamente 70,000 vehículos y 20,000 peatones que esperan su turno de cruce en alguna de las 32 líneas de acceso,  los ambulantes tienen ofertas.

Tienen tacos, burritos, tamales, tortas, gorditas de nata, sopas Maruchan, helados, sandía, papaya, jícama, mazapanes, chicles, papalotes, guitarras, bolsas, santos en bustos, vírgenes en cuadros y hasta la cerveza de maíz de algunos dioses prehispánicos mejor conocida como Tejuino.

Un vendedor de burritos en la frontera.
Un vendedor de burritos en la frontera.

El vendedor de burritos  al fin alcanzó a la mujer en ayunas. En cuanto ella le paga 20 pesos la aborda Julián Hernández, un muchachito de 16 años oriundo de Tlaxcala que emigró especialmente a Tijuana —dice que nunca tuvo la intensión de llegar a Estados Unidos— porque alguien de su pueblo le dijo que si le gustaba el ambulataje lo mejor es plantarse cerca de San Ysidro.

Así que está cumpliendo su jovial sueño aunque tenga que trabajar de 10:00 de la mañana a 10:00 de la noche. “Nadie se escapa de las 12 horas de jornada’’, cuenta sonriente: aún no le pasa la factura el día a día de vender 50 paquetitos de esquites (elote desgranado y preparado con chile, epazote, mayonesa y limón) hasta acumular años como sus colegas.

En un abrir y cerrar de ojos, Felipe Mejía, oriundo de Querétaro, suma cuatro años desde su deportación y la venta de sombrer0s, sarapes tricolores y playeras grabados con motivos mexicanos para los que se quieran llevar al país en el corazón o estampados con el logo de los Dodgers para cambiarse al modo americano. “Uno que otro gringo lo compra, pero principalmente son de aquí quienes se los llevan’’, dice.

Julian Hernández, oriundo de Tlaxacala, es uno de los cientos de vendedores que deambulan en la frontera de San Ysidro.
Julian Hernández, oriundo de Tlaxacala, es uno de los cientos de vendedores que deambulan en la frontera de San Ysidro.

Un haitiano pasa resollando con fuerza. Lleva  una caja de dulces pegada al pecho. Ellos también tienen permiso de trabajo desde que el gobierno mexicano les dio asilo cuando EEUU les canceló el permiso de protección migratoria a la que pensaban acogerse y se quedaron por miles varados en Baja California

Más cercano a la caseta donde los oficiales de ICE revisan documentos de ingreso, se encuentra Jesús Sandoval, subcontratado por un patrón que logró el permiso para vender burritos en un carricoche de 7:00 a 7:00. El muchacho espera que le griten para el pedido y, en tanto, mira pasar la vida.

“Aquí se ve de todo: peleas de marido y mujer, a los gringos entrar y salir  malhumorados con sus perros… el otro día hubo una amenaza de bombas y esto fue un desastre, pararon a todos, la gente silbaba (con el claxon)’’.

Aquel día, Jesús Benítez, de 52 años, tuvo que parar la venta de bustos y cuadros de cristos y crucifixiones a pesar de que que la compra iba viento en popa debido a la temporada de Semana Santa. “Fue un mal día, pero no me quejo, siempre vendo aunque sea algo: la gente que se va siempre quiere llevarse cosas de México y entre esas cosas primero la fe’’.