Editorial: Racismo en EEUU

Hay que trabajar para derrotar ese odio siempre presente
Editorial: Racismo en EEUU
Activistas han aumentado las protestas contra el racismo.
Foto: ERIC BARADAT/AFP/Getty Images

l racismo es la cruz que le toca llevar a Estados Unidos. Es una enfermedad que se cultivó por demasiado tiempo a través de la esclavitud y la segregación racial. Es pasado, presente y futuro.

Los afroamericanos mayores de 61 años de edad recuerdan que fueron obligados en el sur a comer, viajar y vivir en un mundo por debajo del de los blancos, por ser considerados inferiores.

Habrá entre ellos quienes perdieron a sus padres linchados en medio de una multitud que sonríe ante el cuerpo colgado, posando para una foto de lo que será una tarjeta postal. Las cicatrices están frescas.

Algunos discriminadores y discriminados están vivos. Todos de alguna manera pasaron su experiencia a la generación siguiente. Los descendientes de los primeros dicen que no tienen nada que ver con la responsabilidad de su ancestros, mientras que los segundos mantienen un agravio porque todavía viven con las consecuencias del ayer.

La destrucción del racismo institucionalizado comenzó con un fallo judicial, para seguir

con leyes importantes.

El propósito es elevar a todos a un mismo nivel de oportunidades para lograr una vida de satisfacción personal y profesional. En el siglo 21 esto no debería disputarse, pero ¿cuántas propuestas indican lo contrario? Este es un tipo de racismo profundo, implícito y explícito.

El otro es el racismo nuestro de cada día, que se manifiesta en el momento menos esperado. Ese mismo que hay trabajar tomando conciencia para derrotar a ese odio siempre presente.

El incidente en el Starbucks en Pensilvania es solamente una muestra.

Allí, dos afroamericanos esperan a otra persona, sin consumir. La gerenta les pide que se vayan. Ellos se niegan. Ella llama la policía. Los agentes ordenan irse a los individuos. Ellos no quieren hacerlo. Aunque llega la persona a la que estaban esperando, los dos son llevados como detenidos por varias horas.

¿Si los individuos fueran blancos recibirán el mismo trato?

Es muy probable que no. Se puede pensar que la gerenta asoció el color de piel con vagancia, con gente sospechosa. Para ella el vaso de la amenaza estaba medio lleno en vez de medio vacío. Su reacción racista puso en movimiento una interacción cargada de historia y de prejuicios.

El racismo de la desconfianza y miedo porque el color de piel es distinto. Ese que se asume que una persona merece un maltrato tan solo por su raza.

Los latinos saben lo que es estar en ambos lados. Sentir la discriminación por ser más oscuro en Estados Unidos, y ser racistas -a veces justificando que es solo un tema de clase- en su país con el indígena y con quien tiene ancestros africanos.

El racismo es una peste que se refuerza en tiempos como estos, cuando políticamente se la cobija desde arriba.

El combate es múltiple. Es contra la aceptación como consecuencia de leyes, contra la expresión justificada por la frustración y contra ese monstruo que asoma su cabeza en el diario vivir.

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