Editorial: La lucha laboral

Esta Administración ha eliminado medidas que antes amparaban a los trabajadores
Editorial: La lucha laboral
Trabajadores marchan el 1 de Mayo en Los Ángeles.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinion

El Día del Trabajo se celebra el primer lunes de septiembre en Estados Unidos, cuando el Día del Trabajador se conmemora el primero de mayo en todo el mundo. Los dos se originan en hechos ocurridos en nuestro país. La diferencia es entre una visión idealizada y una tensa relación laboral histórica.

Es una situación que ha ido empeorando desde el declive del sindicalismo a partir de la década de los ochentas hasta la Administración Trump. La Casa Blanca en su afán desregulatorio está eliminando protecciones en varios aspectos de la seguridad laboral.

Trump fue electo por un sector trabajador blanco que creyó en su mensaje populista. El atractivo fue la creación de empleos en un ambiente nacionalista de “Primero América”. Lo que no dijo Trump es que la ayuda al sector corporativo iba a ser a costa de los trabajadores.

La Casa Blanca eliminó normas establecidas por el expresidente Obama y cambió la posición del gobierno en demandas judiciales.

Ahora la posición del Gobierno es favorable a las empresas que quieren negar a sus trabajadores el acceso a los tribunales en vez del proceso de arbitración que suele beneficiar al sector privado. La administración anterior había defendido el derecho de los empleados de presentar su caso ante un juez imparcial.

La preocupación federal por los accidentes laborales pasó a segundo plano. Los reportes de infracciones, violaciones y muertes en el trabajo perdieron relevancia para la Administración de Salud y Seguridad Laboral (OSHA). Las normas de protección ante la contaminación tóxica se diluyeron.

Se eliminaron las reglas para exigir la transparencia del empleador en campañas sindicales, impedir que el empleado sea categorizado fácilmente como “contratista independiente”, para excluir a millones de personas de la compensación adicional.

Es irónico que en el siglo 21 se quiera justificar el trabajo de un asalariado por encima de las ocho horas diarias sin un compensación adicional. En mayo de 1866 una protesta laboral en Chicago por la jornada laboral de ocho horas llevó a una matanza a manos de la policía. Ese es el origen del Primero de Mayo.

El expresidente Grover Cleveland prefirió asociar la celebración al trabajo con una marcha pacífica y no con un enfrentamiento sangriento. Es más adecuado para el picnic y marcar el fin del otoño.

Es el inmigrante quien recordó ayer la reivindicación laboral en esta fecha. Es una tradición y una necesidad actual, como revalorar el trabajo.

El trabajador quedó atrás en la estructura económica. El empleado es hoy un costo que hay que abaratar para aumentar el margen de ganancia del accionista. Se ve en la abismal diferencia de riqueza y de ingresos, en una política impositiva que castiga al asalariado y en la inestabilidad laboral.

Cambiar este paradigma es una necesidad de dignidad humana y financiera para el largo plazo del sistema económico estadounidense.

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