La nueva embajada de EEUU en Jerusalén quedó convertida en una fortaleza

Se ha reforzado la vigilancia tanto en Jerusalén como en la Franja de Gaza, ante protestas de palestinos
La nueva embajada de EEUU en Jerusalén quedó convertida en una fortaleza
Este rótulo en inglés, hebreo y árabe apunta hacia la nueva embajada de EEUU en Jerusalén, que cumple con una promesa electoral del presidente Donald Trump. Foto: María Peña/Impremedia

(Enviada Especial) JERUSALÉN – La nueva embajada de EEUU en Jerusalén quedó convertida este fin de semana en una verdadera fortaleza en víspera de su histórica apertura oficial y en medio de un amplio contingente de seguridad debido a protestas de decenas de miles de palestinos tanto en la ciudad como en la Franja de Gaza.

Aunque por el momento la embajada funcionará de forma provisional y con un equipo esquelético a la espera de un sitio permanente, su apertura oficial mañana, con la participación de cerca de 800 personas, obligó a las autoridades de Israel y EEUU a reforzar las medidas de seguridad en un amplio perímetro.

La ceremonia para la apertura oficial de la embajada de EEUU en Jerusalén ha provocado protestas dentro y fuera de Israel. Foto: María Peña/Impremedia

El acto oficial en sí, con fuerte carga simbólica, constará de la presentación de una placa con el nombre de la embajada en el edificio que desde 2010 alberga al consulado de Estados Unidos en el barrio de Arnona. El edificio está situado justo en la línea que divide a la ciudad entre este y oeste.

Poco después de que el presidente Donald Trump anunciara en diciembre pasado su decisión unilateral de trasladar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén –una promesa que hizo durante la contienda de 2016- , el “Museo de los Amigos de Sion” mandó a colocar en toda la ciudad más de 150 letreros elogiando al mandatario estadounidense, incluyendo uno con el mensaje: “Trump, haz que Israel sea grande de nuevo” (“Make Israel Great Again”).

A 50 millas de la embajada, en la Franja de Gaza, decenas de miles de palestinos llevarán a cabo la denominada “marcha del retorno” -y amenazan con cruzar la valla de seguridad-,  para conmemorar el próximo aniversario del “Nakba”, que recuerda su desplazamiento tras la ocupación israelí en 1948.

La ceremonia de mañana lunes contará con la participación de una delegación estadounidense encabezada por el subsecretario de Estado, John Sullivan, y el embajador israelí, David Friedman, y que incluirá al secretario del Tesoro, Steven Mnuchin,  la hija de Trump, Ivanka, y el esposo de ésta, Jared Kushner.  Se prevé que Trump envíe un mensaje por videoconferencia, en un acto que tampoco contará con la presencia de decenas de embajadores de países europeos, que condenaron el traslado.

El acto coincidirá con una semana de alta sensibilidad para los israelíes: las calles se volvieron impasables hoy con la celebración del “Día de Jerusalén”, días antes también del inicio del “Ramadán” y del aniversario del “Nakba”, o “catástrofe”.

El Ejército israelí desplegará a más soldados de las brigadas de infantería en las áreas próximas a la Franja de Gaza y Cisjordania para evitar brotes de violencia mientras, en paralelo, la policía pondrá en marcha un plan de seguridad en la parte Este de Jerusalén.

En declaraciones a este diario, un portavoz de la Policía Nacional de Jerusalén, Micky Rosenfeld, explicó hoy que los preparativos comenzaron hace tres meses, en estrecha coordinación con agentes de seguridad de EEUU, e implicará a más de mil agentes de policía.

“Es un evento muy significativo a nivel político y gubernamental y, desde luego, desde el punto de vista de seguridad en un amplio perímetro, para evitar incidentes de violencia o protestas ilegales en los vecindarios aledaños”, enfatizó Rosenfeld.

Las autoridades extremarán las medidas de seguridad de cara a una protesta multitudinaria que se llevará a cabo a unos 200 metros de la nueva embajada, y han colocado cámaras de vigilancia en todo el perímetro.

“Israel es un país democrático que permite protestas pacíficas, sean a favor o en contra de la apertura de la embajada americana. Nuestras unidas policiales harán patrullajes y responderán a cualquier incidente… cualquier persona que provoque problemas de seguridad será expulsada del área, y sometida a interrogatorio o detención si es necesario, dependiendo de si presentan una amenaza”, advirtió Rosenfeld.

Quienes abogan por una solución de dos estados en coexistencia pacífica aseguran que la decisión de Trump echará por la borda cualquier avance hacia un acuerdo de paz.

Es que los palestinos ven la parte oriental de Jerusalén como la eventual capital del Estado palestino que surja de un acuerdo semejante.  Con las protestas que han realizado en la Franja de Gaza desde el mes pasado reclaman su derecho a regresar a ancestrales tierras que ahora conforman Israel y que consideran suyas.

El viernes pasado, funcionarios de alto rango de la Administración Trump instaron a los palestinos a que acepten la nueva realidad y no una “fantasía”, y aseguraron que el traslado de la embajada no prejuzga el estatus final de la ciudad y el contencioso por sus fronteras.

El Departamento de Estado ha reiterado la postura oficial de que el traslado en realidad es una “condición necesaria” para facilitar un acuerdo de paz duradero.

Durante un encuentro con la prensa extranjera, organizado por el grupo “Fuente Latina”, el exdiplomático José Benarroch afirmó hoy que el traslado de la embajada pone fin al “desierto diplomático” que ha imperado en la ciudad y alentará a al menos una decena de países a seguir los pasos del gobierno de Washington. Guatemala y Paraguay también lo harán este mes.

Benarroch minimizó las críticas de que el traslado provocará una escalada de las tensiones, e insistió en que Israel “quiere vivir en paz” con sus vecinos palestinos.

“Cuando se pregunta si esto no da lugar a una desestabilización, tenemos que ver cómo estaba la situación antes y no había estabilización antes”,  en medio de tantas guerras y grupos extremistas armados y, en todo caso,  lo que habrá es una “continuidad”  de la situación anterior, argumentó Benarroch.

En 1995, el Congreso de EEUU aprobó una ley autorizando el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, pero desde entonces cada presidente, desde Bill Clinton, pasando por George W. Bush y Barack Obama, usaron su autoridad ejecutiva para postergarlo para no entorpecer la posibilidad de un acuerdo de paz entre palestinos e israelíes.

Trump ha calificado esa precaución como una “falta de valor” por parte de sus antecesores, y ahora en las calles de Jerusalén muchos líderes israelíes y ciudadanos de a pie lo trataban como un héroe.