“Mi hermano y socio se auto deportó y realmente lo extraño”

Una amistad de años, un negocio en común, una relación casi familiar. Hasta que Trump se eligió presidente y el mexicano le dijo al estadounidense: me regreso a México.
“Mi hermano y socio se auto deportó y realmente lo extraño”
Marque y José, amigos y socios, ahora separados por la auto deportación del mexicano (Foto: proporcionada por Marque Jensen)

Marque Jensen, un estadounidense de nacimiento y el mexicano José, se habían hecho mejores amigos en 2008, tras conocerse en Minnesota.

No habían pasado dos años, cuando comenzaron una compañía de construcción juntos. En realidad fue José el que la inició y convenció al estadounidense.  Llamaron a la empresa “Minne-Mex Construction”, una combinación de Minnessota y Mexico, unida por su amistad.

Pero el año pasado, José decidió auto deportarse de regreso a su país, temeroso de que lo arrestaran para hacer cumplir una orden de deportación pendiente.

“Mi “hermano” y socio de trabajo regresó a México la primavera pasada, ante el miedo de arresto y deportación”, contó Marque Jensen a La Opinión en un email. “He tenido que llevar yo solo la empresa y realmente lo extraño”.

Todo comenzó después de la elección de Donald Trump. José, un mexicano de 33 años que ha vivido en Estados Unidos sin papeles desde los 16,  le dijo a su mejor amigo y socio que estaba pensando en irse de regreso a México.

“El realmente estaba muy nervioso”, cuenta Marque (se pronuncia como “Mark”). “Tenía una orden de deportación desde 2002 o 2003, fue a la cárcel por algo menor en Atlanta y luego ya nunca más tuvo problemas. Pero si una cosa él quería evitar, era volver a estar encerrado”.

En la primavera de 2017, después de dudarlo mucho, José decidió irse y cuando regresó a México, a un pueblito cerca de Acapulco, Marque y otros dos amigos, lo acompañaron por carretera con una “troca” de la empresa.

En algunos momentos de la historia, Mark se rompe y solloza. Calla por un buen rato. Luego habla de nuevo:  “José tenía muchos amigos aquí. Somos muchos los que estamos pasando el duelo de su partida”.

José y Marque frente a una de las casas que remodelaron con su empresa Minne-Mex (Foto: Minne-Mex)

José es joven, no tiene esposa ni hijos, pero la familia de Marque es como su familia.  El era el “tío” postizo de sus hijos. El día que José se auto-deportó, la hija de Marque vino con su esposo a despedirse.

“Ella le dio un gran abrazo”, recuerda. “Mi hijo y su esposa también son muy cercanos a José. De hecho ella trabajar en temas de inmigración y habla español. Mi otro hijo vive en Colorado y quiere que los dos vayamos a México a visitar a José de nuevo”.

La página de Facebook de su empresa aún tiene como foto principal una de los dos amigos: José, de tez morena, pelo y barba negras, facciones aztecas.  Marque, el “guero”, piel muy blanca y pelo y barbas grises, ya que él es algunos años mayor que  el mexicano.

Marque también habla español, una habilidad que no es común entre los “gueros” de Minnesota. Durante la entrevista, en un momento dado cambia al español, con su fuerte acento “gringo” pero con total claridad.

“Nunca tomé clases, aprendí con mis amigos“, explica. Dice que los otros amigos mexicanos, que son la mayoría de los obreros de la empresa y los que hacen construcción en Minesota, lo llaman Gregorio, el blanco-mexicano.

“Cuando me preguntan de dónde soy les digo que “norteño”, se ríe.

La situación de tantos inmigrantes como José hace reflexionar a Marque. El estadounidense de pura cepa cree que muchos de sus compatriotas no tienen una idea clara de quienes son los indocumentados.

“Ellos no se dan cuenta que los indocumentados son gente con la que interactúan todos los días”, comenta. “Creen que un “extranjero ilegal” como ellos les dicen, son vendedores de droga con cara de peligroso que están parados en las esquinas”.

“Sin embargo, los indocumentados son, en su mayoría, como este muchacho que está construyendo el techo de tu casa y cuyos hijos juegan con los tuyos”, apunta.

José, entretanto, está construyendo su casa en el pueblo cerca de Acapulco. Marque le manda dinero que le corresponde por la empresa y habla con él a menudo, siempre planeando la próxima visita.

Hace poco, el “gringo” se encontró con otro que es republicano. “No sé si votó por Trump, pero sé que tiene ideas parecidas. El conocía a José y también era su amigo”.

Un día, después que Marque regresó de México de llevar a José, se encontró a su amigo el conservador. Cuando este supo que José se había ido, le dijo que no entendía por qué. “No tenía que irse, podía haberse arreglado ¿no?”, le dijo.

Marque le respondió alterado.

“No me vengas ahora con que esto tenía arreglo. Es más, ni me hables. Esto es lo que ustedes querían no? Pues vete de mi vista”, le espetó.

El amigo conservador volvió poco después a pedir perdón. “Lo siento, estaba equivocado”, le dijo.

Los amigos trabajaron juntos en su empresa de construcción durante muchos años (Foto: Minne-Mex)

Marque, entretanto, sigue solo manejando la empresa que su amigo y él fundaron con el nombre de sus regiones de origen. Minne-Mex Construction.

José aún es el dueño principal de la empresa, con 51% de la propiedad. Ambos están planeando comprar un terreno en México y hacer un resort típico, orientado a estadounidenses que busquen una vacación más auténtica y que el dinero se quede en el país, no en compañías transnacionales.

“Gregorio” el gringo blanco, perdió a un amigo y socio, pero el lazo entre ambos difícilmente podrá romperse.

(Esta nota es parte de una serie sobre ciudadanos afectados por la política migratoria de Estados Unidos)