Cuanta más ortografía, peor escritura

Las tildes o acentos escritos son un peso muerto para el idioma
Cuanta más ortografía, peor escritura

La Real Academia Española de la Lengua (RAE) y asociados se preocupan demasiado por la unidad del idioma. Menos, o nada, por velar por su utilidad. Concretamente, las tildes o acentos escritos son un peso muerto para el idioma.

En un anuncio de una compañía de TV por cable, y para remarcar lo genuinamente latino que es el “futbol”, se abomina de la palabra soccer. Ocurre en una escena ambientada con colores y sombrero mexicanos. Perplejos nos deja en este contexto que se promocione que “futbol” es “con acento sobre la ú”: fútbol. Porque en México no es así.

Mexicanos y centroamericanos, que son los destinatarios del comercial, se ven obligados a tener que ignorar la tilde si quieren ser coherentes con su español. ¿Y eso es un gran problema? No lo parece, pero manda el mensaje de que los acentos son prescindibles ya que se puede optar por no hacerles caso.

Si no se escribieran tildes, cada hablante haría la lectura que mejor se adaptase a su variedad de español, que es como hacen, por ejemplo, los hablantes de inglés, que si ven either pueden unos pronunciar “ider” y otros “aider”. Si tuviéramos “futbol” en un mundo sin tildes, unos leerían “fútbol” y otros “futbol”, como en México. Escribir lo que no se dice es una pésima inversión educativa.

La tecnología de bolsillo se vuelve torpe con las tildes pues no solo hay casos que no resuelve, sino que al mensajista o texteador lo inunda con problemas que no tenía antes de ponerse a escribir. Por ejemplo, cada vez que se quiere decir “que te vaya bien”, el corrector te lo estropea con un “qué” con tilde.

Cuando se creía que el automatismo simplificaría nuestra vida resulta que viene a complicárnosla como ni habíamos imaginado. Es inadmisible que para cuando en inglés se ha concluido el envío de un mensaje, en español todavía se esté enredado en si un “donde” lleva o no lleva acento. Aparte de la inseguridad que gratuitamente le genera al que escribe. ¿Por qué tenemos que explícitamente analizar por escrito el “donde” de “no sé dónde vives” en contraste con el de “no conozco la casa donde vives”, uno con tilde y otro sin? Lo fascinante, y que apoya nuestro llamado de atención, es que todo el mundo al leer las dos frases sabe exactamente lo que dicen, con o sin tildes.

La acentuación escrita perjudica nuestra manera de hacer negocios al distraernos de lo esencial, que es hacerlos. Acabaremos comerciando en inglés si no se dinamiza la escritura. ¿Por qué tener que ser conscientes del análisis de lo que escribimos si no hay tal necesidad al hablar? Es fomentar nuestra incompetencia.

Luis Silva-Villar, profesor de Lengua y Lingüística
lenguaporoficio@gmail.com

Alrededor de la web