‘Sentí mucho miedo por no saber cuándo iba a estar con mi mamá’

Jóvenes que vivieron la separación de sus padres cuentan su experiencia y dicen sentirse indignados de ver a niños encerrados en jaulas; exigen reunificación de familias

José Montés aún tiene fresco en la memoria el recuerdo de la separación de su madre hace 18 años cuando juntos cruzaron la frontera sur.

“Por una noche estuvimos separados. Yo tenía cinco años. Pero recuerdo que casi no dormí. El cuarto donde me pusieron los de la Migra era muy blanco, frío. Sentí mucho miedo sobre todo por no saber cuándo iba a estar con mi mamá”, dice.

Este joven, hoy de 23 años y beneficiado de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), se unió hoy a las decenas de angelinos que hicieron una manifestación afuera del Centro de Detención Metropolitan del Servicio de Migración y Aduanas (ICE) en Los Ángeles, en protesta por los miles de niños, hijos de inmigrantes en busca de asilo político que han sido separados de sus padres al cruzar la frontera.

“Esa separación es algo muy traumatizante. Por un tiempo, traté de no ver las imágenes de los niños enjaulados hasta que empezaron a ponerlas en las redes sociales y ya no lo pude evitar”, afirma.

José Montes fue un niño separado de sus padres cuando cruzó la frontera en su infancia. (Araceli Martínez/LaOpinión).

Montes, quien llegó a los Estados Unidos en 2000 y sabe en carne propia lo que significa la separación de los padres por parte de las autoridades de migración, urgió al gobierno de Trump a dejar de jugar a la política y no usar a los niños como prisioneros políticos.

“Los están separando para [que la Administración pueda] conseguir lo que quiere”, se lamentó.

Los líderes y los inmigrantes que participaron en la manifestación y marcha demandaron al gobierno y a los congresistas poner a los niños por encima de la política, terminar la separación familiar y dejar de mantener bajo las rejas a los menores y a sus padres.

Separado por los coyotes

Edgar González, miembro de la organización Children over Politics y quien fue separado de su madre y hermana menor a los 9 años de edad por los coyotes, dice que el impacto fue muy fuerte.

“No pude verlas durante tres días. No sabía si ellas iban a cruzar o me iba a mandar de regreso”, recuerda.

González cuenta que le dieron ganas de llorar y mucho coraje al ver a los menores ser separados de sus padres que huyen de la violencia y la pobreza, y puestos en jaulas.

“Yo no crecí con mis padres y sé lo que es no tenerlos. Ojalá un día no me deporten. Me volvería loco si me separan de mi hija”, confiesa.

A Edgar González, miembro de la organización Children over Politics, el incremento en las separaciones de niños y padres por parte de ICE, revivió los momentos en los que él fue separado cuando era niño. (Araceli Martínez/La Opinión).

Y urge a los políticos a no mostrar su apoyo para las familias separadas con un simple tweet o una publicación en Facebook. “Queremos que pasen legislación que ayude a nuestras familias y que paren de deportar niños”, subraya.

“El trabajo de la gente de migración no es torturar niños. Están separando familias que no son criminales sino familias que solo quieren trabajar. Yo soy graduado del Colegio Comunitario de Santa Mónica. Tengo dos trabajos. La economía de este país necesita inmigrantes para salir adelante”, opina.

Es lo peor

Carolina Morán es una inmigrante mexicana que se unió a la manifestación contra la separación de familias, cargando en brazos a su nieto Adrián, de 3 s años.

“Yo vine hace 15 años de México a este país. Me siento muy triste. La separación de padres e hijos es lo peor que nos puede pasar a quienes llegamos a este país en busca de una mejor vida”, expresa.

Carolina Morán con su nieto Adrián de tres años. (Araceli Martínez/La Opinión).

“Yo pasé la frontera con mis dos hijos de 12 y 7 años”, recuerda.

Y añade que debe ser muy terrible la separación. “¿Para qué los dejan entrar? ¿Para separarlo y hacerles pasar todo este sufrimiento? ”, cuestiona.

Asevera que los niños, hijos de los refugiados son seres humanos.

“Son nuestros hijos. Les pido a los políticos un poco de compasión. Reunifiquen a esos menores con sus padres. Ya se firmó la orden para evitar la separación. Pero cómo va a funcionar, cuál es el paso a seguir, cuánto tiempo va a pasar para que se haga realidad”, pregunta.

A pesar de la firma de una orden ejecutiva para poner fin a la decisión de la administración de separar a los niños de sus padres, podría tomarse semanas la reunificación, dijeron los organizadores de la marcha. Mientras tanto, deploran que los padres y sus hijos permanezcan bajo detención.

La separación de padres e hijos por parte del ICE provocó que muchos padres con sus propios hijos menores participaran en una manifestación en Los Ángeles. (foto suministrada).

Estrés tóxico

Alicia Herrera, trabajadora social del Departamento de Niños y Familias del condado de Los Ángeles considera que es muy traumático poner a los niños que son separados de sus padres en una jaula, pero más traumático es no saber cuándo se van a reunir con ellos.

Esa separación causa en el cerebro de los niños estrés tóxico. Se presenta principalmente porque sus cuidadores no los pueden abrazar, consolar o tocar”, explica.

Y agrega que el presidente Trump declaró que los niños están muy bien cuidados porque les dan agua y comida. “Eso no es suficiente. No reciben ningún tipo de toque humano. ¡Eso es un trauma!”, recalca.

Detalla que la afectación es mayor si ocurre en los primeros cinco años. “Los cerebros de los niños dejan de desarrollarse. Entran en un estado de congelación. No pueden desarrollar nuevas palabras. Pierden su lenguaje y lo que ya habían aprendido. Regresan a ser niños de meses”.

Indica que entre más tiempo pasen separados de sus familias, las consecuencias son mayores. “Por eso es muy importante que esos niños sean reunidos con sus padres. Dicen que pueden pasar más de un mes para que eso ocurra. Eso es demasiado tiempo. Un mes puede causar daño para todas sus vidas”, asegura.

Mientras que los jóvenes inmigrantes y líderes marchaban alrededor del Centro de Detención Metropolitano de Los Ángeles, a su paso por el lugar, muchos conductores sonaban los cláxones de sus automóviles en solidaridad con ellos.