Prende en llamas a un desamparado y recibe cuatro cadenas perpetuas

La víctima tuvo que pasar más de un año en el hospital

Un hombre, acusado por prenderle fuego a un desamparado después de rociarlo con combustible, fue sentenciado esta semana en el Tribunal Superior del condado de San Diego a cuatro cadenas perpetuas.

José Ricardo Garibay IV, de 28 años de edad, fue declarado culpable en mayo de dos cargos de intento de asesinato y un cargo de mutilación agravada. En el cargo de tortura que tenía fue absuelto por el jurado.

Su abogado lo describió en la corte como un hombre que padece de esquizofrenia, que abusa de sustancias y que está “roto pero que no es malvado”.

Las autoridades dijeron que el 17 de abril de 2016 poco antes del mediodía, Julio Edeza se encontraba fuera de una tienda Rite Aid en el vecindario Oak Park, en San Diego.

Se disponía a tomar un helado cuando encontró a una amiga. Los dos conversaban afuera del establecimiento cuando un hombre se les acercó.

Era Garibay, quien llegó en la camioneta de su padre y caminó hacia Edeza preguntando dónde podía obtener agua. Luego de ello ambos volvieron al vehículo.

Edeza contó al LA Times que lo demás pasó como en cámara lenta. Vio a Garibay darse la vuelta con un pequeño cubo y de repente, fue rociado con combustible, luego vio a su agresor prender un encendedor.

Edeza dijo que confió en Dios para que lo ayudara mientras contenía la respiración para no inhalar humo tóxico. Corrió al Rite Aid por ayuda. Una cámara de seguridad lo capturó envuelto en llamas y a alguien que salió con un extinguidor.

“Pensé, ‘Dios mío, todavía estoy vivo’. Y entonces pude escuchar las sirenas”, dijo Edeza.

El hombre, hoy de 43 años, terminó con más del 90% de su cuerpo con quemaduras y pasó un año en el hospital, dijo la fiscal Amy Maund. Ahora esta bajo terapias de recuperación, informó Fox5 San Diego.

“Nunca podré ser el mismo”, le dijo Edeza al juez Leo Valentine Jr. antes de que Garibay fuera sentenciado. “Me quemó el cuerpo, pero mi espíritu sí sigue siendo el mismo”.

A poco más de un año de encarcelamiento, Garibay atacó a su compañero de celda en la cárcel del centro de la ciudad, dándole 122 puñetazos y patadas antes de que los agentes intervinieran, dijo Maund.

La fiscal dijo en el juicio que el hoy sentenciado era peligroso. “Este es un hombre que tiene tendencias crueles y violentas que no creo que se detengan”.

Julio Edeza:
“Él solo me quemó el cuerpo pero no el espíritu”.