Jardinero cumple 12 años de becar a jóvenes de escasos recursos

Empezó dando becas para la universidad a latinos pero poco a poco ha incorporado a muchachos de otras razas
Jardinero cumple 12 años de becar a jóvenes de escasos recursos
Catalino Tapia, un inmigrante mexicano de oficio jardinero quien desde 2006 entrega becas para la universidad a estudiantes de bajos ingresos de la Bahía de San Francisco. (foto suministrada)

Catalino Tapia, un inmigrante mexicano quien sacó adelante a su familia con su trabajo de jardinero en las grandes mansiones de la Bahía de San Francisco, cumplió doce años de entregar becas para la universidad a jóvenes de bajos recursos.

“A través de la Fundación de Becas de Jardineros de la Bahía de San Francisco (BAGSF), hemos entregado más de 400,000 dólares en becas a 264 muchachos”, dice orgulloso.

“Comenzamos apoyando solo a muchachos latinos, pero no quisimos discriminar a nadie y hoy damos becas a estudiantes de todas las razas que tengan necesidad”, cuenta.

Un inmigrante como muchos

Catalino Tapia emigró de México a California como indocumentado hace 53 años. Se estableció en Redwood City, una ciudad en la península de San Francisco. Hizo de todo, trabajó de panadero, lavacarros, lavaplatos, fue tornero en una fábrica de cajas fuertes y en un vivero hasta que encontró su vocación en la jardinería.

Catalino Tapia y su esposa Margarita entregando una beca para la universidad a un estudiante de bajos recursos. (foto suministrada).
Catalino Tapia y su esposa Margarita entregando una beca para la universidad a un estudiante de bajos recursos. (foto suministrada).

Cuando su hijo menor Noel se graduó de abogado por la Universidad de California en Berkeley en 1999, se emocionó tanto que decidió buscar una forma de ayudar a los muchachos más necesitados para ir a la universidad. Invitó a sus compañeros jardineros y creó la Fundación de Becas de Jardineros de la Bahía (BAGSF) en 2004.

“Empecé sin ningún centavo, pero le mandé cartas a mis clientes pidiéndoles donaciones. Para mi sorpresa, en dos semanas recaudé 10,000 dólares y se fueron acumulando”, recuerda emocionado.Con tan solo sexto año de educación primaria, Catalino Tapia reconoce que cuando comenzó, “me daba miedo porque empecé sin saber, pero cuando vi que gente que ni conocía respondió con donaciones, fue como si anduviera en el aire. Me invadió una sensación de mucha felicidad”.

A repartir becas

En 2006, entregó por primera vez cinco becas por un monto de 1,500 dólares cada una.

Doce años más tarde. El sábado 21 de julio de 2018, entregó 30 becas por 2,000 dólares cada una, más una computadora laptop a cada ganador. “De ese grupo, se seleccionan a dos muchachos hijos de jardineros y se les entrega adicionalmente la beca de la familia Tapia por 1,000 dólares. Ellos dos se llevan 3,000 dólares para sus estudios”, dice.

Los becados son muchachos que residen en los condados de San Mateo, San Francisco y Santa Clara en el norte de California. Los hay indocumentados, pero también mexicoamericanos. “Este año entregamos becas a cinco muchachos asiáticos”, comenta sonriente.

Catalino Tapia, fundador de la Fundación de Becas para Jardineros del Área de la Bahía, posa con dos estudiantes ganadores de una beca. Foto José Luis Aguirre/El Mensajero

En promedio reciben cada año, 80 solicitudes de becas.

Para hacerse merecedores de una beca, los muchachos deben probar que tienen buenos grados, ser de bajos ingresos, presentar dos cartas de recomendación, demostrar 20 horas de servicio comunitario y estar dispuestos a donar cinco horas de trabajo a la Fundación de Becas de Jardineros de la Bahía.

Historias que conmueven

Pero quizá uno de los factores decisivos para ganar estas becas, es una carta que incluyen en su solicitud y en la que cuentan su historia y cómo les beneficiaría la beca.

La necesidad, el sufrimiento que han pasado y el deseo de sobresalir de estos muchachos son conmovedoras. Verdaderamente nos tocan el corazón con sus historias”, dice.

Cynthia Jiménez es una de las ganadoras de las becas del 2018. Graduada de psicología de la universidad Cal State San Francisco, el próximo mes de agosto comienza su maestría en salud pública en la Universidad de Denver en Colorado.

“Casi lloraba cuando me dieron la noticia de la beca. Me siento muy feliz y agradecida de recibirla porque mi familia no tiene la manera de ayudarme con mis estudios, y para la maestría no hay muchos fondos”, comenta.

Hija de una madre soltera que emigró de México a la Bahía de San Francisco, cree que su trabajo comunitario fue decisivo para llevarse la beca. “Estuve casi un mes en México ayudando en el albergue de Las Patronas y llevando comida a los inmigrantes que viajan a bordo del tren de la Bestia”, comenta.

Las Patronas son una organización de mujeres que ayudan a los inmigrantes centroamericanos a su paso por el sur de México.

Cynthia JIménez también vivió seis meses en el país africano de Ghana haciendo trabajo comunitario voluntario con trabajadores sexuales.

Don Catalino Tapia (centro) quiere ampliar la ayuda a jóvenes estudiantes latinos. Foto Suministrada

Apasionado por ayudar

A sus 74 años de edad, ya retirado de la jardinería y dedicado 100% a buscar recursos para su fundación, Catalino Tapia admite que se siente muy orgulloso de haber podido apoyar a un “mundo de estudiantes con las becas”.

Pero además sostiene que se ha convertido en una pasión, la tarea de juntar fondos para dar una manita a los jóvenes que van a la universidad, incluso a quienes regresan a hacer una maestría.

“Quienes fueron mis clientes me siguen ayudando con donaciones y se han sumado bancos, uniones de créditos y negocios hispanos”, explica.

Es un milagro lo que hemos logrado“, afirma feliz.

En 2008 Catalino Tapia recibió el premio a la innovación social Purpose Prize que consistió en una donación de 100,000 dólares. “Era un premio personal como reconocimiento al servicio comunitario que habíamos hecho, pero mi esposa Margarita y yo decidimos donarlo íntegro a la fundación”.

A los del Purpose Prize, los sorprendió que un jardinero de origen humilde, haya tenido la creativa idea de formar un grupo de jardineros para colectar dinero y apoyar a los más pobres a ir a la universidad.

“Catalino es uno de los ejemplos más convincentes que hemos encontrado de personas que se convierten en agente de cambio sin importar sus antecedentes o nivel económico”, expresó Marc Freedman, fundador y presidente de Civic Ventures, una organización no lucrativa que entrega el reconocimiento Purpose Prize.

“No tienes que ser Bill Gates o Al Gore para usar tus habilidades y experiencia, y ayudar a otros”, dijo cuando entregó el reconocimiento a Tapia.

En 2009, este jardinero inmigrante ganó el premio nacional Jacqueline Kennedy Onassis que le entregó en el Capitol HIll de la ciudad de Washington, D.C. la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard y el Carnegie Endowment. Catalino Tapia ha sido el único mexicano que ha recibido esa distinción, equivalente al premio nobel de la paz a nivel nacional. Ese premio también lo recibieron César Chávez y Dolores Huerta de raíces mexicanas.