Familias celebran a sus hijos, quienes han superado el cáncer

Los padres hablan sobre los estragos vividos y la fortaleza de sus pequeños
Familias celebran a sus hijos, quienes han superado el cáncer
Carolina Guzmán cuando estaba en tratamiento a los 3 años (i); hoy mejorada sonríe junto a su mamá Ruth Guzmán (d). / fotos: Jorge Luis Macías y suministrada

“¡Hey, mi pelo! ¿Qué está pasando con mi pelo?”, fue la reacción de sorpresa y cuestionamiento de la pequeña Carolina Ximena Guzmán, cuando se miró en un espejo. Apenas tenía 3 años de edad.

Estas palabras quebrantaron los corazones de sus padres: Francisco y Ruth Guzmán. No sabían cómo explicarle a su hija —ahora de 4 años— que padecía de leucemia y que su hermosa cabellera se le caería como consecuencia de agresivas quimioterapias.

“Fue un día cuando la subí al lavabo para que solita se cepillara los dientes” recuerda la madre. “Ella pensó que nosotros le habíamos cortado el pelo”.

La dolorosa realidad era que a Carolina Ximena le habían detectado leucemia linfoblástica aguda infantil (LLA), un tipo de cáncer de la sangre y en la médula ósea, que produce demasiados linfocitos inmaduros o un tipo de glóbulo blanco.

Por lo general, este tipo de cáncer empeora rápido si no de trata o se detecta a tiempo.

En Estados Unidos, según un informe de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC), se identificaron 170,000 casos de cáncer pediátrico entre 2003 y 2014. Las leucemias tuvieron las tasas más altas de incidentes, seguidas por los tumores cerebrales y los linfomas.

Carolina Ximena a los 3 años de edad. / Foto: Jorge Luis Macías.

Una experiencia dolorosa

A los 2 años, la pequeña Carolina Ximena estaba pálida, no quería comer, le dolían las rodillas y dientes. Un doctor dijo que eso “era normal porque era mañosa [engreída]”.

A la semana, la niña fue llevada al odntólogo. “Todo se mira bien”, dictaminó el dentista. “Lo que pasa es que necesita que le ayuden a limpiarse los dientes”.

Los padres de la niña tampoco detectaron el cambio en el color de su piel, porque la niña es blanca.

Los dolores se intensificaron y no fue sino hasta que le hicieron exámenes de orina y sangre que les dieron el diagnóstico final: cáncer.

“Al principio, el proceso era muy doloroso”, recordó la madre. “Cada semana le daban quimioterapia”.

Sin embargo, a partir de este año las sesiones de quimioterapia son cada mes. La niña está en el proceso final de su recuperación.

“En verdad ha sido un milagro el que hemos vivido”, dijo Francisco. “En abril pasado la dejaron salir a casa y festejamos mi cumpleaños con nuestros otros hijos, Emilia (11) y Aiden (10)”.

Desde que los médicos detectaron que su hija Carolina Ximena padecía de leucemia, Ruth Guzmán, nacida en Guadalajara, Jalisco (México), dejó de trabajar como asistente de maestra, para atender a su hija.

“Siempre encomendamos a Dios a mi hija”, dijo la mamá. “También, mucha gente y familias hicieron novenas de oración por su sanación”.
Por su parte, Francisco, un soldador que vive en El Monte, afirmó: “Cuando supe que mi niña tenía cáncer, el mundo se me vino abajo y le dije a Dios que mejor me llevara a mí, pero que salvara a mi hija… Él escuchó mis súplicas y la está sanando”.

La familia Guzmán participó ayer en la tercera celebración anual de sobrevivientes pediátricos de cáncer, organizado por el Centro Médico Kaiser Permanente en la ciudad de Downey.

La pequeña Natalia (d) junto a sus padres Mario y Tanya Suárez. / Foto: Jorge Luis Macías.

Cáncer: Una palabra que espanta…

Durante el festejo, los doctores Toska Zomorodian y David Simon, pediatras oncólogos de ese hospital recibieron con alegría y abrazos a sus expacientes.

“Tenemos un 90% de posibilidades de que los niños superen la leucemia ALL”, afirmó la doctora Zomorodian. “Pero la leucemia de tipo AML (Leucemia Mieloide Aguda) es más difícil de curar; en las niñas, el tratamiento de recuperación podría ser de dos años y medio y en los niños, tres años y medio”.

La experta expresó que, en la gran mayoría de los casos, la parte más difícil de cada proceso suele ser la motivación para que las personas no pierdan la esperanza.

“La palabra cáncer espanta a cualquiera y nuestro deber como médicos es motivarlos para que aprendan que la curación es posible y que no se tienen que rendir”, dijo.

Así fue el caso de la niña Selah, de 11 años de edad, quien padecía de leucemia AML.

“Mi esposo [Russell] y yo estuvimos todos los días durante seis meses en el hospital”, dijo María Castañeda Calleros. “Los tres primeros tratamientos de quimioterapia los toleró bien, pero el cuarto fue el peor, porque tuvo alergia a una medicina y le dio pancreatitis”.

En esa cuarta sesión, a la niña se le llenaron de agua los pulmones; no podía respirar bien y sufría de intensos dolores. Era diciembre de 2017.

María Castañeda Calleros (d) abraza a su hija Selah, de 11 años y quien superó un agresivo cáncer de leucemia. / Foto: Jorge Luis Macías.

“Pensé que iba a perder a mi niña, que no saldría de esto”, expresó María.

“Tenía tanto dolor, a pesar de la morfina; yo estaba desanimada, pero mi niña me enseñó un mensaje en el celular”.

Ese mensaje era el salmo bíblico 116:7 que decía: “Alma mía, vuelve a tu descanso, que el Señor cuida de ti”..