El duro camino para salvar a las abejas de la extinción en la CDMX

La especie está en riesgo por los fertilizantes químicos en las plantas
El duro camino para salvar a las abejas de la extinción en la CDMX
Al fondo, Adriana Véliz, de la empresa Abeja Negra y un voluntario comienzan la labor de rescate.

MEXICO – Es casi el final de un día de labores en la empresa Grupo Industrial Eje (GIE) y el ánimo está candente. Los 15 empleados de la compañía ubicada al sur de la Ciudad de México entran y salen de las oficinas, cuchichean, preparan las cámaras fotográficas y de video para documentar que están a punto de perder a “sus” abejas.

Las voladoras retozan con el sol de las ultimas horas del día, alrededor de una colmena de unos 50 centímetros de alto que construyeron en un acogedor rincón pegado a una casa contigua, donde no las quieren: el vecino llamó furibundo hace unos días a los bomberos, encargados oficialmente de “eliminarlas”.

“Cuando tocaron para pasar a quitarla, les dijimos que no y no los dejamos pasar”, cuenta Liliana Arce, una de las trabajadoras fan de las abejas.

Cuando en noviembre pasado los trabajadores observaron que el panal comenzaba a formarse nadie  protestó porque pasaban zumbando por ahí en el patio, al contrario: les gustó descubrir que no los atacaban: seguramente tenían comida cerca.

Los trabajadores de Grupo Industrial Eje en el momento en que la veterinaria llega para rescatar a sus abejas.
Los trabajadores de Grupo Industrial Eje en el momento en que la veterinaria llega para rescatar a sus abejas.

Hace años que se teme por la extinción de estos insectos a causa del deterioro ambiental y el uso de fertilizantes químicos para la agricultura. Según datos de la organización ambientalista Greenpeace, la población ha disminuido hasta en un 40% y esto tendrá un impacto negativo, sino mortal, en la vida humana cuya alimentación depende en un 75% de la polinización.

Aún así, los bomberos siguen los protocolos y cuando la gente los llama por miedo a ser atacada, ellos rocían agua y jabón y las abejas mueren: es el método oficial para atacar el problema de los enjambres urbanos en México desde 1986, cuando se declaró la guerra a la abeja africana, una especie con fama de agresiva.

Ninguna autoridad cuestionó legalmente la estrategia que incluye el servicio gratuito de exterminio: razón por la que mucha gente prefiere sacrificarlas.

Pero no fue el caso de GEI. Tras dar el portazo a los bomberos, Iliana Arce se metió a internet a buscar opciones. Así se encontró con Abeja Negra -fundada por la veterinaria Adriana Véliz y la administradora Fernanda Molina- que se especializa en “rescates de enjambres” por un costo de alrededor de alrededor de 38 dólares en su equivalente en pesos.

Esto incluye desmantelar el panal, sacar la miel (una de las mejores por su pureza), meter a las abejas en una colmena de madera, domesticarlas para que se queden ahí y posteriormente darlas en adopción a uno de los apicultores con quienes tienen convenios en los campos de Puebla, Morelos y Texcoco.

Al fondo, la colmena: creció a poco hasta que se quejaron los vecinos.
Al fondo, la colmena: creció a poco hasta que se quejaron los vecinos.

Todo esto lo explica Fernanda mientras Adriana saca el equipo de trabajo de la camioneta con la que se mueven por la ciudad con algunas abejitas revoloteando encima. Uno a uno saca el ahumador, el traje protector, la raspa y los guantes de cocina: debería usar unos especiales pero le estorban y a veces (como hoy) no tolera tampoco los plásticos y trabaja sin nada aunque reciba 20 o más aguijonazos que le dejan inflamadas las manos unas tres horas.

-Ya vamos a empezar – dice Adriana a dos de sus ayudantes que son voluntarios de la empresa a quienes les pareció interesante participar por primera vez en un rescate y se enfundaron en el traje blanco de apicultor: su labor será separar en tres cajones a las abejas, a las crías y las pencas de miel.

El humo se expande por todos lados y las abejas se alborotan, vuelan para agruparse. Adriana corta un pedazo de panal, sacude a los insectos, los pone en una cubeta y se los pasa a uno de los asistentes que lo vacía a un bastidor. Ellos caen patas arriba y giran para reincorporarse. Cuando lo logran ya no pueden salir: están encerradas con una red sobre sus cabezas.

El procedimiento se repite una y otra vez. Una abeja escapa despavorida y se estampa en la boca de Iliana quien estaba cerca tratando de hacer un Facebook live sin protección. La pica.

“Ay: ahora voy a verme más sexy”, dice antes de volver a la oficina de donde ya no salió más.

Los bichitos tienen suerte, Su rescate es un mensaje de que no todo está perdido y de que en la CDMX cada vez hay más conciencia: la empresa de Adriana – una de las pocas en la capital- tiene diariamente un llamado aunque a veces la gente no quiera pagarle.

Una de las pencas de miel: lista para comerse.
Una de las pencas de miel: lista para comerse.

“Es triste porque me gustaría hacerlos gratis, pero no es posible ya bastante trabajo nos cuesta sobrevivir para dedicarnos a esto”.

Entre 2012 y 2016 Adriana trabajó para un programa del gobierno de la CDMX que rescataba a los insectos hasta que hubo un recorte de recursos y se volvió inoperante, sin embargo  le enseñó sobre la técbica que escuchó por primera vez en la Facultad de Veterinaria en la Universidad Nacional Autónoma de México en voz de una de sus profesoras.

“Mi empresa se llama Abeja Negra porque mi familia creía que yo en la ciudad quería cuidar perros y gatos, pero a mi me gustaron las abejas entonces una aniuga me dijo: es que eres la abeja negra”, cuenta.

Al final del rescate en Grupo Industrial Eje, las rescatistas entregan una cubeta de pencas y todos a gusto: tendrán miel para rato y un nuevo hogar para las abejas en el campo: el sueño de todo urbanita.