Exreos abrazan su segunda oportunidad

Más de 30 personas se gradúan de programa de entrenamiento en LATCC para reingresar al mundo laboral
Exreos abrazan su segunda oportunidad
Raúl Jr. Barranco abraza contento a sus padres Raúl e Isabel Barranco. / fotos: Aurelia Ventura.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinion

Cada 15 días sin falta durante 21 años, Raúl e Isabel Barranco acudieron a visitar a su hijo en distintas cárceles, primero en Los Ángeles y después hasta San Luis Obispo.

A sus 20 años de edad, Raúl Jr. Barranco recibió una sentencia que iba de 25 años a cadena perpetua por asesinato en segundo grado.

“Era demasiado duro para nosotros. Venimos de casa humilde y nunca habíamos tenido problemas de esa índole y al estar involucrado mi hijo también estábamos nosotros”, dijo el padre de 71 años con un nudo en la garganta.

“Pasamos muchos sufrimientos, cada viaje era para darle apoyo, atención. Siempre estuvimos al pendiente de él, nunca lo dejamos solo”, recalcó.

Raúl Jr., quien ahora tiene 41 años, contó que de joven se involucró en pandillas y pensaba que sus padres no lo entendían.

“Me enojaba cuando mis padres me regañaban y me iba a la calle”, recuerda. “Ahora entiendo que todo lo que me decían era por mi bien. Tuve que aprender de una forma dura”.

Fue tras meses de trabajo y buen comportamiento que el hombre mexicanoamericano fue elegible para obtener la libertad condicional y hace un año logró abandonar la cárcel California Men’s Colony.

No obstante, su liberación fue agridulce ya que, según manifiesta Raúl Jr., él no sabía cómo enfrentarse a la
sociedad.

“Cuando me metieron a la cárcel solo conocía los beepers y cuando salí ya era pura tecnología con los teléfonos inteligentes… Tampoco conocía Los Ángeles”.

Caminar por las calles era difícil pero fue aún peor intentar conseguir un empleo.

“Al principio no sabía como llenar las solicitudes… Luego me pedían referencias de mis trabajos pasados y ¿que podía poner si no tenía trabajos reales?”, contó.

Seis meses después de estar libre escuchó de un programa de preaprendizaje que entrena a hombres y mujeres previamente encarcelados. Sin dudarlo, decidió inscribirse.

Y este viernes por fin Raúl Jr Barranco fue parte de los 33 graduados que celebraron la culminación del programa Second Chance training Pre-Apprenticeship Bootcamp, el cual los prepara para reingresar al mundo laboral.

“Voy a ser electricista , ya me registré para la prueba y espero pasarla. Quiero aprender todo lo que pueda”, dijo emocionado poco antes de comenzar la ceremonia de culminación en el colegio comunitario Los Ángeles Trade Tech (LATCC).

 

Raúl Jr. Barranco muestra su diploma junto aRusty Hicks (i), presidente de la Federación del Trabajo del condado, y a su entrenador Isaac López (d). / Foto: Aurelia Ventura.

El entrenamiento

Desde sus inicios en 2016, Second Chance ha colocado al 80% de sus graduados en trabajos de construcción sindical de altos salarios. Esta es una colaboración entre la Fundación Miguel Contreras, la Coalición Anti-Reincidencia, LATCC y varios sindicatos.

La madre de Raúl no pudo contener las lágrimas de emoción y dijo que estaba muy contenta.

“Siempre esperé de él algo bueno y ahora estamos celebrando. Él es muy inteligente”, dijo Isabel, de 61 años.

Los graduados reciben la capacitación necesaria para su carrera profesional, dijo Isaac López, consejero de la organización contra la reincidencia (ARC), socio del programa.

“Lo más importante es enseñarles que deben trabajar en equipo porque cuando vamos con los contratistas es lo que nos piden”, explicó.

“Ellos reciben varios certificados incluyendo el MC3 Multi-Craft Work Curriculum reconocido por todos los sindicatos del país, y recibieron el entrenamiento de seguridad de OSHA, reanimación cardiopulmonar (CPR) y primeros auxilios”.

Durante el entrenamiento los interesados pueden aprender diferentes carreras como para ser electricista, carpintero, soldador, plomero o trabajar en la construcción.

“Antes de que entren les preguntamos en qué están interesados y nos enfocamos en eso con ellos”, dijo López.

La graduada Isamar Marroquin (c) junto a Rusty Hicks, presidente de la Federación del Trabajo del condado, y a su entrenador Isaac López (d). / Foto: Aurelia Ventura.

Madre plomera

Otra de las orgullosas graduadas fue Isamar Marroquín, de 26 años de edad, quien aprendió un poco de plomería mientras cumplía su condena de cinco años en la cárcel.

“Salí en enero de este año y vine a este programa para aprender más”, dijo la joven, quien es madre de un niño de 6 años.

“Se siente muy bien terminar este programa que no pensaba que lo iba a hacer. Ahora espero tener a mi hijo otra vez para luchar por un mejor futuro”, añadió Marroquín, quien se encuentra en libertad condicional.

Entre sus planes ella espera poder ahorrar para los gastos universitarios de su hijo y poder comprarse una casa.

Los graduados varían en edades y tiempo de encarcelamiento. Pero todos han aprendido habilidades de comportamiento en el lugar de trabajo, así como como la puntualidad y la actitud.

Veintiséis de ellos ya han sido colocados en sitios de trabajo o seleccionados para pasantías, un logro récord para el programa.

Entre ellos se encuentran varios que enfrentaban cadenas perpetuas pero que obtuvieron la libertad condicional y hoy se encuentran reconstruyendo sus vidas.

“Tenemos que elegir como sociedad”, dijo Rusty Hicks, presidente de la Federación del Trabajo del condado de Los Ángeles, AFL-CIO.

“¿Permitiremos que las personas paguen sus deudas a la sociedad y recibir sus mejores esfuerzos a cambio o los enviaremos al mundo sin opciones ni esperanzas? La gente del movimiento laboral de Los Ángeles ha tomado esa decisión y estos graduados prueban que nuestras comunidades son más fuertes cuando nuestros brazos están abiertos”.

Por ahora Raúl Jr. tiene varios planes para su vida futura, entre ellos está continuar la vida con su novia, ahorrar y comprar una casa.

Él aconseja a las personas encarceladas que aprendan lo más que puedan cuando se encuentren en prisión para enfrentar el mundo real.

“La vida afuera es dura pero hay que prepararse si quieren hacer algo por sus vidas. Yo obtuve mi GED y dos títulos asociados, de supervisión de negocios y ciencias del comportamiento en la cárcel”, dijo Raúl Jr.