Papa Francisco responde a escándalo de pederastia que sacude a Iglesia Católica en EEUU

Grupos de sobrevivientes de abuso exigen justicia y una investigación nacional para exponer a más curas

WASHINGTON — El Papa Francisco emitió este lunes una carta a todos los católicos del mundo en la que pidió perdón a centenares de víctimas de sacerdotes pederastas en Pensilvania a través de las décadas y exigió rendición de cuentas, en el marco de una nueva crisis que ha sacudido la fe en la Iglesia.

“Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas”, afirmó el Papa Francisco en la carta emitida en siete idiomas.

“Hemos descuidado y abandonado a los pequeños”, lamentó, en víspera de su próxima gira a Irlanda, uno de los países más afectados por escándalos anteriores.

El líder religioso pidió perdón a las víctimas por el trauma del abuso sexual por parte de sacerdotes pederastas, aunque en la carta no precisó qué pasos dará la Iglesia para castigarlos, o impedir que sus delitos queden impunes.

El Papa Francisco divulgó la carta días tras .revelaciones de que centenares de personas fueron abusadas por los curas en varias parroquias de Pensilvania.

El martes pasado, un jurado de investigación detalló en un informe el abuso sexual de al menos mil niños por parte de 300 “curas depredadores” en las dioceses de Allentown, Erie, Greensburg, Harrisburg, Pittsburgh y Scranton, en Pensilvania, a partir de 1947 y a lo largo de siete décadas.

El número de víctimas podría superar “los miles”, porque muchos expedientes desaparecieron y muchos niños nunca hicieron denuncias por miedo, según el documento que abarca 887 páginas.

“Los sacerdotes violaron a niños y niñas, y los hombres de Dios que eran responsables por ellos (los curas) no sólo no hicieron nada sino que lo encubrieron todo. Durante décadas. Monseñores, obispos auxiliares, obispos, arzobispos, cardenales, han sido mayormente protegidos; muchos, incluyendo algunos en este informe, han sido ascendidos”, denunció el informe.

Varios de los curas acusados en el extenso documento ya han fallecido, y no está claro que las víctimas puedan obtener justicia, debido en parte al período de prescripción de este tipo de delitos.

“Las heridas nunca desaparecen y nos obligan a condenar con fuerza estas atrocidades, así como a unir esfuerzos para erradicar esta cultura de muerte; las heridas “nunca prescriben”. El dolor de estas víctimas es un gemido que clama al cielo, que llega al alma y que durante mucho tiempo fue ignorado, callado o silenciado”, subrayó el Papa.

“Nunca más”

El Papa Francisco hizo mención del escándalo en Pensilvania y prometió un “nunca más” ante “cualquier tipo de abuso sexual, de poder y de conciencia”,  si bien reconoció que ningún acto de contrición sería suficiente para las víctimas.

“Invito a todo el santo Pueblo fiel de Dios al ejercicio penitencial de la oración y el ayuno siguiendo el mandato del Señor, que despierte nuestra conciencia, nuestra solidaridad y compromiso con una cultura del cuidado y el “nunca más” a todo tipo y forma de abuso”, dijo.

El líder religioso pidió “ayuno y oración” frente al “dolor silenciado en niños, jóvenes y minusválidos”, y para actuar con “sed de justicia… apoyando todas las mediaciones judiciales que sean necesarias”.

El destape del escándalo ha reabierto heridas y generado más condenas contra la Iglesia, que en la década de 1990 ya tuvo que hacer frente a una crisis similar. En el marco de reformas, desde 2002 la Iglesia exige denunciar ante la policía a curas acusados de abusos, y tiene procedimientos para suspenderlos durante una investigación, y expulsarlos del sacerdocio si se confirma su culpabilidad.

El Santo Padre denunció a principios de año el abuso sexual por parte de curas en Chile, y al destacar una política de “tolerancia cero” a los abusos, dejó en claro que todo cura implicado en abusos debe abandonar el sacerdocio.

Pese a que el Papa Francisco exigió la renuncia de los 31 obispos en Chile, hasta la fecha sólo cinco lo han hecho.

¿Se salva la Iglesia?

El escándalo a nivel global – hubo casos recientes también en Australia – ha vuelto a sacudir los cimientos de la Iglesia, especialmente por tratarse de menores vulnerables que cayeron en la “cueva del lobo”.

En el área de Washington, el arzobispo jubilado, Theodore McCarrick, afronta acusaciones de que violó sexualmente tanto a menores como a seminaristas. Esa revelación echó sal a la herida, debido a la confianza y popularidad de la que gozaba McCarrick en el país.

“Creo que siempre podemos hacer más para apoyar a sobrevivientes, y es muy importante que los obispos los escuchen… todo sobreviviente está enfurecido no sólo por el abuso que sufrieron sino por la negación que enfrentan cuando quieren contar lo que les pasó”, dijo el padre jesuita Thomas Reese a la estación de radio WAMU.

Aunque consideró “abominable”  lo sucedido en Pensilvania,  Reese, también columnista de “Religious News Service”, consideró que demandas millonarias contra la Iglesia sólo castigan a las personas que depositan su limosna los domingos, a las parroquias y escuelas, y a los pobres que reciben ayuda de las iglesias.

A su juicio, sería mejor crear una comisión independiente que recabe testimonios de víctimas y determine su indemnización.

La Red de Sobrevivientes de Aquellos Abusados por Sacerdotes (SNAP, por su sigla en inglés) exige que las autoridades de Pensilvania emprendan acciones legales contra líderes religiosos que “cometen abusos contra niños, o los encubren”.

En declaraciones a este diario, el presidente de SNAP, Tim Lennon, afirmó que el Papa sólo ha actuado por “presiones de afuera” de la Iglesia pero tiene que pasar de las palabras y disculpas a los hechos, porque “sus comentarios sobre arrepentimiento y oración no van a hacer a un niño más seguro”, ni los ayunos “iluminarán a la jerarquía”.

Además de mostrar indignación, el Papa debe exigir que todo obispo en todo el mundo denuncie a la policía a quienes abusen de niños, y que toda diócesis abra sus “archivos secretos”, en aras de la transparencia.
Lennon también recomendó cambios en las leyes para poder enjuiciar crímenes del pasado y para fortalecer las protecciones para menores, y que la Iglesia ofrezca capacitación laboral, terapia, y rehabilitación por abuso de drogas y alcohol para víctimas del abuso sexual de sacerdotes, que deja daños “de por vida”.
Según la página web ““BishopAccountability.org”,  los obispos en EEUU han recibido denuncias de abuso por parte de 6,721 sacerdotes entre 1950 y 2016, es decir el 5,8% de los 116,690 curas activos en ese período.

A nivel federal, la Red trabaja con el Centro para Derechos Constitucionales (CCR) para exigir que el Departamento de Justicia abra una investigación nacional sobre el escándalo de la Iglesia, y pide tanto a las víctimas como al público general a que contacten a las fiscalías en sus estados.

Consultados por este diario, algunos feligreses católicos en Washington aplaudieron la carta del Papa Francisco como un buen primer paso hacia la “sanación” de la Iglesia.

“Toda institución humana, regida por gente de carne y hueso, va a tener algún porcentaje de malas manzanas, y la corrupción está en todas partes. Pero creo que la respuesta del Papa ha sido excelente, está actuando con firmeza y aplomo y es un comienzo, y espero que ayude a sanar heridas”, dijo el peruano Warren Begazo, de 57 años.

La salvadoreña Olga Aguilar, dijo que los sacerdotes “tienen que responder ante Dios”, y lamentó que el escándalo sacuda la fe de muchos católicos.

“No está bien lo que hicieron, pero el demonio anda buscando dónde meterse y causar daño. Dios los va a juzgar”,  afirmó Aguilar, de 56 años.