Protección contra el abuso de niños

La Iglesia Católica como institución es culpable de complicidad. De poner por delante su propio interés por sobre el de su feligresía. De sus religiosos por arriba de los niños.

El nuevo reporte que sobre el masivo abuso sexual de niños por parte de sacerdotes católicos muestra que en Pensilvania ocurrió el mismo horror que en otros estados y países. La traición de depredadores infantiles a quienes se deposita confianza y autoridad moral.

Un Gran Jurado relató una larga historia de 70 años de perversidad y crueldad cometida por más de 301 religiosos contra más de 1,000 menores.  El documento es un relato de horror. Los sacerdotes violaban niños y niñas pequeñas, y los hombres de Dios que eran responsables de ellos no hicieron nada; lo escondieron todo”, indica el escrito.

El procedimiento descrito es harto conocido. Un sacerdote acusado de abusar un menor de edad es trasladado silenciosamente por el obispo a otra diócesis en donde vuelve a repetir el delito y así sucesivamente.

La acción individual de un depredador infantil es repugnante y criminal. La protección de ese delito, primero escondiéndolo, y luego enviando  al delincuente a otra iglesia en donde pueda repetir su acto es inexplicable.

La Iglesia Católica como institución es culpable de complicidad. De poner por delante su propio interés por sobre el de su feligresía. De sus religiosos por arriba de los niños. De propagar el mal en vez de tomar medidas para que no se repita. 

El Papa Francisco llegó a El Vaticano con una promesa de cambio en este terrible pecado que pesa sobre la Iglesia. Los hechos no han seguido a las palabras. El Pontífice reconoció el domingo no haber protegido a los niños, el no haber actuado en el momento debido y que todavía hay una demora en instrumentar acciones y sanciones que son necesarias en estos casos.

La frustración con la lentitud de la Iglesia se reflejó en la renuncia el año pasado de dos integrantes, víctimas de abuso sexual, de una comisión papal creada para hacer recomendaciones sobre el papel de la Iglesia en la protección de los menores.

De todas maneras, hoy es la primera vez que hay obispos que enfrentan prisión por encubrir el abuso sexual. El arzobispo Philip Wilson en Australia fue condenado a prisión, el cardenal Philippe Barbarin enfrenta un juicio entre otros. En Chile se allanaron las oficinas del Arzobispado y el cardenal Ricardo Ezzati fue llamada a testificar por la causa de encubrimiento.

La Iglesia Católica ahora no tiene la actitud que la de hace de unas décadas atrás, pero le falta todavía mucho por recorrer para saldar su deuda. A las autoridades civiles les toca actuar.

En Pensilvania se vió que el daño causado a niños hace tiempo, hoy lo llevan adultos de 60, 70 y hasta 80 años de edad. Por eso no debe haber estatuto que limite el alcance la ley ante estos delitos, como ocurrió ahora.

El Gran Jurado dijo “queremos que los futuros depredadores de niños que siempre deberán mirar por sobre el hombro mientras que esté vivos”. Que así sea.