Editorial: Trump y el problema de mentir


El problema del presidente Donald Trump es la mentira. Esa facilidad que tiene para decir las palabras sin importarle en absoluto si son ciertas o no. La estrategia aparentemente tiene buenos resultados en la política. Pero ante la ley no es igual. O así esperamos.

El martes, uno de los exdirectores de la campaña de Trump, Paul Manafort, fue hallado culpable de ocho cargos ligados a la evasión impositiva. El abogado “arreglatodo” del mandatario, Michael Cohen, se declaró culpable de cinco cargos por evasión de impuestos, una por perjurio y otros dos por participar en el soborno de dos mujeres para que no revelen que tuvieron relaciones con el entonces candidato presidencial republicano.

Cohen dijo que hizo los pagos siguiendo la directiva de su cliente Trump, lo que convierte al Presidente en un co-conspirador. Hay una discusión retórica legalista alentada hoy desde la Casa Blanca sobre si los fondos son de campaña o privados de Trump. Y que si son del millonario, no pasa nada.

No importa, pero debería de importar.

Para llegar a la declaración de Cohen se recorrió un largo camino desde enero, fecha en que el Wall Street Journal reveló la compra del silencio en 2016 de la actriz pornográfica, por $130,000 dólares, para no estropear las posibilidades de Trump. Es una senda repleta de mentiras, de negativas, reconsideraciones y de una incesante labor periodística que eventualmente condujo a la verdad.

Lo mismo ocurre con la reunión organizada por el hijo de Trump, Don Jr., con rusos que ofrecían una supuesta “ropa sucia” de la rival Hillary Clinton durante la campaña presidencial. Desde la revelación del encuentro en la Torre Trump hasta hoy se sabe que el Presidente y la Casa Blanca mintieron en repetidas ocasiones sobre el motivo y lo ocurrido allí. Ocurrió el mismo goteo de revelaciones y contradicciones que en el caso de Stormy Daniels.

El problema de mentir es que se necesitan más mentiras para proteger la primera falsedad. Por eso Trump teme caer en una “trampa” de perjurio si testifica ante el fiscal especial que investiga el supuesto complot con Rusia para ganar la elección y si existió un encubrimiento de la investigación posterior. Ya no se sabe lo que es verdad o no.

Lo que sí sabe es que un jefe de campaña va a prisión, que su abogado personal se declaró culpable, que su ex asesor de seguridad Michael Flynn y el ex integrante de su campaña, George Papadopoulos, se declararon culpables en la cuestión rusa y que la familia Trump está bajo investigación.

La sangre atrae a los tiburones. Las mentiras deben atraer las investigaciones, incluso cuando quien las dice es el Presidente para esconder sus acciones.