Familia pide asilo en la frontera, aceptan a la madre e hijas, pero el padre está a punto de la deportación

El padre de familia ha permanecido ocho meses bajo custodia, y se lo llevaron hasta Georgia
Familia pide asilo en la frontera, aceptan a la madre e hijas, pero el padre está a punto de la deportación
Leonardo Antonio Valenzuela fue separado de su esposa Ana Vejar y sus dos hijas menores cuando pidió asilo político. (Foto suministrada).

Ana Véjar y Leonardo Antonio Valenzuela huyeron de Michoacán, México con sus dos pequeñas hijas para escapar de las amenazas y extorsiones de los grupos criminales de su pueblo. Pidieron asilo político en Estados Unidos en diciembre, pero después de una detención de ocho meses, el esposo está a punto de ser deportado mientras que la madre y las dos menores tienen permiso para quedarse en el país a pelear su caso.

“El lunes mi esposo tuvo corte. Pero hoy me habló por teléfono a las tres de la mañana para decirme que lo iban a aventar en la línea por el lado de Reynosa o Tampico. ‘Ya me voy para México. Cuídate tú y las niñas’, me dijo”, relata desesperada desde Lompoc, una ciudad del condado de Santa Bárbara.

Véjar dice que la voz de su esposo casi no se escuchaba durante la llamada telefónica. “Él estaba bien mal después de ocho meses de encierro. Ya no aguantaba. Está muy desesperado”.

Dice que la noticia de la deportación la dejó muy mal. “Me dijo que lo trasladaron de la prisión de Folkston en Georgia al Centro de Detención Stewart. Pero que ya firmó todos los papeles para que lo saquen. En realidad no sabe bien lo que firmó, pero cree que es la deportación”, dice devastada.

Leonardo Antonio Valenzuela de 27 años era un trabajador del campo para una compañía en su pueblo en Michoacán. Decidió venir a Estados Unidos junto con su familia después de ser amenazado por los grupos delictivos de la región.

Leonardo Antonio Valenzuela fue separado de su familia cuando pidió asilo político en los Estados Unidos. Esta semana fue deportado a México. (Foto suministrada).
Leonardo Antonio Valenzuela fue separado de su familia cuando pidió asilo político en los Estados Unidos. Esta semana fue deportado a México. (Foto suministrada).

Salen huyendo por sus vidas

“Vendimos todo lo que teníamos para venir aquí. Lo hicimos por nuestras hijas. A mi esposo se lo quisieron llevar para que trabajara con los criminales. ‘Si no te entregas, ya sabes lo que te va a pasar, te vamos a matar, le decían’”, recuerda Véjar.

Y asegura que es un hombre de bien, sin vicios, que no estaba metido en las drogas sino dedicado a su familia.

Cuenta que después de pensarlo bien, tomaron la decisión de dejar Michoacán el 19 de diciembre. “El 22 de diciembre nos entregamos en la frontera en Tijuana, y pedimos asilo.  A los agentes de migración les hablamos de la violencia en México, de las amenazas y extorsión contra mi esposo”, platica.

“Estuvimos detenidos juntos hasta el 28 de diciembre. Después de que me hicieron una entrevista para el asilo, me dejaron a mi y a mis hijas salir en libertad, pero a mi esposo lo dejaron detenido. En enero se lo llevaron a una cárcel hasta la Florida. No sabemos por qué. ¿Por qué hasta allá, tan lejos?  ¿Por qué no lo dejaron en California?”, pregunta.

A Véjar, las autoridades de migración la dejaron libre pero le colocaron un grillete electrónico en el tobillo, y después de tres meses se lo removieron.

“Me sentía como criminal cuando traía el grillete. La gente te señala. Piensan que hiciste algo malo. Ahora ya no lo tengo, pero cada mes me obligan a ir a firmar a las oficinas del ICE (Servicio de Migración y Control de Aduanas) en Santa María. También una vez al mes me llaman por teléfono y me vienen a visitar a donde vivo. Estoy bajo una supervisión intensa”, se lamenta.

Leonardo Valenzuela y Ana Vejar antes de ser separados por pedir asilo político en Estados Unidos. (foto suministrada).
Leonardo Valenzuela y Ana Vejar antes de ser separados por pedir asilo político en Estados Unidos. (foto suministrada).

Sueños truncados

Esta madre y sus hijas de 10 y 5 años encontraron refugio en la casa de una tía en Lompoc en el condado de Santa Bárbara.

“Me siento muy mal porque no puedo trabajar. Yo pensaba que aquí saldríamos adelante con el trabajo de mi esposo. Sin él, las cosas son muy difíciles en todos los sentidos. Ya son ocho meses sin él. Para las niñas, el impacto emocional de la separación ha sido muy feo. Están muy deprimidas y lloran por su papá”, dice.

Además no tener un ingreso para vivir es muy duro, observa.

“Cómo decirle a tu hija que no, cuando te pide que le compres algo”, pregunta dejando salir su impotencia.

La Opinión está a la espera de una confirmación del ICE sobre la deportación del mexicano Leonardo Antonio Valenzuela.

Byron Vázquez de la Casa de la Cultura de Guatemala, quien estaba apoyando a la familia, dice que es lamentable que el gobierno de Estados Unidos acepte en la frontera a solicitantes de asilo político, para luego separarlos; y lo que es peor, para mantener al padre encerrado durante meses en una cárcel y luego deportarlo.

“Si consideran que una familia no califica para asilo, tal vez debían decírselo de un principio, y  no castigarlos con la separación y cárcel.  ¿Para qué mantener bajo custodia a un padre que de acuerdo a ellos no reúne los requisitos para asilo? ¿Para hacer ganar dinero a las cárceles privadas?”, cuestiona.

Añade que es mucho el sufrimiento físico al que se somete a los hijos con la separación familiar al llegar a Estados Unidos. “Además, las fianzas que están solicitando para soltar a un inmigrante detenido, las están poniendo muy altas”, remarca.

Vázquez considera que es un castigo el que las autoridades de migración hacen pasar fa amilias como la del michoacano, que escapan de la violencia, venden sus propiedades y llegan al país solo para ser separados, encerrados por meses y deportados.

“Leonardo no cruzó illegal, sino por la puerta para pedir asilo porque es perseguido en su pueblo. Y lo que hacen es detenerlo y deportarlo para dejar a una familia huérfana”, lamenta.