Con los Jóvenes del G20 en Argentina


Creo que fue cuando entré al balcón de la Casa Rosada, con la amplitud de la Plaza de Mayo debajo, que comprendí la inmensidad histórica del lugar. Allí es donde se dieron, después de todo, los grandes momentos de la nación. Y yo también estaba en un momento o una experiencia única.

Estaba en Argentina, contratado como consultor por Knovva Academy, una empresa educativa de Boston y Beijing. Mi misión era acompañar a 19 jóvenes, representantes de países de Asia, América del Norte y América del Sur, que asistían como observadores a la reunión anual de la Y20, la rama juvenil del G20. Además, debía hacer una presentación sobre Política y Sociedad en Argentina, ayudarlos a redactar un documento sobre los cuatro temas de la reunión internacional y, algo que fue agregado a último momento, relatar mis experiencias como ex preso político en la Argentina de la década del 70, cuando las juntas militares gobernaban el país.

El G20 es una institución internacional en la que los países más industrializados del mundo y algunas economías emergentes se reúnen a fin de coordinar políticas económicas que, indudablemente, afectan a todo el planeta. Dentro de la organización hay diversas ramas como la de la comunidad de negocios, mujeres y, a la que asistimos nosotros, la juvenil o Y20. En 2018 Argentina tiene la presidencia de la G20 y, por ende, a lo largo del año se realizan reuniones en distintas ciudades del país que culminarán en una cumbre de presidentes, primer ministros y reyes a fines de noviembre. A la Y20 le tocó reunirse en Córdoba entre el 13 y 18 de agosto de 2018. Y hacia allí fuimos.

Pero antes de ir a Córdoba, pasamos cuatro días en Buenos Aires en donde, el 9 de agosto, hicimos una visita protocolar a la Casa Rosada. En el Congreso Nacional nos reunimos con diputados nacionales oficialistas, como Ezequiel Fernández Langan y Julio Sahad, que expresaron una visión optimista de la realidad política del país. También mantuvimos un animado intercambio con Marcelo Scaglione, subsecretario del Ministerio de Hacienda y representante argentino ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD), quien insistió que los serios problemas que confronta Argentina son temporarios. “No es necesario cambiar el rumbo económico. El camino elegido por el gobierno es el correcto”, dijo. Por otro lado, el vice-sherpa y representante argentino ante la G20, Diego Capelli, nos dio una charla informal en la que resaltó la importancia para Argentina de ser sede de estas reuniones internacionales.

Para escuchar una voz diferente de la situación nacional, acepté la invitación a cenar de mi viejo amigo Marcelo Vesentini, exministro del Medio Ambiente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, quien describió un cuadro diametralmente diferente. Argentina, en su opinión, está sufriendo las consecuencias de políticas neoliberales que a través de la desregularización del mercado y devaluación del peso están generando una redistribución regresiva de la riqueza nacional. Una política que ha favorecido al sector agroexportador y al capital especulativo y que implica un recorte dramático de subsidios, aumento astronómico de tarifas, una de las tasas inflacionarias más altas del mundo, desempleo y pobreza. “Argentina se encamina hacia una recesión y vaya a saber qué consecuencias políticas va a traer esta crisis. Es como que el barco avanza sin capitán”, comentó Vesentini.

Ya en Córdoba, el 13 de agosto, participamos de la apertura del Y20 que tuvo lugar en el campus de la Universidad Siglo XXI en donde fui invitado por el presidente y fundador de la prestigiosa casa de altos estudios a tomar un café en su despacho. Ocurre que a Juan Carlos Rabbat lo conozco desde mi juventud ya que fue mi compañero en la escuela secundaria, el Liceo Militar General Paz, y también estuvo preso político en el mismo centro de detención, la UP1, en donde estuve en los años de la dictadura militar.

En los grupos de trabajo que funcionaron en el seno de la Y20, los 19 jóvenes de Knovva Academy tuvieron una participación más que destacada. “Son unos jóvenes muy capaces”, dijo Agustín Batto Carol, presidente del comité organizador del Y20. En las sesiones de educación, futuro del trabajo, emprendimientos y desarrollo sostenido comentaron y debatieron una variedad de temas, de igual a igual, con los 70 delegados que representaban a los países del G20.

El jueves 16 teníamos programado una audiencia con el intendente de Córdoba, Ramón Mestre, pero me pareció más importante juntarme a los delegados de la Y20 que tenían en su agenda una visita a La Perla, ahora un museo pero, décadas atrás, uno de los mayores campos de concentración de la dictadura cívico-militar que rigió Argentina entre 1976 y 1983. Allí, junto a su director Emiliano Fassio, hijo de desaparecidos, y dos expresos políticos que estuvieron conmigo en la UP1, el exlegislador cordobés Enrique ´Kike´ Asbert y Antonio Alcázar, tuvimos la oportunidad de explicar la esencia del terrorismo de estado argentino. Después nos fuimos con Kike Asbert a comer una linda cena y rememorar los años de la dictadura en La Bici del Ángel, un restaurante en el centro de Córdoba cuyo dueño es un expreso político.

Al día siguiente, en uno de los salones de conferencia del Hotel Amérian tuve la oportunidad de exponer ante la delegación de Knovva Academy sobre mis experiencias como expreso político. A lo largo de mi vida, he hecho presentaciones en docenas de ciudades norteamericanas, pero esta era la primera vez que lo hacía en Argentina.

Entre las imágenes que proyecté en la pantalla apareció el Pasaje Santa Catalina en donde estuve detenido en la D2, una unidad de inteligencia en donde la tortura era rutinaria; las viejas paredes de la UP1, en donde estábamos incomunicados del mundo y donde 31 compañeros fueron asesinados en 1976 (Pablo Balustra, Hugo Miguel Vaca Narvaja, Raúl Bauducco y tantos otros); y un avión Hércules similar al que nos cargaron, encapuchados y encadenados, cuando en diciembre de ese mismo año pensamos que íbamos a la muerte, pero terminamos en la prisión de Sierra Chica, en la desolación del sur de la provincia de Buenos Aires. Y después apareció la alegría de saber que había sido adoptado por Amnistía Internacional, como prisionero de conciencia, y el traslado a la prisión de La Plata de donde saldría en libertad a los brazos de mi madre y de Mev Porter, una representante de Amnistía Internacional, que más tarde terminaría siendo mi esposa y con quien tendría un hijo al que algunos llamarían el ¨Pibe de Amnistía¨. En medio de la sala, Adelene, una de las estudiantes del grupo, lloraba desconsoladamente. Me acerqué y la abracé.

En la noche anterior al cierre oficial de la Y20 hubo una recepción en el Pabellón Argentina de la Universidad Nacional de Córdoba en la que aprovechamos para socializar e intercambiar tarjetas con estos jóvenes delegados de Francia, Sudáfrica, el Reino Unido, Arabia Saudita, Estados Unidos, Japón, México y otros países, pero cuando la música y baile comenzó, opté por una retirada táctica y me fui al centro de la ciudad a sentarme en El Ruedo que, a pesar de ser casi medianoche, todavía estaba abierto y lleno del bullicio de la gente. Y allí me quedé tomando un ´cortado´, mirando y escuchando la alegría de los cordobeses en ese comienzo de fin de semana largo y, dentro mío, muy dentro mío, pensando que aquí, en este mismo café, que incluso mantiene el mismo nombre, el oficial de inteligencia Calixto ´Chato´ Flores y su pandilla me arrestó hace casi cuatro décadas atrás cuando en Argentina se instauraba el estado terrorista. Irónicamente, ahora Flores está en una celda cumpliendo una condena a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad y yo estaba con 19 jóvenes soñadores que, como yo alguna vez, quieren construir un mundo mejor.

Néstor M. Fantini es profesor de sociología en Rio Hondo College