Crisis de estudiantes sin hogar en el Distrito Escolar de Los Ángeles

Crisis de estudiantes sin hogar en el Distrito Escolar de Los Ángeles
Miles de niños como Sheli Cortés Vega encuentran la estabilidad educative gracias al programa de la organización no lucrativa Schools on Wheels. (Jorge Luis Macias, Especial para La Opinión)

En medio de la crisis de vivienda que experimentan miles de personas en el condado de Los Angeles, hay aproximadamente 17,258 estudiantes pertenecientes al Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD) que no tienen un hogar fijo donde vivir, y el 69% de ellos (11,908) pertenecen a familias de origen latino: 5,834 mujeres y 6,073 varones.

Y, de acuerdo con el Proyecto de Jóvenes sin Hogar de California, a medida que se intensifica el desamparo en el “Estado Dorado”, la cantidad de niños sin hogar sigue aumentando. Desde 2014, el número de jóvenes sin techo en California se incrementó un 20 por ciento, a más de 202,329. Ello representa casi el 4% de la población escolar en general.

“La mayoría de estos estudiantes enfrentan condiciones de vida serias”, dijo Mónica García, presidente de la Junta Directiva del LAUSD. “Al joven que no tiene familia, papá, mamá o un hogar estable dónde vivir y dormir le afecta profundamente, pero también a muchos les da la motivación para conocer el poder de la educación y salen adelante en la vida”.

Sheli Cortés Vega, de 9 años de edad, vive en el desamparo junto a su abuelita Raquel Vega. (Jorge Luis Macias, Especial para La Opinión)

Sin hogar fijo

Una de estas niñas es Sheli Cortés Vega, de 9 años de edad, quien muestra un carácter, vivaz, despierto y alegre. Ella sabe que vive en el desamparo porque su abuelita Raquel Vega no tiene un hogar fijo.

Abuela y nieta viven desde hace cinco meses en el albergue de la sede de School on Wheels (Escuelas sobre Ruedas) de Los Ángeles, la organización sin fines de lucro que en agosto celebró  25 años de trabajo para cerrar la brecha educativa que afecta a los estudiantes sin hogar.

“Soy buena, amable, inteligente y cariñosa”, se define a sí misma la niña, quien cursa el cuarto grado en la escuela primaria Union Avenue Adelante.

Sheli disfruta levantarse a las 4:30 de la mañana. Su aventura diaria es viajar dos horas en autobus para ir a clases.

La abuelita, de 63 años de edad, dice que cada día toman el autobús 770 o el 68, de Boyle Heights a Los Ángeles; se bajan en la calle 5th y Grand, y de ahí caminan dos cuadras para llegar a la escuela.

“Soy amigable, pero no doy muchos besos y abrazos”, afirma. “Tengo muchos regalos y el amor de mi mami [Raquel Vega, su abuelita] es mi mejor regalo”.

Contrario a la gran mayoría de estudiantes que tienen bajas calificaciones como consecuencia de vivir en el desamparo, Sheli presenta un promedio académico de 4.0 en matemáticas “y algunas veces 3”, pero también destaca en ciencias e historia.

“De grande quiero ser doctora general para curar a todos”, expresa con ilusión.

“Yo quiero que mi niña estudie”, agrega la mujer oriunda de Ocotepec, Jalisco. “Le pido a Dios que me dé tiempo para cuando mi niña ya se sepa defender”.

Lo expresa porque la madre de Sheli está en México y el padre, aunque ambas saben que vive en San Leandro, California, abandonó a la niña desde hace siete años.

 

Sheli es muy buena estudiante y de grande quiere ser doctora. (Jorge Luis Macias, Especial para La Opinión)

“Sí, tengo papá, pero para mí es un desconocido”, dice Sheli. “Es como si no lo hubiera tenido nunca”.

Sin embargo, dice que su mejor amigo es Jesús, en quien confía con todo su corazón.

“¿Tú no conoces a Jesús?”, pregunta al entrevistador. “¡Pero si todo mundo lo conoce…es Dios!… a él yo le pido que me deje vivir otro día más para que me cure [la niña sufre de taquicardias] y que cuide al mundo, a mi familia y me deje levantarme otro día para no llegar tarde a la escuela”.

Estabilidad en medio de la incertidumbre

Desde 1993, Schools on Wheels brinda tutoría académica a los niños de kindergarten al grado 12 que viven en refugios, moteles, automóviles, albergues y en las calles del sur de California.

En su reporte de 2017, Catherine Meek, directora ejecutiva de la entidad, dio a conocer que un total de 2,029 voluntarios pasaron más de 100,000 horas dando clases a 3,370 niños sin hogar, distribuyeron más de 5,000 mochilas nuevas, útiles escolares, uniformes y fichas para el autobús a estudiantes.

“Muchos niños viven en hoteles carros, refugios o huyen de la violencia doméstica y por eso algunos no están con sus padres; a veces se retrasan con sus estudios y por eso vienen los tutores a ayudarles”, comentó Lisette Gaeta, administradora regional de Schools on Wheels. “Aquí buscamos proporcionar estabilidad a los estudiantes sin hogar en un momento de estrés y transición, y los ayudamos a lograr el éxito educativo para que puedan romper el ciclo de la falta de vivienda y la
pobreza”.

Por su parte, Lesem Puerto, coordinadora de programas de la organización, dio a conocer que en el albergue de Schools on Wheels – ubicada en el 207 al norte de la Calle Breed en el centro de Los Ángeles, atiende a un total de 110 personas – niños y adultos- de 27 familias, incluyendo mujeres embarazadas a quienes se les lleva al hospital para sus revisiones médicas y están en edad de ir al colegio.

Un sueño hecho realidad

“Estos niños no solamente han perdido su hogar, sino también un segundo hogar llamado escuela”, decía Agnes Stevens, la fundadora de Schools on Wheels. “Los niños deben estar en la escuela. Tienen que estar en donde es normal ser un niño”.

Stevens es una maestra que se sintió tan conmovida por el número y la situación de los estudiantes sin hogar que dedicó su vida a la creación -en 1993- de la organización sin fines de lucro para ayudar para ayudarlos: School on Wheels.

School on Wheels comenzó en Santa Mónica con un tutor y ahora opera en seis condados de todo el sur de California. En 2010, inauguró su centro de aprendizaje Skid Row y desde entonces ha abierto cinco centros de aprendizaje digital en Compton, el Valle de San Fernando Valley, Boyle Heights, Venice y Chino Hills.

“Cuando tenía 16 años estábamos sin hogar en Los Ángeles y pasamos noches durmiendo en autobuses y trenes y finalmente nos mudamos a un refugio en Skid Row”, dijo Josephine Bailey McLein. “Fue entonces cuando encontré School on Wheels. Su centro tenía internet y podía hacer mi tarea en algún lugar donde me sentía segura. Trabajé duro para obtener todos los requisitos para la universidad, pero nunca le dije a nadie en mi escuela secundaria que no tenía hogar. Ahora soy
estudiante de USC con especialización en biología humana y mi madre y mi hermana finalmente tienen un apartamento. School on Wheels me animó a seguir el ritmo de mi trabajo escolar y a cumplir mi sueño de ir a la universidad”.

 

El actor Kevin Beacon junto al personal de Schools on Wheels, en el centro de Skid Row.

“Si bien la falta de vivienda y la pobreza en la infancia son desalentadoras, realmente creo que cuando las personas se reúnen en torno a una creencia compartida, el cambio es posible”, dice Catherine Meek, directora ejecutiva de School on Wheels. “Hace 25 años, Agnes Stevens nos proporcionó un camino para este cambio y nos sentimos honrados por el apoyo de voluntarios y donantes para seguir marcando la diferencia en las vidas de estudiantes como Josephine y Sheli”.

Eliminando barreras

Si bien cada año, miles de estudiantes experimentan falta de vivienda, investigaciones realizadas por expertos han demostrado que es más probable que los estudiantes sin hogar tengan calificaciones más bajas en los exámenes estandarizados, sean propensos a repetir un grado y experimenten tasas de transitoriedad más altas que sus compañeros.

Mónica Carazo, portavoz del LAUSD, dio a conocer que desde 2006, los consejeros de servicios y asistencia estudiantil (PSA) han abogado por los estudiantes sin hogar.

De hecho, la Resolución de Acceso para Todos aprobada en 2006 por la Junta de Educación del LAUSD estableció el actual Programa de Educación para Personas sin Hogar para identificarlos, proporcionar capacitación y asistencia técnica al personal escolar y comunitario, así como facilitar la inscripción y acceso equitativo a todos los programas escolares para estudiantes sin hogar en todo el distrito.

La resolución buscaba garantizar el cumplimiento de la Ley McKinney-Vento de Asistencia a Personas sin Hogar, junto con la Every Student Succeeds Act (ESSA) o “Ley de Cada Estudiante Triunfa” que requiere que los distritos escolares eliminen las barreras a la inscripción, apoyen la asistencia regular y mejoren los resultados de los estudiantes.

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