La doctora que hace sentir bien a los niños inmigrantes

Claudia Martín llegó a L.A. cuando era una niña; hoy evalúa a estudiantes del LAUSD

La doctora Claudia Martín cuenta que el servir en áreas donde predomina el español la hace sentirse orgullosa. Sobre todo en los últimos meses, desde que comenzó a atender a niños inmigrantes que llegaron hace poco a Estados Unidos.

La mujer, de 36 años de edad, estudio medicina familiar y en la actualidad trabaja en clínicas que sirven a las escuelas del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD), el segundo distrito más grande del país después del de Nueva York.

Martín dijo sentir una afinidad con sus pacientes inmigrantes ya que conoce de primera mano lo que es llegar a un país donde no se habla el idioma ni se conoce la cultura.

“Yo me vine de Mexicali [México] sola cuando tenía 6 años”, cuenta y agrega que llegó a Los Ángeles en busca de su madre, quien había emigrado un año antes que ella.

“Recuerdo que no me gustaba la comida, no me gustaba el sabor para nada. Tampoco hablaba inglés”. No obstante, acepta que poco a poco se fue adaptando en el área de MacArthur Park.

Con paso del tiempo reforzó su objetivo de asistir a la universidad y aunque el camino le fue difícil también le ha sido gratificante.

“Primero tenía miedo de ir a la universidad porque pensaba que no lo iba a lograr y yo quería ser un modelo a seguir”, recordó.

“Ya en la universidad me tocó estudiar con alumnos privilegiados… [Ellos] habían tenido tutores y podían llamarlos cuando necesitaban; yo siempre tuve que trabajar extra. No tuve tutores”.

Nada de eso le hizo darse por vencida y por fin en 2014, logró graduarse como doctora de medicina familiar.

“Primero tenía miedo ir a la universidad porque pensaba que no lo iba a lograr y yo quería ser un modelo a seguir”, recordó Martín. “Ya en la universidad me tocó estudiar con estudiantes que son privilegiados. Habían tenido tutores y podían llamarlos cuando necesitaban y yo siempre tuve que trabajar extra. No tuve tutores”.

Sin embargo no se dio por vencida y en el 2014 Martín logró graduarse como doctora de medicina familiar.

Marín cuenta que con esfuerzo logró graduarse en 2014./ foto: Aurelia Ventura.

Un reflejo en sus pacientes

En el LAUSD la doctora Martín revisa a todos los estudiantes sin importar su estatus migratorio y en ese camino, dice haber notado que el hablar español le ha abierto las puertas y la confianza de la comunidad inmigrante latina.

“Casi nunca me pongo la bata blanca porque si [los estudiantes inmigrantes] me ven como ellos se sienten más relacionados y con más confianza”, recalcó la doctora.

Estadísticas demuestran que desde hace unos cinco años cerca de 12,000 menores “no acompañados” han llegado a Los Ángeles tras ser detenidos en la frontera porque van en busca de sus padres o de familiares.

Un número significativo de estos menores han sido inscritos en escuelas del LAUSD.

La doctora Martín dijo que al revisar a este grupo de niños se ha encontrado con situaciones dolorosas e
impactantes.

“Para muchos niños, esta consulta es la primera vez que van al doctor. Nunca los había tocado un médico y les da miedo al principio. [Algunos] no saben qué es una farmacia”, dijo Martín.

La doctora también recuerda claramente cuando ha tenido que dar noticias fuertes a padres de niños que no sabían que aquellos padecen enfermedades crónicas.

Aunque disfruta de su especialidad, la doctora dice que se ha chocado con historias dolorosas./ foto: Aurelia Ventura. 

“Me ha tocado ver a niños con parálisis cerebral, distrofia muscular y nadie les había dicho a sus padres”, dijo la doctora. “He tenido que tomarme un tiempo para reponerme cuando me entero de estos casos”.

Otro grupo son los adolescentes inmigrantes quienes enfrentan problemas emocionales y mentales pero temen hablar con los consejeros o trabajadores sociales por la barrera del idioma.

“Cuando reviso a adolescentes me cuentan sus cosas personales pero cuando van con el trabajador social no hablan. Entonces yo los he acompañado y hacemos una entrevista en equipo y así se sienten más a gusto”, señaló.

“A veces yo les explico que yo evalúo el cuerpo pero hay especialistas que se enfocan en los problemas psicológicos”.

La doctora Martín dijo que gracias a la fortaleza de estos niños ha aprendido a valorar la vida mucho más.

“Ellos son muy valientes, sonríen y tienen esa luz. Son muy agradecidos y te piden las cosas ‘por favor’”, dijo la doctora. “Ahora he aprendido a valorar todo lo que tengo. Muchas veces con lo ocupados que estamos se nos olvida ser más humildes y saber que todos necesitamos de todos”.

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