Líder comunitaria de Boyle Heights enfrenta desalojo

Dice que siempre ha buscado mejoras en su barrio y hoy con tres hijos y un esposo delicado, le dieron cinco días para irse
Líder comunitaria de Boyle Heights enfrenta desalojo
Teresa Alfaro esta preocupada que pueda ser desalojada de su hogar donde ha vivido por más de 20 años en Boyle Heights. (Jacqueline García)

Teresa Alfaro, una conocida líder comunitaria quien lucha en contra del aburguesamiento en su barrio de Boyle Heights, enfrenta ahora la misma suerte luego de recibir una notificación para que desaloje su hogar, un departamento en el que ha vivido por más de 20 años con su familia.

La mujer de 52 años de edad, comentó que a principios de 2018 el complejo dúplex donde ella vive —localizado cerca de la intersección del bulevar Whittier y la calle Matthews— fue vendido y que el nuevo dueño le pidió que se firmara un nuevo contrato.

Alfaro confiesa que se negó. “[El nuevo contrato] tenía cosas en las que yo no estaba de acuerdo, como por ejemplo no tener mascotas.

Yo he tenido a mis dos [perros] chihuahuitas por años”, dijo la activista, quien asegura que nunca tuvo problemas con el dueño anterior por sus animales.

Por ello, dijo que se negó a firmarlo hasta llegar a un acuerdo con el nuevo dueño.

Sin embargo, la mujer de origen mexicano cuenta que luego de ello, no volvió a escuchar del hombre —identificado como Luis Martínez— pero que se dio cuenta que su vecina del apartamento adyacente, Martina Gallegos, enfrentaba el desalojo.

“A ella le dijo que se tenía que ir porque él [el nuevo dueño] se iba a mudar a ese apartamento”, cuenta.

El mes pasado, Alfaro dijo haber recibido una carta de Martínez donde le daba tres días para desalojar el apartamento sin explicación
alguna.

La Opinión intentó comunicarse con Martínez para obtener una declaración pero hasta el cierre de esta edición no recibió respuesta.

“Yo llevé la carta con Elizabeth Blaney [de la Unión de Vecinos] para que me ayudará”, dijo Alfaro.

Ahora ambas inquilinas —quienes supuestamente tienen hasta el 15 de septiembre para irse— se han unido para pedir ayuda de la comunidad y evitar quedarse sin un lugar dónde vivir.

Trabajo para la comunidad

Alfaro y Gallegos dicen haber trabajado hombro a hombro en su vecindario para transformar el callejón adyacente al edificio, el cual —indican— estaba infestado de ratas y era inseguro. Ahora, sin embargo, es un lugar limpio y pavimentado donde llevan a cabo celebraciones comunitarias y para los jóvenes.

Como parte de su liderazgo también han organizado a sus vecinos para instalar luces que funcionan con energía solar, murales y un jardín para la comunidad.

“[Martínez] no tiene motivo para desalojarme y no me da ninguna excusa… Yo sé que él quiere el apartamento para rentarlo al triple de la cantidad que yo pago”, dijo Alfaro, quien paga poco más de $500 por el lugar de dos recámaras.

Agregó que en su área, otros apartamentos similares oscilan entre $1,500 a $2,000.

“No sabemos qué vamos a hacer si nos sacan. No sé a dónde voy a ir, solo pensar en el desalojo me duele la cabeza”, dijo la activista, quien vive con su esposo, de 62 años, y sus tres hijos, de 28, 15 y 13 años de edad.

A la angustiosa situación, se suma que su esposo Isaac Flores, no ha podido trabajar desde hace un año cuando sufrió un derrame.

“Antes yo también trabajaba cuidando niños pero ya no puedo porque le puede pasar algo [a mi esposo]. Qué tal que si se cae”, dijo la mujer señalando unos cinco o seis escalones que tienen que subir para llegar a su apartamento.

Alfaro esta al cuidado de su marido quien tuvo un derrame el año pasado y no ha podido regresar a trabajar. (Jacqueline García)

Desalojos masivos

Elizabeth Blaney, organizadora de inquilinos de la Union de Vecinos, dijo que el administrador del edificio está utilizando tácticas para sacarlas con el objetivo de obtener más ganancias.

Una de estas tácticas, indica, es la excusa de que supuestamente él se quiere ir a vivir ahí. Ésta es una de las razones válidas para que el inquilino desaloje la propiedad aunque no haya cometido ninguna falla y sin importar que el contrato no haya vencido.

“Sospechamos que quiere sacarlas para poder doblar o triplicar la renta… No creemos que él se quiera ir a vivir ahí”, dijo Blaney.

El departamento de vivienda de Los Ángeles explica que bajo algunas circunstancias el dueño de la propiedad puede remover a los inquilinos, quienes no hayan cometido ninguna falla, siempre y cuando les pague los costos de reubicación.

No obstante, las arrendatarias y los activistas no piensan quedarse de brazos cruzados.

Blaney dijo que este jueves se planeaba llevar a cabo una marcha desde la calle Cuarta y Soto hacia la Whittier in Matthews en un intento por evitar el desalojo.

Mientras tanto, Alfaro que reza para poder quedarse en su casa ya que está a cargo de su esposo incapacitado y sus gastos son muy estrechos.

“Mi hijo el más pequeño ya dijo que se quiere ir a trabajar para ayudarnos”, dijo preocupada.

Para saber más acerca de la protesta del 13 de septiembre en Boyle Heights visite: https://www.facebook.com/events/775019892833132/