Por la Proposición 8, por un paciente de diálisis

Por la Proposición 8, por un paciente de diálisis
La segunda causa de muerte para los pacientes de diálisis es la infección. (Archivo)

He sido paciente de diálisis durante siete años, por eso me enoja que, en su editorial ¡No a la Proposición 8! (14 de sept.), La Opinión haya copiado los puntos del discurso de las corporaciones acerca de la Proposición 8: una iniciativa para mejorar la atención al paciente, que aparecerá en la boleta de votación el 6 de noviembre en California

La atención en la diálisis está pasando por problemas en California. Las clínicas no tienen suficiente personal. Las instalaciones no son higiénicas. Y los pacientes se están muriendo de infecciones y paros cardíacos. Esto está ocurriendo porque las dos compañías más grandes que dominan la industria —DaVita y Fresenious— valoran más sus 4,000 millones de dólares de ganancias que a sus pacientes.

Es una situación extremadamente difícil que afecta a más de 66,000 californianos: una cantidad desproporcionada, de la cual la mayoría somos hispanos. Quienes padecemos insuficiencia renal muchas veces tenemos que ir a clínicas de diálisis 3 días a la semana, a sesiones de 3 o 4 horas para que nuestra sangre sea vaciada, limpiada y devuelta a nuestros cuerpos. Sin ese tratamiento, nos morimos.

Por eso es que estoy horrorizado ante las condiciones de las clínicas. Estamos ante un gran riesgo de infección debido a la apertura en nuestro cuerpo donde se conecta el tubo de diálisis, y aún así estas corporaciones empresariales millonarias optan por no dar todos los pasos que se requieren para protegernos. En cambio, reducen costos en modos pequeños, pero significativos. Dejaron de proporcionar cubiertas de plástico para los asientos, las cuales protegen a los pacientes, y ya no ofrecen a los pacientes medicinas antidiarreicas, a pesar de que la diálisis induce diarrea. Eso apesta a avaricia y ocurre a expensas mías y de todos los demás pacientes.

En la clínica a la que acudía anteriormente en Irwindale, vi cucarachas corriendo por el piso. No fue sólo una vez: vi cucarachas muchas veces. Además teníamos moscas. Las moscas volaban y aterrizaban sobre mí y otros pacientes. El personal me decía que las espantara, pero eso es casi imposible cuando estoy conectado a la máquina de diálisis y no puedo agitar mis brazos.

He visto a técnicos de atención al paciente hacerse cargo del tratamiento de ocho o nueve pacientes a la vez, cuando la meta no escrita de la compañía es no tratar a más de cuatro pacientes al mismo tiempo. Los trabajadores no tienen ni un minuto libre: a veces están limpiando una máquina de diálisis para prevenir infecciones mientras el paciente todavía se está recuperando en la silla después del tratamiento. Me preocupa: cuando los encargados de atendernos están trabajando tan rápido, ¿realmente pueden limpiar las cosas y protegernos del modo que deberían?

La Proposición 8 está diseñada para presionar a estas grandes empresas a que destinen más dinero a los pacientes y menos a los ejecutivos, a las oficinas centrales de sus corporaciones y a los accionistas.

Pero la industria de diálisis está luchando furiosamente por proteger sus ganancias. Se ha comprometido a pagar $53 millones para asustar a la gente y que vote en contra de la Proposición 8.

Si las corporaciones de diálisis verdaderamente rindieran cuentas a sus pacientes, destinarían ese dinero a mejorar los niveles de dotación de empleados, a reemplazar el equipo descompuesto y a limpiar las instalaciones antihigiénicas.

Mi vida ha cambiado dramáticamente desde que empecé a recibir tratamiento de diálisis. Yo antes trabajaba. Tenía energía para jugar con mis nietos. La diálisis es algo difícil para mí, pero no tiene por qué ser así. Quiero que las compañías de diálisis traten a los pacientes como yo con dignidad, y eso comienza con los votantes apoyando la Proposición 8.