Borrón y cuenta nueva. Celebran 20 años de programa de remoción tatuajes

Providence Holy Cross Medical Center ofrece el servicio cada sábado a expandilleros y otras personas que quieren borrar las huellas del pasado
Borrón y cuenta nueva. Celebran 20 años de programa de remoción tatuajes
Una doctora remueve tatuajes a un paciente en el programa de Providence Holy Cross Medical Center. (Francisco Castro)

Al caminar por la calle, Richard Gandara no puede pasar desapercibido.

Tiene tatuajes en ambos brazos, en el pecho, cuello, pero aún más notorios son los que lleva en la mejilla derecha y sobre la ceja izquierda.

“Eso crea mucha atención negativa”, dice el hombre de 36 años.

Empezó a tatuarse en la adolescencia, y admite que cometió muchos errores de joven, que lo llevaron a la cárcel.

Pero dejó las pandillas y la delincuencia en el pasado y hoy es un trabajador de la construcción, casado y con hijos que busca regenerarse.

Pero las marcas en su cuerpo delatan ese pasado y le crean problemas.

 

Richard Gandara es un cliente actual del programa, quien intent borrar las huellas de su pasado. (Francisco Castro)

 

“La policía me para por cualquier cosa”, detalla. “La gente me mira y piensa que soy esa persona que fui, pero ya no soy”.

Desde hace dos años, en dolorosos tratamientos cada seis semanas, Gandara “borra” ese pasado – literalmente – en el programa de remoción de tatuajes de Providence Holy Cross Medical Center en el Valle de San Fernando.
Poco a poco ha ido desapareciendo el nombre de su exesposa que lleva en la mejilla, así como el de su madre sobre su ceja, los que más le preocupan.

Borrando el pasado

Sin el programa gratuito de remoción de estas marcas corporales, Gandara dice que no sabe qué haría. “Esto (el tratamiento) cuesta 200 dólares (por sesión) y no puedo pagarlo”, expone. “Esto me ha ayudado mucho”.

Este jueves, el programa celebró 20 años borrando el pasado de expandilleros y otros que se arrepienten de los arrebatos de la juventud.

El Dr. Bernard Klein, director ejecutivo de Providence, dijo que la idea del programa surgió en medio de una guerra de pandillas donde muchos terminaban en la sala de emergencia a consecuencia de ataques perpetrados, en ocasiones, solo por sus tatuajes. Al mismo tiempo que veían que muchos que querían dejar esa vida atrás no podían al carecer de recursos para borrar las huellas del pasado.

Por eso, dijo, el programa ha sido tan exitoso, aunque parte del crédito es a las personas mismas que quieren cambiar su vida y tienen “la valentía, el compromiso, el deseo y una tolerancia al dolor para recibir el tratamiento”.

Y sí que es doloroso, admiten los pacientes, pues doctores usan un láser que literalmente “quema” la superficie de la piel y borra los tatuajes.

Los servicios, que se ofrecen los sábados por doctores voluntarios, son gratuitos. A cambio de las sesiones de eliminación de tatuajes con láser, los clientes deben realizar un servicio comunitario o asistir a clases. 48 horas de servicio comunitario les da acceso a tres tratamientos. Si necesitan más sesiones, necesitan hacer más servicio comunitario.

Pero vale la pena, dice Samuel Lazalde, otro expandillero y recluso a quien el programa le ayudó a borrar algunos de sus tatuajes y hoy en día trabaja con la oficina del procurador de la ciudad de Los Ángeles.

“Los tatuajes eran un símbolo de estatus. Así es como yo creía que debía verse un hombre”, dice en referencia a su padre, quien también tenía tatuajes.
Pero en 2009, después de salir de la cárcel, le dispararon en la cara a dos cuadras de su casa, y él considera que fue a causa de los tatuajes que tenía.

Terminó en la sala de emergencia de Providence, donde le salvaron la vida.

Ese disparo lo hizo dar un giro a su vida y por eso decidió remover algunas de las marcas corporales que tuvo por largos años. “Estaba listo para cambiar”, dice.

Para más detalles sobre el programa, llama al (818) 847-3860.