Sobreviviente de la Guerra Civil de El Salvador consigue residencia a través de la ley NACARA

Finalmente podrá comenzar a planear su vida después de vivir con miedo y sin saber que sería de su futuro
Sobreviviente de la Guerra Civil de El Salvador consigue residencia a través de la ley NACARA
José Ignacio Zepeda, sobreviviente de la Guerra Civil de El Salvador se hace residente a través de Nacara. (Foto suministrada).

José Ignacio Zepeda, un hombre de 33 años que sobrevivió a un bombazo durante la Guerra Civil de El Salvador, logró la residencia estadounidense a través de la ley de Ajuste para Nicaragüenses y Alivio para Centroamérica (NACARA) después de vivir 18 años como indocumentado.

“Hace unos días me llegó la notificación de que me aprobaron la residencia. Inmediatamente le hablé a mi mamá para darle la noticia. Le dije siéntese, porque tengo algo que decirle. Cuando escuchó la buena nueva, gritó de emoción”, dice José Ignacio.

Fue gracias a una petición que hizo a través de su madre, quien se hizo residente permanente bajo la ley NACARA, que él pudo obtener la residencia.

NACARA fue aprobada en 1997. Provee beneficios a inmigrantes de ciertos países – en particular Cuba, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y algunos de la desaparecida Unión Soviética. No tiene fecha de vencimiento para salvadoreños y guatemaltecos.

José Ignacio cuando era niño, y su familia tuvo que salir de El Salvador a causa de la Guerra Civil. (foto suministrada).

La guerra de El Salvador

José y su madre son sobrevivientes de la Guerra Civil de El Salvador – 1980 a 1992. El conflicto los sorprendió en la Colonia Zacamil. Un grupo armado de guerrilleros los secuestró durante una semana.

Un batallón de la Fuerza Armada de El Salvador lanzó una bomba sobre las viviendas donde se sospechaba estaban los guerrilleros resguardados con sus secuestrados.

Milagrosamente, José Ignacio y su mamá sobrevivieron.

En 1988 salieron de El Salvador, pero tres años después regresaron y la madre dejó a José Ignacio en su país, y retornó a Estados Unidos. El muchacho reingresó a Estados Unidos por el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles en 2003, a los 17 años con una visa de turista que se expiró rápidamente.

Su madre ya había logrado arreglar su residencia bajo la ley NACARA y presentó una petición familiar para que su hijo viniera a reunirse con ella en Estados Unidos.

“Mi papá me echó de la casa en El Salvador y nunca me avisó que recibió un aviso de migración para que me presentara a una entrevista. Migración pensó que ya no me interesaba”, rememora José Ignacio.

Ya en el país, trató de obtener su residencia cuando su madre presentó una petición familiar de nuevo, pero no prosperó. “En 2013 me dieron un permiso de trabajo que me cancelaron unos cuantos meses después por la entrevista de residencia a la que no asistí cuando vivía en El Salvador,” cuenta.

José Ignacio vivió 18 años como indocumentado.

Aunque su récord estaba limpio, vivía atemorizado. “Cualquier cosita mal que hiciera podía arruinarme. Tenía miedo de viajar y que me fueran a detener. Lo más que llegué a viajar fue entre California y Nevada”, dice.

Logra el alivio migratorio

Gastó mucho dinero en abogados tratando de arreglar su situación migratoria. “Esa fue la razón por la que no fui a la universidad. Prefería gastar en asistencia legal que en mis estudios”, cuenta.

Fue su madre quien le aconsejó hacer un último intento por arreglar su situación migratoria.

“Cuando hablé con la abogada Cecilia Murillo de las oficinas del abogado Eric Price no quise tener muchas expectativas. Me mantuve entre alegre y precavido. No quería ilusionarme”, reconoce.

Pero cuando finalmente el mes pasado pudo tener el documento oficial donde le informaban que su residencia fue aprobada, saltó de felicidad.

“Finalmente voy a poder pensar y planificar mi futuro”, confía. “Antes ni siquiera podía ahorrar para el fondo de retiro 401K. Decía para qué si me deportan, lo voy a perder todo”.

José Ignacio es soltero y sin hijos. “No saber qué iba a ser de mi me hizo no querer comprometerme, ni tener una familia. No quería una relación separada de mis hijos”, acepta.

Ya como residente, lo primero que quiere hacer es viajar. “He vivido mucho tiempo sintiéndome como atrapado en una jaula”, confía.

Ya como residente de Estados Unidos, José Antonio quiere hacer un viaje en bicicleta de Nevada a Tijuana, México. (foto suministrada)

El proceso

En el 2016, la abogada Murillo de  las oficinas legales de Eric Price estudió a fondo el caso del migrante y determinó que como víctima de la violencia de la guerra civil en El Salvador, su presencia en Estados Unidos en 1988, y el vivir en el país permanentemente cinco años o más, eran factores determinantes para solicitar los beneficios migratorios de NACARA.

“Cuando me enteré que su mamá obtuvo la residencia por medio de NACARA cuando él era menor de edad y no estaba casado, me di cuenta que podíamos pedirla también para José”, explica la abogada.

“Se tardaron cinco meses en darnos la entrevista, y nueve en tomar una decisión a favor de José”, afirma.

Precisa que la ley NACARA permite dar beneficios de residencia a hijos y cónyuges. “Expusimos además en la petición que José podía presentar sufrimiento extremo si se le negaba la residencia”.

“Él pudo hacerse residente hace muchos años, pero ninguno de los abogados que vio antes le preguntó cómo arregló su mamá su estatus migratorio. Ella obtuvo la residencia bajo la ley NACARA en una oficina de asilo”, explica.

La abogada en migración dice que como José Igancio, puede haber otras personas, quizá algunos amparados con el Estatus de Protección Temporal (TPS) que podrían obtener el beneficio de NACARA u otro alivio. “Solo basta con revisar sus casos para ver si califican”, observa.

José Ignacio actualmente trabaja en Las Vegas, y su sueño es tener un empleo en Los Ángeles para estar cerca de su mamá .

Aficionado al ciclismo, se ha puesto como meta pedalear de Las Vegas a Tijuana, México para celebrar su residencia.