Dos tragedias: Pittsburgh y Brasil

Podemos estar en el umbral del fin de los avances democráticos y la libertad, o en el inicio de una era de oscuridad. El reto para la humanidad es crucial.
Dos tragedias: Pittsburgh y Brasil
Foto: Jeff Swensen/Getty Images

Dos tragedias sucedieron el domingo 28 de octubre. Un racista entró a una sinagoga en Pittsburgh y asesinó a 11 personas solamente por ser judíos. Los brasileños eligieron a Jair Bolsonaro, un militar racista, homófobo, enemigo de la libertad, la justicia, la dignidad humana y el medio ambiente.
El asesino dejó señales de odio racial especialmente en internet, sin que los mecanismos de detección reaccionaran. La respuesta de Trump, muy apropiada a su nivel, fue vergonzosa. Apoyó a la industria de las armas sugiriendo que de haber habido gente armada eso no hubiera sucedido. O sea que tantos las escuelas como los centros de culto deben atrincherarse. Mientras, no hay políticas para cerrar los centros de odio. De existir hubieran evitado que el odiador mayor llegara a la presidencia.
Bolsonaro fue electo con holgura no obstante las llamadas de alerta desde todo mundo. Con loas a la dictadura, el fascista ofrece derrotar al socialismo y al comunismo, y ya ha amenazado con facilitar la depredación del Amazonas. La tragedia de Brasil empezó cuando la ultraderecha se valió de una nimiedad para deponer a la presidenta Rousseff. La izquierda había caído bajo el encanto de la corrupción, aunque creó empleos y empezó a sacar a la gente de la miseria. Brasil va hacia atrás y no tardarán los batallones de ejecución en sembrar las calles con las víctimas de su intolerancia.
Uno de los grandes países de América Latina se une al muy preocupante crecimiento de la ultraderecha en el mundo. Democracias como Estados Unidos, Alemania, Holanda, Francia, Grecia, Italia, Finlandia, Dinamarca, Suecia, Hungría, Croacia y Austria están sufriendo el embate ultraderechista, con su carga de odio.

En Inglaterra el líder del laborismo ha sostenido un discurso judeófobo disfrazado de anti-israelí y en la Cámara de los Lores una baronesa acusó a Netanyahu de ser responsable del asesinato en la sinagoga de Pittsburgh.
Estas fuerzas tienen en común su rechazo a los migrantes, su tendencia neonazi, su odio a los judíos y los musulmanes. Comparten la visión de las opciones violentas para acomodar el mundo según sus ideas y conveniencia. Son fuerzas aislacionistas y tribales y buscan destruir a la Unión Europea, el ejercicio más avanzado en la dirección de la eliminación de fronteras y la construcción de identidades colectivas.
La ultraderecha ha crecido políticamente en algunos países europeos han tomado el poder o están a un paso de hacerlo.
También en México crece la ultraderecha. Los neonazis marchan contra la caravana hondureña, se ha apoderado de partidos políticos y buscan llegar al gobierno con López Obrador.
Frenar el discurso de odio es imprescindible, aunque nos pone ante la disyuntiva de limitar la libertad. El portal desde donde el asesino de Pittsburg acusó a los judíos dijo estar defendiendo la libertad de expresión.

La disyuntiva es coartar la libertad de expresión de racistas, xenófobos, o dejar el espacio abierto para que su discurso siga causando estragos.
La humanidad no puede tolerar que los radicales de ultraderecha utilicen los mecanismos democráticos para asesinar la democracia. Bolsonaro liquidará los avances que logró Brasil después de 21 años de dictadura militar, conocida por innovar métodos de tortura, aunque para Bolsonaro el error fue que no mataron y solo torturaron. Brasil se podría convertir en un centro de pensamiento y acción violenta para varios países del mundo.
Parece estar configurándose una internacional ultraderechista que hará avanzar las posturas de intolerancia y de odio y buscará crear un mundo de persecución y exterminio hacia los que piensan distinto.
Podemos estar en el umbral del fin de los avances democráticos y la libertad, o en el inicio de una era de oscuridad. El reto para la humanidad es crucial.