Editorial: Trump y General Motors

Este caso muestra también las diferencias en la economía, en que el drama de uno es la alegría del otro

GM cerrará 7 factorías en todo el mundo. EFE/ Jeff Kowalsky
GM cerrará 7 factorías en todo el mundo. EFE/ Jeff Kowalsky
Foto: EFE

Estados Unidos vive una de las expansiones económicas más largas de su historia. Hay un crecimiento sólido y una alta confianza del consumidor. Sin embargo, General Motors cierra cinco plantas despidiendo 14,000 empleados.

La globalización es más fuerte que el proteccionismo de las promesas populistas y las guerras comerciales.

El anuncio de la automotriz es una cachetada al discurso del presidente Donald Trump de que él va regresar la industria que durante décadas se fue a otros países atraídos por una mano de obra más barata, que le permite aumentar los márgenes de ganancias.

La explicación de General Motors muestra los diferentes factores en juego que dificultan el control de las grandes corporaciones por parte de los gobiernos. La empresa dice que las fábricas condenadas producen autos tipo estándar que no son tan populares en EEUU como lo es el SUV. Explican que las tarifas impuestas por Trump al aluminio y al acero encarecen sus costos. Por último, que el cambio está en línea con sus proyectos para autos eléctricos y sin conductor.

La guerra comercial con China iniciada por Trump ya está costando miles de millones de dólares en la agricultura. Adicionalmente, ahora se cumplen lo vaticinado en su momento de que los aranceles al aluminio y acero extranjero impuestos por este gobierno iban a repercutir negativamente en otras industrias.

Este caso muestra también las diferencias en la economía, en que el drama de uno es la alegría del otro. Mientras que miles de trabajadores ponderan su futuro, las acciones de la automotriz se elevaron rápidamente en Wall Street. La Bolsa  de Valores hace tiempo que dejó de reflejar la salud financiera de la mayoría de los estadounidenses.

La globalización abrió una caja ya no se puede cerrar. El movimiento de empresas en busca de menores costos es una bonanza temporal para los trabajadores de las naciones más pobres. Los de las naciones más ricas son los que vieron la caída de sus salarios.

El problema es que nadie realmente se preocupó por estos últimos. La gran empresa que aumentó sus ganancias con la salida al exterior, las repartió entre accionistas y compensaciones millonarias para sus ejecutivos. Bien se pudo destinar algo para la recapacitación laboral y desarrollo de los desplazados. Los gobiernos tampoco pensaron seriamente en ello.

El resultado es la gran frustración que llevó a la elección de alguien como Trump, que les promete regresar a un pasado imposible de replicar. En Indiana se dio incentivos impositivos para que la empresa Carrier no se vaya a México. La empresa los aprovechó para luego seguir con lo planeado. Y lo mismo pasó en otros estados.

Más que por preocupación por los trabajadores, Trump se preocupa por su prestigio a prueba. Ofrece soluciones detrimentales como cortar los subsidios para autos eléctricos y no piensa en alternativas para los trabajadores. Estos deben organizarse, levantar su voz y convertirse en participantes activos en esta crisis.