Los Pinos sin el presidente de México

AMLO no vivirá allí. Así fue el primer día como centro cultural de la residencia presidencial
Los Pinos sin el presidente de México
Familias de todo tipo visitaron Los Pinos.

MEXICO.-  Reyes  Valenzuela y Aniceto Polanco llegaron desde Los Angeles y se postraron en el salón que hizo de oficina presidencial a Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón y Vicente Fox. Los 11 mandatarios previos habían escogido otras salas, pero los tres últimos tuvieron buen gusto: desde cualquier punto de ella se mira el primoroso jardín a través de las altas ventanas.

Los migrantes también miraron las cortinas aterciopeladas en color beige, la duela de madera de cedro brillante y lustrosa, los muebles de caoba tal como lo hicieron miles y miles de visitantes que el fin de semana acudieron a la Residencia Oficial de Los Pinos, que durante 77 años fue la casa de 14 presidentes de México pero no de Andrés Manuel López Obrador, quien tomó posesión el 1 de de diciembre y desde entonces la convirtió en un centro cultural abierto al público

“Vinimos desde California a la toma de posesión de López Obrador porque creemos él va a devolver toda la riqueza a nuestro país. Y aquí en Los Pinos lo estamos viendo: ¡Gracias a Dios que ya regresó al pueblo!”, dijo Polanco en voz alta y Valenzuela le hizo segunda.

“Me parece que esto es un símbolo de libertad y de riqueza y que ambas cosas son de todos”.

De izquierda a derecha, los migrantes angelinos Reyes Valenzuela y Aniceto Polanco
De izquierda a derecha, los migrantes angelinos Reyes Valenzuela y Aniceto Polanco

No es la primera vez que el acceso a Los Pinos es público (Fox y Calderón permitieron  las visitas guiadas del 2000 al 2012), pero sí será la primera vez que se puede entrar literalmente hasta la alcoba y abierto de martes a domingo de 10:00 de la mañana a 5:00 de la tarde, sin previa cita.

Los primeros visitantes –que se calculan 60,000 en dos días— se apresuraron por mucho a  recorrer cada rincón, principalmente donde las familias de los presidentes tenían su vida cotidiana.

La cocina, las salas de estar, el comedor con sus 28 sillas sobre la alfombra blanca y las lámparas de cristal, las alcobas y el sótano, donde estaban los cuartos de lavado a lado del “búnker” que mandó acondicionar Felipe Calderón para discutir asuntos de seguridad nacional cuando declaró la guerra al narcotráfico en 2006.

Durante esa época, los reporteros de la fuente presidencial rumoraban que el exclusivo cine que también se encuentra en el sótano se había convertido en la cantina del entonces secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño.

Una estudiante pasea por el comedor principal.
Una estudiante pasea por el comedor principal.

“Lo que no me gustó es que no dejaron nada para ver en las recámaras, ni camas, ni burós, ni un rodapié  o almohadón siquiera: eso hubiera estado interesante”, lamentó Mirna Tello, una poblana que estuvo de visita en silla de ruedas junto con sus dos hijas.

Entre los espacios más comentados estuvo la biblioteca José Vascocelos, previa la oficina presidencial donde se encuentra una colección de libros de historia de arte, literatura, música e enciclopedias de todo tipo, del mar, de países…

“Seguramente Peña no leyó ninguno”, repetían una y otra vez los visitantes que avanzaban en filas: familias enteras,  hombres, mujeres, solos o con grupos guiados por empresas privadas que explicaban la historia de la residencia.

En su momento, el presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940) hizo algo semejante a la idea de López Obrador. El entonces mandatario determinó que los presidentes dejarían de vivir en el Castillo del Bosque de Chapultepec y, en cambio mandó a construir Los Pinos, a quien dio el nombre en honor a la finca donde conoció a su mujer.

Grupos de ciclistas a su arribo a Los Pinos
Grupos de ciclistas a su arribo a Los Pinos

Los pinos es un complejo de naves ubicadas en 56 hectáreas: el Molino del Rey, el Museo del Estado Mayor Presidencial , la Casa Miguel Alemán, la Casa Miguel de la Madrid, el Salón Venustiano Carranza y la Casa Lázaro Cardenas, rodeado de ahuehuetes, pinos, liquidámbares, truenos, cedros, álamos, hortensias, lirios y rosales.

En el acceso al Molino del Rey (construido en el siglo XVI para la fabricación de harina), José Israel, un guardia presidencial de 50 años, retirado, era el único triste  del fin de semana. Se plantó frente al monumento al cuerpo militar que durante décadas fue responsable de la seguridad del presidente y leyó: “Al presidente no se le toca”.

“Ojalá el nuevo presidente reconsidere su decisión y si no le gusta aquí que se mande a hacer otro lugar pero que sea seguro”.

Pero la fiesta continuó: por las calzada de los presidentes, las escalinatas (donde alguna vez Angélica Rivera se tomó algunas fotos en poses sensuales), las placetas y balcones. Entre las esculturas en oro de Juan Rulfo y Javier Marín, los cuadros de Siqueiros, de Luis Nishizawa y Luis de Icaza. “Claro que teníamos curiosidad, dice Rubén Silva quien llevó a su esposa alemana y a su madre. “Queríamos ver como vivían los faraones de México”.