Un acto de misericordia contra este duro invierno

Seis iglesias ofrecen servicios básicos y humanitarios a centenares de personas sin hogar en el Valle de San Gabriel
Un acto de misericordia contra este duro invierno
El desamparado Juan Correa saluda a Bob McKennon, coordinador del refugio de la Iglesia Presbiteriana Glenkirk. / foto: Jorge Luis Macías
Foto: La Opinion

La noche del viernes era fría en la ciudad de Glendora y la temperatura ambiental marcaba una sensación térmica de menos de 40 grados; no obstante en el refugio para unos 175 desamparados de la Iglesia Presbiteriana Glenkirk, decenas de individuos lograron encontrar un refugio seguro, una cena caliente y cobijas para mitigar los efectos del gélido clima.

Desde el 1 de diciembre de 2018 al 3 de marzo de 2019, personal y dirigentes de la Coalición para las Personas sin Hogar del este de San Gabriel (ESGVCH), una organización sin fines de lucro, tienen la misión de brindar esperanza y restaurar la dignidad a las personas y familias sin hogar en la región del Valle de San Gabriel.

“Nosotros hemos sido bendecidos y atender a las personas de la calle es tomar muy en serio mi fe”, dijo Bob McKennon, de 83 años de edad y quien es coordinador general del refugio de la coalición.

“Lo he hecho desde 1990 y lo haré hasta que el Señor me lo permita; muchos más podríamos hacerlo si tomáramos en serio nuestra fe”.

En la apertura del refugio invernal para desamparados de la coalición ya participan o participaron —además de la iglesia Glenkirk— las parroquias católicas Iglesia Santa Dorotea, de Glendora; del Sagrado Corazón de Covina; San Juan Vianney, de Hacienda Heights; Iglesia del Santísimo Nombre de María, de San Dimas y Santa Elizabeth Ann Seton, de Rowland Heights.

“El programa comenzó en la iglesia de San Juan Vianney”, indicó McKennon. “En la década del 90 comenzaron a abrirse las puertas a los
desamparados cuando las temperaturas bajaban a menos de 40 grados; la iglesia Glenkirk se unió en 1993”.

El personas de ESGVCH, una organización sin fines de lucro, ayudan a casi 175 personas sin hogar. / fotos: Jorge Luis Macías.

Más de 4,000 sin techo

Según las cifras oficiales más recientes de la organización Operación Corazones Saludable, con sede en Sur El Monte, se indica que en 2018, en las ciudades el Valle de San Gabriel se registró un incremento del 5% de individuos que viven en el desamparo, para totalizar 4,292.

Asimismo, datos del conteo de personas sin hogar del área metropolitana de Los Ángeles de 2018, mostraron que aumentó la población sin hogar que vive y pernocta en las calles del Valle de San Gabriel.

De hecho, el recuento de 2017 afectaba a 3,519 personas sin hogar y que duermen a la intemperie, en vehículos o en refugios.

El recuento de 2018, encontró 3,615 individuos, un aumento del 2.7%, según los datos.

De esas 3,615, 235 personas eran veteranos militares, 458 eran parte familias sin hogar, de las cuales un total de 275 eran niños menores de 18 años. Además, 1,231 personas dijeron haber sufrido violencia doméstica, 370 de las cuales dijeron que no tenían hogar como resultado de esa problemática.

Divorcio, alcohol y calle

Uno de ellos es el mexicano Juan Correa Cardoza, quien nació en Tuxtepec (Oaxaca) y deambula a diario por las calles de la ciudad de La Puente.

“Ando en la calle por el puro alcohol”, contó Juan a La Opinión, momentos después de arribar al refugio de la iglesia Glenkirk.

Cuenta que se deprimió cuando su esposa en México le pidió el divorcio y la mujer con quien se casó en Estados Unidos también le pidió que se fuera de su vida.

Esas fueron las razones por las cuales se tiró al vicio.

Con la primera mujer tuvo dos hijos, un niño y una niña, y aquí procreó otra pequeña, que ahora cuenta con 10 años de edad.

“Ya le estoy bajando despacio a la tomadera [borrachera]”, dijo. Y se toca la nunca: “Mire, me duele aquí, atrás de la cabeza, porque me caí en la calle y me golpee fuerte”.

Correa Cardoza contó que su exmujer de Oaxaca le ha llamado para decirle que se regrese a México, pero dice que no lo hará porque “aquí tengo un cuarto, una cobija y un colchón donde dormir” en Temple City.

Este hombre indica que en las calles ha encontrado “buenos amigos” como “Enrique, Eddie de Guatemala y José Luis” quienes le recomendaron ir a buscar n refugio para no dormir en el frío concreto de las calles.

“Ellos también me han dicho que me busque un trabajito para comprarme mi sopa Maruchan”, cuenta. “Pero a veces me dan chamba [trabajo] solo una o dos horas porque sé limpiar la yarda [el jardín], limpiar alfombras y los baños de restaurantes, aunque a veces no hay nada y ni modo, no hay [dinero] para comer”.

Correa es un oaxaqueño que cconfesó que debido a la separación con su esposa, se entregó a la bebida./ Foto: Jorge Luis Macías

Sentado en un catre que sirve como su cama, este hombre se quiso poner de pie y estuvo al borde de irse de bruces. La razón no era su aliento etílico.

“No sé que me pasa… Ya no puedo ver bien… Ayúdeme a que me den unos lentes”, imploró.

De inmediato, Bob McKennon se acercó al hombre y le ofreció los suyos. No le servían, pues tenían demasiada medida.

Luego de ello, el mexicano se fue a dormir con la esperanza de que al siguiente día alguna trabajadora social le referirá con un oculista para intentar conseguirle las gafas.

Entre la vida y la muerte

El caso del indigente “Manuel López” (nombre ficticio para proteger la identidad real del hombre) de 52 años de edad nacido en Santa Ana, El Salvador es más complicado.

Cuenta que se casó con una mujer que resultó ser bipolar, tuvieron un hijo que se droga y otro que asesinó a su abuelo cuando tenía 12 años de edad, debido a que era agredido sexualmente.

“La vida al lado de mi esposa fue siempre difícil”, contó “Manuel” a La Opinión. “Todo se vino abajo en 1997 cuando mi hijo mató al papá de ella; nosotros no sabíamos que el señor abusaba sexualmente de él y le dieron [una sentencia] cárcel de por vida, pero una jueza le redujo [el castigo] a 10 años y hace poco salió libre”.

Este es el comedor donde se atiende a un promedio de 175 a 200 personas sin hogar cada noche en Glendora./ foto: Jorge Luis Macías

“Manuel” declaró que hace cinco meses tuvo una discusión con su esposa. Como resultado final, ella y los dos hijos le pidieron que se fuera de casa.

“Tuve que salirme porque el que estuvo en la cárcel me amenazó que si no me iba me mataría”, narró el afligido hombre y se preguntó “¿Porque me hicieron eso? ¿Yo qué les hice?”.