Menor no acompañado de El Salvador logra residencia en Estados Unidos

Valió la pena, dice, pero reconoce que la travesía cada día se vuelve más peligrosa, están expuestos a robos y secuestros
Menor no acompañado de El Salvador logra residencia en Estados Unidos
Luis Escamilla muestra su tarjeta de residente mientras carga a su hijo Jayden (Aurelia Ventura/La Opinion)
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/ La Opinión

A tres años de haber ingresado al país como menor no acompañado, Luis Enrique Escamilla Alfaro logró la residencia permanente en Estados Unidos.

“Yo pensaba que no me la iban a dar. Me decían que iba a ser muy difícil. La verdad no me imagine nunca este momento”, afirma Luis Enrique, de 21 años, mientras sostiene a su hijo Jayden de ocho meses de nacido.

El joven salió de El Salvador el 14 de septiembre de 2015. Le tomó cerca de tres meses cruzar México y reunirse con su padre en el sur de California.

“En El Salvador tuve problemas con las pandillas, me cortaron en el abdomen y nos empezaron a cobrar renta. Así que no me quedó otra escapatoria más que salir”, cuenta.

Luis Enrique quedó huérfano de madre a los 2 años y medio de edad. Su padre emigró a Estados Unidos en busca de una mejor vida, mientras que él se quedó al cuidado de su abuela.

Cuando el padre vio que su hijo estaba en riesgo de muerte ante el acecho de las pandillas, decidió traerlo a Estados Unidos. Luis Enrique vivía en el centro de El Salvador.

“Mi papá me dijo que mejor me viniera. Yo salí de El Salvador con un amigo. Ya no podía vivir allá. Apenas habían matado a mi tío. Se estaba poniendo muy feo”, narra,

Pero llegar a Estados Unidos fue toda una odisea. “En el D.F. (la Ciudad de México) me robaron. Me tuve que quedar con un tío que vive ahí hasta que pude tener dinero de nuevo para tomar camino”.

En total, dice que en el recorrido por México lo asaltaron entre 10 y 15 veces.

Luis Enrique Escamilla con su esposa Viviana Cano y su hijo Jayden (Aurelia Ventura/La Opinion)

Secuestrado por el Cártel

Luis Enrique atravesó el Río Grande en una balsa con un grupo de inmigrantes. Tuvo que pagar 500 dólares para que lo cruzaran los “coyotes”. Apenas había desembarcado y arribado a Texas, cuando varios hombres los encapucharon y los forzaron a meterse en una camioneta.

“Resultaron ser del Cártel del Golfo. Nos encerraron en una casa. Nos quitaron los teléfonos. A mi me pidieron el teléfono de mi papá. Por cada detenido, los secuestradores exigían 2,000 dólares para dejarnos libres.  A mi papá le tomó como 15 días juntar el dinero y enviárselos a los del Cártel”, relata.

Una vez que los secuestradores reciben el pago por el rescate, esperan que se junte un grupo de los que han pagado para liberarlos.

“Fue la parte más difícil de mi viaje. Pensé que me iban a matar”, dice.

Un mes después de haber sido secuestrado por el Cártel del Golfo, fue liberado y junto a otros inmigrantes los subieron a bordo de un vehículo.

“Nos abandonaron en la carretera. Ahí fue donde nos agarró la Migra”, dice.

El muchacho no duda en decir que la parte más dura de su viaje a Estados Unidos fue cuando cayeron en manos del Cártel del Golfo.

“A las mujeres las separan del grupo y las abusan. A los que no pagan, se los llevan a matar”, narra.

Luis Escamilla vivió momentos de mucho peligro en su travesía por México y al llegar a los Estados Unidos.(Aurelia Ventura/La Opinión)

En manos de la migra

Ya en manos de las autoridades de migración en la frontera Texana, fue retenido por un par de días en las “hieleras”, las celdas con bajas temperaturas donde ponen a los inmigrantes detenidos.

“De ahí me mandaron a San Francisco, a una casa para menores donde estuve como un mes. También ahí sentí mucho miedo. Los de Migración me decían que mejor me fuera para mi país. Yo tenía mucho temor de regresar a El Salvador y que las pandillas me fueran a matar”, relata.

Finalmente, en diciembre de 2015 fue entregado a su padre quien vive en Ventura, California.

“Me puse muy contento. Tenía 10 años sin verlo”, recuerda.

Dice que se adaptó rápidamente a la vida en Estados Unidos, entró a la escuela, hizo amigos y se puso a jugar fútbol soccer.

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El proceso de asilo

De inmediato, solicitó el asilo político en base a las agresiones sufridas por las pandillas en El Salvador. Meses después lo consiguió junto con un permiso de trabajo. En 2017, un año más tarde, solicitó la residencia que le fue otorgada apenas hace unos días.

“Me siento muy feliz porque voy a poder viajar a El Salvador a ver a mi abuela que me crió y que ya tiene 83 años“, platica.

Desde los 18 años, Luis Enrique se gana la vida cuidado caballos en un rancho en Ventura. Se casó con Viviana Castro, su compañera de secundaria. Ella nació en Estados Unidos. El año pasado se convirtió en padre. Jayden, su hijo, tiene 8 meses de edad.

Su sueño es seguir trabajando, pero quiere estudiar para convertirse en mecánico de autos. “La verdad sí valió la pena dejar El Salvador”, comenta. Pero admite que la travesía hacia Estados Unidos cada vez se ha vuelto más peligrosa.

El abogado en migración Eric Price llevó el caso de Luis Enrique Escamilla. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Protección para menores

El abogado en migración Eric Price, quien ayudó al muchacho a arreglar su estatus migratorio, explica que de inicio solicitaron el asilo a través de una ley especial para niños que cruzan la frontera sin sus padres.

“Es una protección bajo el asilo específicamente para menores de 18 años para protegerlos del tráfico humano, la esclavitud y el abuso sexual”, precisa.

Los mayores de 18 años no califican. El amigo con el que Luis Enrique salió de El Salvador e hizo toda la travesía fue deportado por haber entrado al país a los 18 años.

“El asilo lo solicitamos en 2015. Un año después de que se lo otorgaron, se hizo la petición de residencia, pero se tomó tiempo que se la aprobaran porque todos los beneficios de migración se están moviendo muy lento”, anota.

Price dice que el asilo para los menores no acompañados continúa abierto para ellos.

“La gran pregunta es si podrán cruzar la frontera porque el presidente Trump básicamente quiere echar a todos fuera o que esperen en México, pero si logran pasar, el beneficio del asilo especial para los menores está ahí”, resalta.

Price, quien por muchos años fue fiscal de migración, dice que el caso de Luis Enrique fue complicado como cualquier otro cuando una persona huye de la violencia. “Tienes que convencer a mucha gente e ir a varias audiencias en la corte. Pero una vez que ganas, el menor está listo para comenzar una nueva vida libre del miedo”, asevera.

El experto en migración dice que en cinco años, Luis Enrique podrá pedir la ciudadanía estadounidense.