Colegios Comunitarios cambian la vida de presos y expresidiarios

Desde 2014, llevan cursos a prisiones y cárceles, pero también tienen programas de ayuda para quienes salen libres

Colegios Comunitarios cambian la vida de presos y expresidiarios
Arturo Raygoza, entró y salió muchos años de la prisión hasta que encontró su camino al entrar a estudiar al Colegio comunitario Allan Hancock de Santa María, California. (Allan Hancock College Photographic Media Production Assistant Kevin Delaney Boland)
Foto: (Allan Hancock College Photographic Media Production Assistant Kevin Delaney Boland) / (Allan Hancock College Photographic Media Production Assistant Kevin Delaney Boland)

Después de pasar la mayor parte de su vida entrando y saliendo de la prisión, Arturo Raygoza decidió poner fin a ese patrón de reincidencia y se inscribió en el Colegio Allan Hancock de Santa María, una ciudad en el condado de Santa Bárbara.

Hoy se siente muy orgulloso, porque a sus 50 años logró colarse en el cuadro de honor (en inglés Dean’s list) del Colegio Hancock, donde aparecen los nombres de los estudiantes más destacados.

El Colegio cambió mi vida dramáticamente. Yo solía ser una persona comprometida con el crimen que incluso anhelaba regresar a prisión porque era todo lo que conocía, pero asistir al Colegio Hancock le dio sentido y esperanza a mi vida”, revela.

En 2016, dos años después de haber salido de la prisión, sin un techo donde vivir y adicto a las drogas, decidió por primera vez que tenía que hacer algo. “Estaba cansado y enfermo de estar cansado y enfermo”, dice.  Así que se encaminó hacia el Colegio Hancock y se inscribió para estudiar Tecnología Automotriz.

Arturo Raygoza dejó la prisión, el desamparo y las drogas para enfocarse en su educación. (Kevin Boland/Allan Hancock College)
Arturo Raygoza dejó la prisión, el desamparo y las drogas para enfocarse en su educación. (Kevin Boland/Allan Hancock College)

“Toda mi vida quise ser mecánico. Mi abuelo me había enseñado, pero debido a que escogí hacer una carrera criminal, dejé a un lado la mecánica”, recuerda.

“El primer día de clases conocí a la maestra Lynn Becerra, quien realmente cambió mi vida porque me llevó a donde estaban los recursos en el Colegio que podían ayudar a personas como yo que habíamos sido presos”, dice.

‘No me juzgaron’

Luego se topó con la maestra Yvonne Teniente Cuello y los consejeros Ricardo Navarrete y Héctor Álvarez. “Me sentí muy bien porque ellos no me juzgaron, me ayudaron a ir en la dirección correcta y a encontrar un sentido de pertenencia fuera del crimen ”, expone.

Raygoza ya consiguió su certificado como mecánico de autos. Ahora estudia para obtener su título como técnico, y le faltan dos años más para lograrlo.

“Con la ayuda de Dios, de mis consejeros y maestros lo voy a conseguir. Yo no sabía cómo tener éxito hasta que llegué al Colegio. Antes fracasaba en todo, siempre estaba en problemas y hacía malas decisiones”.

Con el apoyo de maestros y consejeros del Colegio Hancock de la ciudad de Santa María, Arturo Raygoza ha logrado dejar atrás su pasado de entradas y salidas en la prisión. (Kevin Boland/Allan Hancock College).
Con el apoyo de maestros y consejeros del Colegio Hancock de la ciudad de Santa María, Arturo Raygoza ha logrado dejar atrás su pasado de entradas y salidas en la prisión. (Kevin Boland/Allan Hancock College).

Ayudar a otros 

Arturo se siente feliz porque asistir al Colegio le abrió las puertas a un mundo que no conocía. “Dejé las drogas, me desintoxiqué, ya tengo un techo donde vivir, me perdoné a mi mismo y asisto a la Iglesia cada semana”, cuenta.

En el Colegio Hancock creó el Club BIGE (Beyond Incarceration Greater Education), en español “Gran Educación más allá de la Cárcel” para ayudar a otros expresidiarios a tener éxito en el Colegio Comunitario, y mostrarles la dirección hacia donde ir.

“Cuando termine de estudiar, me gustaría abrir mi propio negocio de mecánica de autos, pero en el Colegio he descubierto que también quisiera ser un consejero en alcohol y drogas. No sé aún qué carrera voy a escoger. Lo que sí sé es que con cualquiera de ellas, voy a triunfar. Y también sé que quiero ayudar a la sociedad que tanto destrocé cuando era un criminal porque estoy muy agradecido por todas las bendiciones que recibo todos los días”, observa.

Yvonne Teniente Cuello, decana de servicios estudiantiles, consejería y matriculación del Colegio Hancock, dice que Arturo es una inspiración y es sorprendente por la fortaleza y pasión que ha demostrado para vencer la adversidad y aprovechar las oportunidades. “Nuestro colegio es un lugar de aceptación para todos”, aclara.

Arturo Raygoza se entrevistó con el rector de los Colegios Comunitarios de California, Eloy Ortiz Oakley quien mostró mucho interés en su historia de superación. ((Kevin Boland/Allan Hancock College).
Arturo Raygoza se entrevistó con el rector de los Colegios Comunitarios de California, Eloy Ortiz Oakley quien mostró mucho interés en su historia de superación. ((Kevin Boland/Allan Hancock College).

Colegios Comunitarios ofrecen una segunda oportunidad

Raúl Arambula, decano de la División de Servicios Educativos y Apoyo Intersegmentario, apoyado por Leslie LeBlanc, especialista en Planeación y Desarrollo Académico, precisó que no tienen información de cuántos estudiantes en los colegios comunitarios de California son expresidiarios porque no se preguntan esos datos.

Sin embargo, desde 2014, gracias a la ley SB 1391 hay más apoyos en los colegios comunitarios para quienes acaban de salir de la cárcel, pero también para quienes están encarcelados en California.

“En las prisiones y cárceles impartimos cursos cara a cara. Esto quiere decir que los maestros van a las prisiones, pero también se imparten clases por correspondencia de manera gratuita”, indica.

“Tenemos 19 campus en California que envían profesores a las prisiones para impartir clases”, puntualiza. Cuando la ley comenzó, solo eran cuatro colegios.

Se imparten 309 cursos a los presos; 4,000 de ellos toman las clases cara a cara, y 4,000 por correspondencia.

El Colegio Comunitario Allan Hancock de la ciudad de Santa María ofrece programas de reinserción a la sociedad a los estudiantes que han sido presidiarios. (Kevin Boland/Allan Hancock College).
El Colegio Comunitario Allan Hancock de la ciudad de Santa María ofrece programas de reinserción a la sociedad a los estudiantes que han sido presidiarios. (Kevin Boland/Allan Hancock College).

Reduce violencia y reincidencia

“La respuesta que hemos tenido de las autoridades de las prisiones es que los presos que estudian, pelean menos y son menos conflictivos en los patios, además de que adquieren otra cultura. La violencia en las prisiones disminuye”, señala el decano Arámbula.

Eso sin contar con que las tasas de graduación de los presos son muy altas y muy bajos los niveles de deserción. “Los presos que asisten a clases de los colegios comunitarios, por lo general tienen muchos deseos de aprender y a diferencia del estudiante que asiste al colegio, no se distraen con los celulares”, precisa.

La tasa de graduación para los estudiantes presos es de 85% contra 75% de los alumnos que asisten a los colegios comunitarios.

De los 115 colegios comunitarios que existen en California, 44 tienen programas para los expresidiarios.

Una nueva ley promulgada en 2014 permite a los colegios comunitarios llevar educación a las prisiones y cárceles de California. (Archivo)

“En el presupuesto actual 2018-19, nos dieron un apoyo de 5 millones de dólares para estos programas de reinserción a la sociedad de las personas que han salido del encarcelamiento, y para los estudiantes presos”, anota Arámbula.

Según el Departamento de Prisiones de California, quienes reciben educación en prisión tiene una tasa de reincidencia 43% menor.

Pero también entre los estudiantes que han estado encarcelados se pueden ver resultados positivos. “La reincidencia delictiva cae”, indica el decano Arámbula.

Y para muestra basta ver el caso de Arturo Raygoza. Casi cinco años después de haber dejado la prisión, no ha regresado y toda su energía está enfocada en sus estudios.