Hondureña embarazada cuenta su odisea para llegar a Estados Unidos

Su pequeño, a quien llamó Ángel, y ella esperan ahora en LA lograr el asilo en EEUU
Hondureña embarazada cuenta su odisea para llegar a Estados Unidos
La hondureña Raquel Padilla carga a su pequeña Ángel. / foto: Aurelia Ventura.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Ya por cumplir los nueve meses de embarazo y una terrible desesperación por la incertidumbre de cómo y dónde sería su parto, la hondureña Silvia Raquel Padilla cuenta que no tuvo otra opción que cruzar ilegalmente a Estados Unidos.

“El 26 de diciembre [crucé] el muro. Me ayudaron varias [personas] para brincar la barda”, dijo esta mujer quien formó parte de la caravana que llegó en octubre pasado a la frontera México-Estados Unidos.

“Sí, tenía miedo a la hora que me soltaron para brincar del otro lado porque decía: ‘Donde me suelten, ahora sí voy a parir aquí’”.

Padilla, de 27 años, es originaria de Villanueva Cortes y tiene una niña de 3 años. En octubre de 2018 se enteró que pronto saldría una caravana con miles de personas rumbo al norte.

“Yo sufría muchas amenazas de mi expareja quien es militar del gobierno [hondureño]”, contó para La Opinión. “Él es el padre de mi hija”.

La joven madre indicó que cuando su expareja se enteró que estaba saliendo con otra persona, las amenazas aumentaron al punto de que ambos llegaron a temer por sus vidas.

“Yo no tenía planes para venir [a Estados Unidos]. Fue muy rápido. Yo nunca había salido de mi país y no sabía cuáles eran los riesgos”, recordó. “Cuando ya me iba mi mamá no me dejó traer a mi hija. Me dijo que era muy peligroso”.

Dice que al momento de partir de San Pedro Sula, Honduras, iban pocas personas pero que al ir avanzando al norte el grupo fue aumentando de manera significativa.

“Dicen que eran hasta 5,000 personas”, aseveró la mujer quien confesó que ese momento aún ignoraba que estaba embarazada.

Silvia Raquel Padilla tiene 27 años de edad. / foto: Aurelia Ventura.

Muertos y desaparecidos

Padilla aseguró que el camino fue una terrible odisea. Desde que iban a entrar a Guatemala cuenta que se escucharon rumores de que el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, había mandado malhechores para causar disturbios en la caravana.

El 19 de octubre, las imágenes y videos de la estampida humana abalanzándose hacia la valla que divide Guatemala de México dieron la vuelta al mundo. En aquella época, ese fue el tema principal en las noticias. Sin embargo, Padilla aseguró que ella vio morir a una niña de unos 4 años de edad.

“Cuando empezaron a querer retroceder las personas, la mamá cayó con la niña y la mamá por quererla defender se puso encima de ella y la asfixió”, recordó. “Todos pasaron por encima de ellas”.

Dicha noticia pasó desapercibida y la hondureña cuenta que no supo qué pasó con ellas después.

También dijo haber tenido que esperar dos días en medio de la carretera, junto a miles de personas, para que los dejaran pasar a México y continuar su recorrido. Narra que el camino se le hizo largo y muy cansado pues caminaban muchas horas sin detenerse.

Fue en Tabasco que sufrió nauseas y mareos y por fin se enteró que estaba embarazada.

Al llegar a Guadalajara, México, dijo que comenzó a ver transporte accesible para que los centroamericanos llegaran a EEUU. No obstante, Padilla aseguró que fue en esa ayuda que se perdieron dos camiones llenos de centroamericanos.

“Nunca se supo de ellos. Se separaron de la caravana porque de Guadalajara a Tijuana ya empezaban a dar rides en bus”, dijo Padilla.

Quienes continuaban caminando sufrían las inclemencias del clima y el cansancio.

En su desesperación, la mujer cuenta que pensaba darse por vencida y regresar a su natal Honduras pero su pareja actual la motivaba a continuar.

La hondureña pasó noches en los albergues de Benito Juárez y en El Barretal. / foto: suministrada por Padilla.

“Yo jamás en mi vida pensé que iba a dormir así con tanta incomodidad porque era dormir donde nos agarrara la noche. Con las piedras que se le metían a uno en la espalda. No se descansaba”, dijo.

“Yo lloraba y lloraba sobre todo por mi niña. Fue lo más difícil que he hecho, dejarla”.

Cuando por fin llegó a Tijuana, México, ya con siete meses de embarazo la inmigrante dijo que los llevaron al albergue Benito Juárez y después a otro centro, llamado El Barretal.

Sin embargo, indica que la experiencia en esos lugares no mejoró para nada.

“Aparecieron muchos muertos de la caravana. Eran jovencitos, menores de edad que aparecían muertos y nadie sabía quién los había matado o por qué”, detalló.

“Entonces yo empecé a ponerme inquieta y a mí cada vez la panza me crecía más y ya no podía dormir en el piso. Estaba a punto de tirar la toalla otra vez y decir que me regreso”.

La inmigrante Silvia Raquel Padilla carga a su pequeño Ángel, de dos semanas de nacido. / fotos: Aurelia Ventura.

Brincar el muro

Fue entonces que Padilla se armó de valor y le habló a una tía que vive en Houston, Texas, para pedirle albergue una vez que cruzara la frontera.

“Ella me dijo rotundamente que no porque yo embarazada iba a ser una carga”, contó.

En el albergue conoció a una mujer salvadoreña, quien le dijo que su hija vivía en Los Ángeles y que la podía recibir si no tenía a donde ir.

Y una vez más con poco tiempo para pensarlo, la hondureña decidió brincar el muro de Tijuana/San Ysidro aquel 26 de diciembre de 2018.

Un grupo de siete personas —entre adultos, niños y embarazadas— se saltaron el muro en plena luz del día, según el recuento de Padilla y no pasó mucho tiempo entre pisar tierra estadounidense y el arresto de todos ellos, ya que la patrulla de inmigración los estaba esperando del otro lado para detenerlos.

“El de inmigración nos dijo, ‘súbanse’ y nos encerró en la ‘perrera’, así le decimos nosotros [a las camionetas] y nos llevó a la detención”. dijo Padilla. “Ahí estuve encerrada por dos días. Creo que corrí con suerte porque me miraron la panza bien grande que tenía”.

Fue liberada y llevada a un albergue de San Diego, ya en California, donde eventualmente fue trasladada a Los Ángeles. Cuenta que estuvo unos días con la hija de la señora salvadoreña que la ayudó, pero debido a que su apartamento era muy pequeño se vio obligada a buscar otro lugar.

Padilla logró encontrar un refugio en casa de otras personas que conoció en Tijuana, cuando fueron a dejar donaciones, y quienes también le ayudaron a crear una página de recaudación de fondos GoFundMe en página de recaudación de fondos GoFundMe.

La lucha continua

El pequeño Ángel Padilla nació por medio de cesárea el 15 de enero en un hospital del Valle de San Fernando.

Los doctores le dijeron a su mamá que al niño le faltó oxígeno. El viernes, fue diagnosticado con síndrome de Down.

El pequeño, de dos semanas de nacido, fue diagnosticado con síndrome de Down. / foto: Aurelia Ventura.

Pese a la noticia, Padilla dijo que se siente muy bendecida de poder haber permitido que su hijo naciera aquí. En su natal Honduras no hubiera podido costear los cuidados y durante todo su embarazo tampoco tuvo revisiones médicas.

“A veces siento como si todo esto fue un sueño. Y no me cae el veinte que estoy en Estados Unidos”, dijo. “Ahora estoy yendo a un grupo de oración para pedir mucho por mi pareja, mis hijos y para darle gracias a Dios por todo lo bueno que me ha pasado”.

Agregó que sus próximos planes son mejorarse del parto, luchar por su pareja quien en este momento se encuentra en el centro de detención de Adelanto y buscar un trabajo para poder sustentarse.

En cuanto a su situación migratoria, Padilla está recibiendo ayuda de abogados de Loyola Marymount quienes ahora realizan una petición de asilo para que pueda permanecer en Estados Unidos.