Sobreviviente del Puente de Coronado dedica su vida a salvar vidas

Decide compartir su dramática historia con la esperanza de crear conciencia sobre la depresión
Sobreviviente del Puente de Coronado dedica su vida a salvar vidas
02/05/19 /LOS ANGELES/ Bertha Angelica Loaiza, discuses the suicide of her mother Angelica Medina. Bertha shows family photographs of her as a young child with her parents. (Aurelia Ventura/La Opinion)
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Bertha Loaiza siempre pensó que su mamá murió en un accidente de automóvil. Jamás sospechó que se había quitado la vida al saltar del Puente de Coronado en San Diego, llevándola en brazos cuando ella tenía tres años. Su madre murió del impacto al caer al mar, pero Bertha milagrosamente salvó su vida.

Es considerada la única persona que ha sobrevivido a una caída en el Puente de Coronado.

Cuando tenía 17 años, y andaba limpiando en su casa, se encontró con unos viejos videocasetes. Le llamó la atención un video que no tenía ningún dato que identificara de qué se trataba.

“Me puse a verlo, y vi que era un reportaje de televisión de un persona que murió al saltar del Puente de Coronado. Salía una niña con mi nombre, una abuelita que se parecía a la mía. Lo único que no era igual era que mi mamá había tomado su vida al brincar el Puente de Coronado”, recuerda.

Angélica Medina perteneció al ejército de Estados Unidos. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Impactada, dice que llorando miró el video como 50 veces.

“En esos instantes, solamente éramos mi madre y yo. Todo lo que pensé o soñé se vino abajo. Me sentía confundida. Era como si todo fuera una pesadilla, una falsedad, un sueño”, platica.

Cuenta que le tomó varios días procesar la noticia, pero reconoce que de inicio se sintió enojada con su madre por haberse quitado la vida, llevándosela a ella.

Cuando pudo platicar con su abuela y sus tíos, le dijeron que lo que se había llevado a su madre era la depresión.

Angélica Medina se suicidó a los 23 años de edad. Era veterana del ejército estadounidense donde conoció a su esposo y padre de Bertha, quien también es un veterano.

Bertha Angélica Loaiza muestra las fotos que guarda con su madre Angélica Medina. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Tras descubrir que su madre no murió en un choque sino que se suicidó, dice que se puso a investigar sobre la depresión. Le costaba creer cómo una progenitora quiere morir y llevarse a sus hijos.

“Durante mucho tiempo mantuvo resentimientos. Estaba obsesionada tratando de ponerme en su lugar y entender por qué me llevó con ella al puente. Yo tengo hijos, y por más enfadosos que sean los niños, no es para tanto”,  afirma.

Fue hasta que Bertha recibió ayuda que pudo superar el enojo y la culpa, pero también entendió que la depresión es una enfermedad mental.

La terapia y los grupos de ayuda para familiares de personas que se han suicidado, ayuda a abrir los ojos”, asegura.

En la actualidad, Bertha está casada y es madre de dos hijos, un niño de 11 años y una niña de 7 años.

Bertha Angélica Loaiza ha decidido dedicar su vida a educar sobre las enfermedades mentales. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Una segunda oportunidad

Bertha considera que la vida le dio una segunda oportunidad al haber sobrevivido a la caída de 246 pies del Puente de Coronado.

Y eso que hasta hace poco, aún sufría las secuelas. “Me tuvieron que reemplazar una cadera que se me lesionó con la caída. El lado derecho de mi cuerpo fue el que sufrió el impacto”, explica.

Se cree que al caer primero la madre al agua, sirvió de colchón a Bertha quien sufrió una multitud de lesiones en la cadera, la rodilla, los pulmones se le colapsaron, el cerebro se le inflamó, y le sobrevino una catarata en el ojo. Ella y su madre estaban inconscientes cuando los pescadores las rescataron de las aguas. No pudieron hacer nada por la madre, pero resucitaron a la menor.

En la actualidad, asegura sentirse muy bien.

A veces, ni yo misma creo que sobreviví a esa caída”, dice.

Bertha Angélica Loaiza es sostenida en brazos por sus tíos mientras se recuperaba de las lesiones sufridas durante la tragedia en la que murió su madre Angélica Medina. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Bertha piensa dedicar su vida a educar sobre lo que es la depresión y las enfermedades mentales.

“Se me hace un desperdicio de vida no ayudar a la gente. Así que quiero aprovechar todas las plataformas que se me presenten”, dice

“Mi madre era un inmigrante que cuando vino a este país no sabía el idioma, no tenía amistades y tuvo que empezar de cero”, dice.

“Mi familia me dijo que la depresión se le manifestó cuando salió embarazada. En esos tiempos, la familia no sabía mucho cómo ayudarla”, narra.

Por todo eso, ella recomienda no hacerse los ciegos con los seres amados ante las enfermedades mentales. “Es común decirles cuando los vemos deprimidos que es porque no durmieron o no comieron bien. Puede ser, pero también puede ser depresión”, expone.

Bertha Angélica Loaiza guarda recuerdos bellos de su madre. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Bertha dice que hoy en día guarda puros recuerdos bellos de su madre quien perdió su vida el 6 de agosto de 1985.

“Mucha gente que la conoció me manda mensajes con cosas bonitas de ella. Era una buena persona”, dice.

Suicidios 

Desde que el Puente de Coronado se abrió en 1968, más de 400 personas se han suicidado, saltando para morir por el impacto al golpear el agua, otros sobreviven el impacto, pero mueren ahogados.

En 2017, 28 personas, 11 hombres y 7 mujeres, entre los 22 y 61 años de edad se suicidaron al tirarse del Puente de Coronado. Cuatro de las víctimas eran latinas.

Hoy en día Bertha tiene 37 años y trabaja para Kaiser Permanente en San Diego.

Pocos hispanos buscan ayuda 

El doctor en medicina general y psiquiatría de Kaiser Permanente, Luis Manuel Sandoval, dice que de los 57.5 millones de hispanos que hay en Estados Unidos, 9 millones (16%) tienen algún problema de salud mental, y 4 millones (7%) sufren de depresión.

Hace notar que solo el 36% de los hispanos buscan ayuda, y solo entre el 5 y 10% van un psiquiatra. “Esto se debe a que hay mucho estigma en nuestra comunidad porque piensan que los van a considerar como locos o locas”, dice.

Cuándo podemos saber si una persona tiene depresión y a qué síntomas debemos prestar atención.

“La depresión no es estar triste. Eso no se quita con salir, cambiar de ambiente o ir a ver una película”, aclara.

Cuando una persona sufre de depresión, la tristeza no se quita en dos semanas. “ Es algo profundo. La persona que está deprimida todo lo ve negativo, gris, no quiere salir de la cama, se aisla, siente que no vale nada y que nadie la extrañaría si no está”.

El especialista observa que la depresión puede ser genética o detonada por algún evento en la vida, el fallecimiento de un ser querido o un divorcio, entre otros.

Usualmente cuando es una depresión pasajera se cura con medicamentos o terapia. “Si la persona ya está bien y se le empiezan a bajar la dosis de los medicamentos con la meta de reducirlos por completo, pero se empieza a sentir mal de vuelta, eso significa que muy probablemente tiene un desbalance en el cerebro, que la va obligar a depender de un tratamiento toda la vida como cualquier otra enfermedad crónica”, observa.

¿Qué podemos hacer para ayudar a una persona con depresión?

“Debemos escucharlos, ponernos en su lugar y platicar con ellos. Debemos preguntarles, qué podemos hacer para ayudarlos y no debemos temer a decirles directamente si han pensado en quitarse la vida”.

¿Hay alguna manera de prevenir la depresión?

“Debemos aceptar que somos seres humanos y nos puede dar una depresión. Pero si nos educamos sobre el tema, vamos a aprender que una depresión no significa estar loca ni es para alarmarse”, destaca.

Enfatiza que los padecimientos de salud mental que más sufren los latinos son depresión y ansiedad. Esta última se caracteriza por estar preocupados todo el tiempo.

A diferencia de la depresión, la ansiedad no lleva al suicidio”, resalta.

Además el médico dice que quienes son bipolares, sufren de depresión, porque es parte de la bipolaridad.

Este trastorno incluye episodios de depresión y manía (irritabilidad)”, anota.