Jóvenes nicaragüenses en busca de asilo encuentran refugio en iglesia bautista

Cada vez son más los que huyen del país centroamericano, obligados por la represión del gobierno de Ortega
Jóvenes nicaragüenses en busca de asilo encuentran refugio en iglesia bautista
Bismark Antonio Figueroa y Carlos Reyes han recibido refugio en la iglesia Bautista de Maywood tras salir huyendo de su natal Nicaragua. (Aurelia Ventura/La Opinion)
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Cada uno por su lado, Bismark Figueroa y Carlos Moisés Reyes salieron de Nicaragua el año pasado para salvar sus vidas.

Cuando lograron llegar a la frontera sur, pidieron asilo político, pero fueron puestos en detención migratoria. De no ser por los esfuerzos de los pastores de la Iglesia Bautista de Maywood, es probable que aún estarían bajo custodia del Servicio de Migración y Control de Aduanas (ICE).

Bismark, de 28 años, salió el 27 de julio de 2018 de Nicaragua. Se entregó en la frontera por Texas el 29 de diciembre. Fue liberado por el ICE el 6 de febrero, después de 39 días de estar bajo custodia en el Centro.

Bismark fue recibido en el aeropuerto de Ontario el 7 de febrero por los pastores de la Iglesia Bautista de Maywood, Melvin y Ada Valiente.

Bismark Antonio Figueroa habla de la situación en Nicaragua. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Muerte o cárcel

“Yo salí de Nicaragua porque si me quedaba, me esperaban dos caminos, la muerte o la cárcel.  No quise escoger ninguno de esos y me vine a los Estados Unidos”, dice Bismark.

En Nicaragua daba clases en la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Católica del Trópico Seco, y era gente allegada al obispo de la Diócesis de Estelí, Abelardo Mata Guevara, uno de los más críticos del gobierno del presidente Daniel Ortega.

Pero Bismark también es un activista de los derechos humanos, uno de los creadores de las Comisiones de Justicia y Paz que salían al campo a documentar los casos de tortura y crímenes en medio de las protestas contra el gobierno nicaragüense.

“Ortega no respeta la Constitución, ha convertido el Ejército en un instrumento de represión, y ha hecho que el país pase de un superávit de 1,400 millones de córdobas (42 millones de dólares) a un déficit de 3,000 millones de córdobas (91 millones de dólares)”, señaló.

El padre de Bismark fue un líder de los Contras, un grupo de contrarrevolucionarios financiados por Estados Unidos que intentaron el derrocamiento del Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN), que gobernó Nicaragua después de que fue derrotado el gobierno del dictador Anastasio Somoza en 1979.

Los pastores Mellvin y Ada Valiente fueron a recibir a Bismark al aeropuerto de Ontario, tras ser dejado en libertad por ICE. (Foto suministrada).
Los pastores Mellvin y Ada Valiente fueron a recibir a Bismark al aeropuerto de Ontario, tras ser puesto en libertad por ICE. (Foto suministrada).

“Mi padre es buscado vivo o muerto por el gobierno de Daniel Ortega. Y su familia hemos sido víctimas de esa persecución. Nos han afectado nuestras propiedades y no nos han dejado trabajar”, relata.

Lo que es peor, asegura que él ha sufrido tres atentados. “Me asocian con el asesinato de paramilitares”, cuenta. Fue el obispo de Estelí quien le dijo que la represión estaba empeorando, y necesitaba salir. “Al darme cuenta que mis días estaban contados en Nicaragua, escogí el exilio”, platica.

Luego de ser liberado por el ICE, Bismark viajó a Los Ángeles para conocer a sus patrocinadores, pero sus planes son establecerse en Nueva York. “Voy a seguir luchando desde acá contra el gobierno de Daniel Ortega, y a crear una plataforma digital para ayudar a los nicaragüenses que están llegando a los Estados Unidos a pedir residencia, asilo; y queremos exigir que no se cierre el TPS  para los nicaragüenses”, dice.

La pastora Ada Valente da la bienvenida al nicaragüense activista de los derechos humanos, Bismark Figueroa a su llegada al aeropuerto De Ontario. (Foto suministrada)
La pastora Ada Valente da la bienvenida al nicaragüense activista de los derechos humanos, Bismark Figueroa a su llegada al aeropuerto De Ontario. (Foto suministrada)

Va a solicitar el asilo político, pero su deseo es poder regresar a su patria una vez que caiga el gobierno de Daniel Ortega.

“Me duele abandonar a mi patria y mis raíces, pero aquí me siento protegido”, confía.

A medida que la inestabilidad y la represión crecen en Nicaragua, el número de nicaragüenses que han huido del país, ha aumentado.

“Se calcula que desde 2008 a la fecha han salido alrededor de 100,000. En Costa Rica hay unos 65,000 nicaragüenes exiliados y 35,000 entre Panamá, España y Estados Unidos. En este país se están concentrando en Miami y Los Ángeles”, dice Bismark.

Muchos de los que han buscado asilo en otros países son estudiantes.

Carlos Reyes recibe techo en la casa de los pastores Melvin y Ada Valente. (Aurelia Ventura/La Opinion)

‘Fue muy díficil dejar mi país’

Uno de esos estudiantes es Carlos Moisés Reyes. quien estudiaba contabilidad en la Universidad Politécnica de Nicaragua.

El joven de 23 años salió el 3 de septiembre de 2018 de país. Se entregó en la garita de San Ysidro, el 23 de noviembre. Después de pasar un mes y medio en dos centros de detención en Arizona y Houston, el ICE lo dejó en libertad en 16 de enero. Desde entonces vive en la casa de sus patrocinadores, Melvin y Ada Valiente, de la Iglesia Bautista de Maywood.

“Fue muy difícil dejar mi país. Yo no quería. Mi padre tenía tiempo diciéndome que me tenía que ir, pero yo me rehusaba, quería quedarme a luchar”, cuenta.

Cuando vivía en Nicaragua, Carlos creó una plataforma en WhatsApp para que sus compañeros estudiantes se organizaran contra el gobierno de Daniel Ortega, molestos por las reformas al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social que incrementaba las aportaciones de trabajadores y empresarios, y que a la vez le quitaba 5% a los jubilados.

El pastor Melvin Valiente platica con dos jóvenes nicaragüenses Bismark Figueroa y Carlos Moisés Reyes que huyeron de Nicaragua por miedo a ser asesinados. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Dicha institución estaba a un paso de la bancarrota, producto de una mala administración. Eso fue lo que detonó el descontento popular acumulado durante los 11 años de gobierno de Ortega que se volcó en una ola de protestas estudiantiles y ciudadanas que fueron fuertemente reprimidas por el gobierno y dejaron cientos de muertos y heridos.

Los estudiantes como Carlos comenzaron a participar en esas acciones.

“En la primera protesta, yo me acerqué a unos miembros del Ejército. Les dije que era una vergüenza que se prestaran para reprimirnos. Uno de los oficiales del Ejército me respondió que el gobierno les pagaba. Al darme la vuelta me pegaron un balazo en el brazo”, dice.

El pastor Melvin Valiente ayuda a los estudiantes de Nicaragua que piden asilo en Estados Unidos. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Añade que a todos los estudiantes que participaban en las protestas, el gobierno de Ortega los empezó a poner en la mira. “Iban y los sacaban de sus casas. Mi papá me dijo, ‘yo viví la Guerra del 72 y mejor ándate porque te pueden matar’. Yo le dije que no me iba a ir de Nicaragüa”, recuerda.

Pero la gota que derramó el vaso ocurrió el 25 de agosto de 2018.  “Descubrí a un simpatizante de Ortega tomando fotos de mi casa. Cuándo le dije cuál era el problema, me contestó, ‘no te preocupes. Solo es que la policía va venir por ti’”.

Por primera vez, Carlos se asustó y decidió hacer caso a su padre y dejar Nicaragua.

Cuando el mes pasado, el ICE lo entregó a los pastores Valiente, dice que por fin pudo respirar tranquilo.

Carlos también ha solicitado asilo político, pero a diferencia de Bismark, él se quiere quedar en Estados Unidos.

“Quiero ayudar a los muchachos nicaragüenses que están aquí, y también me gustaría convertirme en pastor”, comenta.

El pastor Melvin Valente dijo que él y su esposa, la pastora Ada han ayudado a unos 35 muchachos de Centroamérica que han llegado a Estados Unidos en busca de asilo, a salir de los centros de detención de ICE.

Nuestro enfoque son los refugiados, los que vienen en busca de asilo, porque ellos corren peligro de ser asesinados si regresan a sus países”, dice.

“Lamentablemente es tanta la demanda, y no podemos ayudar a todos”, comenta el pastor.