(FOTOS) El circo, una tradición familiar que aún cautiva a chicos y grandes

El espectáculo de los Hermanos Caballero es un ejemplo de esfuerzo y amor por lo circense
(FOTOS) El circo, una tradición familiar que aún cautiva a chicos y grandes
Rubén Caballero junto a su esposa e hijos. / fotos: Aurelia Ventura.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

El mexicano Rubén Caballero no recuerda cuándo aprendió a ser trapecista. Como todos los niños que nacen en el circo conforme crecía y jugaba, descubrió que había heredado de sus padres el gusto por el trapecio.

De lo que sí está muy seguro, es de sentirse muy orgulloso y agradecido de ser parte de la familia circense.

“Los niños vamos diciendo lo que nos gusta. Voy a ser trapecista, domador, payaso, acróbata”, dice.

Los adultos observan a los niños. “Ven la capacidad y el talento que tiene uno sobre otro. Los padres les vamos enseñando lo que sabemos. Uno descubre dónde está su mayor habilidad y sobre eso los entrenamos para que den lo mejor posible”, comenta.

Rubén Caballero entrena a sus hijos Rubén Jr., Marco, Gunher y Nikita.  Aurelia Ventura/La Opinion)

Rubén nació en Veracruz, México, es parte de una familia de seis hermanas y un hermano, donde todos eran trapecistas.

“En el circo todos conocemos un poquito de todo, y en lo mejor que te desempeñas, lo desarrollas al máximo”, platica en un mediodía frío, sentado afuera del Circo de los Hermanos Caballero que él dirige, y está estacionado en la ciudad de Valencia con funciones hasta el lunes18 de marzo.

¿Le gusta el circo?

“A todos los que estamos en el circo no nos gusta el circo, lo amamos. Es una carrera difícil, muy sacrificada, precisamente por eso lo amamos”, confía.

Pero añade que hay cosas satisfactorias y bonitas. “Viajamos por todo el mundo, aprendemos tres o cuatro idiomas, probamos comida de todas partes y conocemos gente”, externa.

El circo existirá mientras haya niños en el mundo. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Con vestimentas llamativas, los payasos le dan el toque satírico al lugar. / fotos: Aurelia Ventura.

Y así, narra que un día pueden estar en Santa Clarita, a la mañana siguiente en Bell Gardens, después en Miami, Nueva York, Canadá o México.

Los niños del circo, cuenta Rubén, tienen la ventaja de aprender la historia en vivo a través de los viajes.

“Cuando naces en el circo, llevas una vida muy activa, corres por aquí por allá, te caes y te vuelves a levantar, juegas al circo desde niño. Le llevan cinco años en experiencia y en su totalidad a un niño de la ciudad que se la pasa todo el día pegado al teléfono”, dice.

Rubén es padre de cuatro hijos Rubén Jr, Marco, Gunther y Nikita. Los cuatro son trapecistas. Su madre, Albina es una acróbata rusa.

“Los niños estudian en línea de 8 a 2 de la tarde. La mamá de cada niño en el circo está al pendiente de que no falten a sus clases. Si ellos no quieren ser parte del circo, los apoyamos 100% en lo que quieran”, asegura.

En Estados Unidos, el circo de los Hermanos Caballero tiene su base en Las Vegas donde han invertido en propiedades para que ahí vivan los miembros de las familias que no quieren estar en el circo y prefieren estudiar y hacer otra carrera.

Los niños en el circo aprenden a hacer de todo, pero se especializan en aquello que tienen más talento. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Trabajar en familia

Rubén revela que trabajar con sus hijos es una bendición. “Ensayamos todos los días después de sus clases. Su fuerte es el trapecio, pero hacen de todo, son payasos, acróbatas, motociclistas, animadores”, dice.

Presume que él sus hermanos fueron reconocidos en los Libros de Récord Guiness como los mejores trapecistas del mundo de todos los tiempos.

“En el mundo del circo, cada país es especialista en algo. Por ejemplo, Colombia tiene los mejores alambristas, Brasil, los mejores motociclistas del Globo de la Muerte, los mejores payasos son de Chile, los acróbatas de Rusia, y los trapecistas son de nuestro México lindo y querido”, dice contento.

Hasta ahora no ha logrado descubrir por qué México tiene los mejores trapecistas del mundo. “Será porque somos valientes, pequeños o porque comemos frijoles. Pero en el mundo del circo cuando hablas de México, significa trapecistas”, subraya.

En el espectáculo de Los Hermanos Caballero participan 25 artistas. “Mi familia, siete bailarinas de Venezuela, una familia acróbata de Argentina, y los payasos vienen de España”, indica.

Los circos son empresas familiares cuyos artistas provienen de todo el mundo. (Aurelia Ventura/La Opinión)
Los niños tienen la opción de participar en el circo o escoger hacer algo diferente. / foto: Aurelia Ventura

El amor en el circo

Rubén conoció a su esposa Albina en Japón cuando siendo joven, a él y a su familia los invitaron ser parte del circo de Moscú con su show de trapecio.

“Albina era parte del grupo de Cosacos, unos artistas que hacen acrobacias arriba del caballo”, platica.

“Nos conocimos y nos hicimos novios el primer año que nos invitaron. Cuando se terminó el contrato, cada quien se fue a su casa. Ella a Rusia y yo a La Vegas con mis padres. No sabía si la volvería a ver”, dice.

Pero para su suerte, el Circo de Moscú los volvió a llamar a Japón. “Y que la contratan a ella y a sus padres de nuevo por otro año. Cuando terminó el contrato ese año, de nuevo nos volvimos a despedir. La quería, pero tenía 28 años. No era mi tiempo para casarme”, recuerda.

Y como si la vida conspirara a su favor, vino una llamada del Circo de Moscú para regresar a trabajar a Japón un tercer año. Milagrosamente Albina y su familia también fueron invitados. “Fue raro porque los circos cambian cada año el show”, dice.

El circo es un espectáculo familiar que sigue atrayendo a las familias. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Aparte del show, en el lugar hay venta de las infaltables palomitas; además de nachos, refrescos y otros dulces. / fotos: Aurelia Ventura.

En esa ocasión, cuando llegó la hora de despedirse, Rubén ya no quiso retar a su buena suerte, y le propuso a su novia venirse con él a Estados Unidos y casarse. Rubén y Albina tienen cuatro hijos. “Ellos nacieron en Estados Unidos, son mitad mexicanos y mitad rusos, pero se sienten mexicanos. Mi esposa aprendió español y cuando la escuchas, habla como mexicana”, afirma.

Rubén nunca imaginó que su show de trapecio iba a ser parte del Circo de Moscú, considerado el mejor del mundo. “Yo decía, cómo un frijol pudo llegar hasta ahí. Cómo es posible que hayan contratado a unos mexicanos. La verdad que nuestro show, le gustaba mucho a la gente japonesa”, dice.

Si de algo tiene grandes recuerdos, es de haber trabajado tres años recorriendo Japón con sus seis hermanas, su hermano, su padre y madre.

Pero no fue el único lugar fuera de América Latina a donde los invitaron.

“En dos ocasiones fuimos invitado a presentar nuestro cuadrúple salto mortal al príncipe Rainiero de Mónaco y su esposa Grace Kelly. Regresamos una vez más, pero ella ya no existía”, dice.

A fin de que el circo no muera, los padres van enseñando y transmitiendo a sus hijos las enseñanzas circenses. (Aurelia Ventura/La Opinión)

¿Es negocio el circo?

Ruben dice que como negocio el circo es difícil.

“Hay días que tenemos carpa llena, media carpa, 20 personas. A veces tenemos que suspender una función porque no viene la gente”, cuenta.

Sin embargo, tiene mucha fe en que el espectáculo circense no va a desaparecer.

“Hemos pasado momentos difíciles desde que nos quitaron los animales. Imagínate este circo con elefantes, osos, tigres y leones llegando a un pueblo muy humilde donde los niños no los conocen, donde la gente no puede pagar un boleto de autobús o avión para ir a las grandes ciudades a ver un zoológico. Esa diversión la llevábamos a los pueblos más pequeños y a las ciudades más grandes. Pero aquí seguimos. Mientras exista un niño en el mundo, habrá un circo que lo va a divertir”, dice con firmeza.

El circo Hermanos Caballero se ubica ahora en Valencia Town Center, ubicado en la cuadra 24201 W. Valencia Blvd Valencia, CA 91355 y tendrán funciones hasta este lunes 18 de marzo. Para más información visita: circocaballero.com/