(FOTOS) Mexicana habla con orgullo de su venta de nopales en Boyle Heights

Comerciantes en las banquetas de LA confían en que la Ciudad comience a darles permisos para sus ventas

La mujer cuenta que se levanta a las 5:00 a.m. para ir a conseguir productos frescos para sus clientes. / foto: Aurelia Ventura.
La mujer cuenta que se levanta a las 5:00 a.m. para ir a conseguir productos frescos para sus clientes. / foto: Aurelia Ventura.
Foto: La Opinión


A diario, Carmen Torres pela tres cajas de nopales a toda velocidad y sin espinarse. Tiene tanta destreza que hasta dormida podría remover con su filoso cuchillo las espinas de las pencas del delicioso cactus.

Esta inmigrante de Puebla, México lleva 16 años que vende nopales y otras frutas y verduras en un puesto que montó al aire libre sobre la acera al este de la calle César Chávez en el barrio Boyle Heights de Los Ángeles.

Comenzó con la venta de nopales y aguacates en un carrito de mercado en 1999 cuando emigró junto con su esposo. Ella apenas tenía 18 años.

Una de las primeras cosas que la mexicana hizo cuando llegó a Los Ángeles, fue darse una vuelta por su nuevo barrio en Boyle Heights.

“Yo vendía mucho la artesanía en Puebla. Me gusta vender y el negocio. Miré que nadie ofrecía nopales y aguacate en la calle, y decidí salir a vender estos vegetales”, platica.

Carmen Torres, originaria de Puebla, lleva 16 años en la venta de nopales. / fotos: Aurelia Ventura.

Fue de las primeras en vender frutas en las aceras de Boyle Heights. Cuando le empezó a ir bien, diversificó su mercancía. Además la gente comenzó a pedirle otras cosas. Ya no solo vendía todo lo necesario para una buena ensalada de nopales, tomates, chiles y cilantro, sino que comenzó a ofrecer una amplia variedad de frutos, vegetales y dulces como garapiñados.

A la gente le gusta lo que yo tengo porque vendo fruta de calidad. Mis nopales vienen de México. Son más delgaditos. Los que se producen aquí son más gruesos, no saben igual”, dice.

Carmen vende de las 9:00 a.m. hasta las 5:30 p.m. de lunes a sábado. Todos los días, excepto el domingo, madruga a comprar sus productos. “A las 5 de la mañana ya estoy escogiendo lo mejor para mis clientes”, dice.

Los nopales los limpia en la cajuela de su carro junto a su puesto.

Las dificultades

Los 16 años que lleva esta inmigrante mexicana vendiendo fruta en la calle, no han sido nada fáciles.

“Tiene un año que no nos molesta la policía ni la Ciudad. La peor época fue en 2008 cuando el agente de la policía conocido por el apellido Flores se llevaba esposadas a las compañeras por vender en la calle. A mi nunca me llevó porque vendía todo escondido”, comenta.

Con la buena suerte de que el propietario de un negocio de hamburguesas que tiene a un lado, le daba oportunidad de guardar su mercancía cuando aparecía los inspectores de la Ciudad o los policías. “Nunca me multaron gracias a él y porque yo corría a esconderme”, dice.

De lo que no pudo librarse fue de que le tiraran su mercancía.

Una vez me quitaron todo y solo había vendido un dólar. El carro de la Ciudad se parqueó, echaron mi fruta en bolsas de nylon, y me la tiraron. Me asusté mucho y me puse muy triste”, recuerda.

Hace tres años, Carmen invitó a Clara Álvarez, una inmigrante de Guatemala para que la ayudara con el puesto. “También vengo de una familia de comerciantes. No me da pena vender. Es un trabajo digno y honrado”, sostiene Clara. Entre las dos mujeres venden todo el día. Han tenido tanto éxito que otros ambulantes vecinos comenzaron a vender las mismas frutas que ellas.

El esposo de Carmen no puede ayudarle porque trabaja de chofer en una compañía de carga. “Entre los dos sostenemos el hogar. A veces mi esposo gana más, a veces yo, pero gracias a Dios que del puesto ha salido para comer”, afirma.

Con el paso de los años, ha diversificado su negocio y además ofrece frutas y hasta algunos dulces. / foto: Aurelia Ventura.

Un motivo poderoso

La pareja no tiene hijos propios, pero hace dos años adoptaron a una sobrina de 14 años.

“Trabajamos duro porque la queremos mandar a la universidad. Ella tiene 17 años y muchas ganas de estudiar”, dice Carmen quien se ha involucrado en la campaña para la legalización de las ventas de ambulantes en las aceras. Tiene puestas todas sus esperanzas en que la Ciudad de Los Ángeles establezca un sistema de permisos para los vendedores de las aceras.

No me importa lo que tenga que pagar por un permiso, pero que no nos quiten la mercancía y nuestro sustento”, exclama.

Y comenta que le gustaría que los vendedores ambulantes tuvieran más apoyo de la comunidad y las autoridades. “No hacemos nada malo, no robamos, solo queremos trabajar y que nos dejen tranquilos”, señala.

Carmen dice que ama su trabajo de vendedora. “Nunca pense dedicarme a otra cosa cuando vine a Estados Unidos. A veces es muy duro vender en la calle por el calor, la lluvia, el sol pero así vendemos”, reconoce.

De lo que está plenamente segura, es de que cuando pueda obtener un permiso para vender legalmente, “le voy a echar más ganas al trabajo”.

Carmen pela los nopales a gran velocidad. / fotos: Aurelia Ventura.

A un paso de los permisos

A partir de enero de 2020, la Ciudad de Los Ángeles comenzará a dar permisos a los vendedores ambulantes. Este año entró en vigor una ley estatal del senador Ricardo Lara que legalizó las ventas ambulantes en las aceras de California. Por lo tanto, no se permite que los multen. Una ley previa aprobada por la Ciudad, despenalizó las ventas ambulantes.

Se estima que el sistema de permisos para vender en aceras y parques ayudará a 50,000 vendedores de Los Ángeles.