Almuerzo de bendiciones

Surante Semana Santa la Misión Jordan provee alimentos para casi 600 familias de bajos recursos en Skid Row
Almuerzo de bendiciones
Isabel Alvarado, de Honduras, alimenta a su nietecita April, de 2 años. / foto: Jorge Luis Macías.
Foto: La Opinión

“Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, fui forastero y me acogiste”, dice la palabra de Dios en el evangelio de San Mateo.

Por ello, y en conmemoración de la Pascua de Resurrección de Cristo, directivos de la Misión Fred Jordan y decenas de voluntarios llenaron este sábado no solo el estómago sino también el alma de casi 600 personas.

Desamparados de la zona céntrica de Skid Row y familias, que hicieron fila desde temprano en la esquina de la calle 5th y Towne, degustaron de enormes piernas de pollo al horno, puré de patatas y salsa espesa; además de judías verdes y pan.

“Todo estuvo delicioso”, dijo Isabel Alvarado, oriunda de Tegucigalpa, Honduras, quien llegó a la celebración con sus nietos April y Ángel. “Lo que nos sobró me lo llevo a casa para darles de cenar”.

Además del suculento almuerzo, en la víspera de la Pascua de Resurrección que se celebra este domingo, unos 400 niños recibieron canastas con regalos que incluían un conejo de peluche, juguetes y muchos dulces.

La Misión Fred Jordan celebró así 75 años de alimentar a millones de hombres, mujeres, niños y familias —muchos de los cuales son gente trabajadora, pero de bajos recursos y también desamparados, quienes ayer fueron tratados como las personas más importantes del mundo.

“Este es el evento más importante de nuestro calendario cristiano’, dijo Don Foor, director de la Misión Fred Jordan. “Es la fecha en que Jesús trae esperanza y Dios le da vida a su pueblo”.

Suzanne Choi (i) amarra las agujetas de los tenis nuevos de Terrel Brown, un desamparado de Skid Row. Junto a ellos, el pastor Juan Olmedo y Kris Jordan. / fotos: Jorge Luis Macías.

Abrigo al corazón

Durante la celebración, las calles aledañas a la Misión se convirtieron en un verdadero festival con globos, música y la entrega de bolsas con comida para todos los asistentes y obras de caridad por los más necesitados.

Uno de los beneficiados de la solidaridad y el amor de quienes dirigen este centro fue Terrel Brown, un desamparado de 52 años de edad sentado en una silla de ruedas, cuyo emblante estaba lleno de tristeza y desconsuelo.

“No tengo ningún motivo para sonreír”, comentó el hombre afroamericano a La Opinión. “No puedo ir a donde está la comida porque estoy descalzo; no tengo zapatos para caminar”.

Enterados del asunto, Suzanna Choi, portavoz de la organización; el pastor Juan Olmedo y Kris Jordan, nuera de Fred Jordan —el fundador de la Misión— consiguieron un par de tenis nuevos para ese hombre.

“Permíteme ponerte los zapatos”, dijo Suzanna al hombre y en señal de humildad, se hincó para abrocharle los tenis. De ese modo, Terrel esbozó una ligera sonrisa, en señal de agradecimiento.

En el gran comedor al aire libre, Pedro Cárdenas —un latino recién graduado de un programa de rehabilitación contra las drogas— se sentó en una mesa a compartir el pan y la sal con sus cuatro hijos: Nathan (11), Matthew (10), Hailey (7) y Sebastián (4).

El lugar se lleno y los niños recibieron juguetes. / fotos: Jorge Luis Macías.

“La Navidad pasada estuvimos aquí mismo”, dijo Pedro, cuya esposa tuvo que trabajar y no los acompañó.

“Hemos venido a comer aquí porque tengo muchos amigos que me estiman como el señor Joe [hijo del fundador de La Misión]”.

En efecto, Joe Jordan, director ejecutivo y vicepresidente de la organización, reconoció a Pedro y a sus hijos.

“A la gente no solamente le tienes que predicar la palabra de Dios, sino también con hechos demostrarles que son amados y no regresarlos a casa con hambre, sin ropa o sin zapatos”, declaró Jordan —también fundador de Outreach Ministries en el Valle de Coachella.

“Sabemos que no podemos atender a todos como quisiéramos, pero no pararemos la obra de Dios hasta que tengamos fuerza para ayudarles a que conozcan el amor de Jesús y alcancen el cielo”.

Sebastián Cárdenas (c), de 4 años de edad, disfruta la rica comida que le sirvieron en Skid Row. / Foto: Jorge Luis Macías

El mismo cielo parecía la vivencia alcanzada por el pequeño Alex Ramírez, de 6 años de edad, al sostener en sus manos una gran pieza de pollo.

“¡Cómele, cómele!”, le animó su madre, Silvia Vía, una mujer migrante de Guatemala.

Mientras tanto, Willie Jordan —viuda de Fred Jordan y madre de siete hijos— al dar la bienvenida a sus invitados de lujo, expresó que Dios tenía un plan para cada uno de los presentes y les declaraba su amor.

Durante el evento, también hubo caritas pintadas para el entretenimiento de los más pequeños.
Durante el evento, también hubo caritas pintadas para el entretenimiento de los más pequeños.

“Somos llamados para declarar y demostrar el amor de Dios”, dijo la mujer que por más de medio siglo ha ayudado y llevado esperanza a los perdidos, heridos y pobres.

“Nosotros llevábamos a nuestros niños a Skid Row para servir a Dios sirviendo a los demás, desde que tenían cuatro meses de edad”, manifestó.

“De hecho, nuestra hija, Mei Ling tenía 11 años cuando escribió un ensayo titulado “Yo crecí en Skid Row”.

Haberlos llevado a Skid Row durante su niñez provocó los resultados por los que Fred y yo orábamos, que nuestros hijos amaran a Dios, y tuvieran compasión por la gente necesitada”.