Madre inmigrante recibe el mejor regalo de su vida, la residencia permanente

Tuvo que esperar más de dos décadas para resolver su situación migratoria

Madre inmigrante recibe el mejor regalo de su vida, la residencia permanente
Maricela Chaidez dice que la residencia permanente es el mejor regalo del Día de las Madres que ha recibido. (Araceli Martínez/La Opinión).
Foto: Araceli Martinez / La Opinión

Maricela Chaidez tuvo que esperar 23 años para recibir el mejor regalo de un Día de las Madres, la residencia permanente en los Estados Unidos.

“Me siento muy feliz, libre. Ya puedo planear mi vida, ir a la universidad a revalidar mis estudios y comprar una casa”, dice esta madre de tres hijos, Hermes de 23 años, Raquel de 22 años y Alexander de 9 años.

Fue su hijo Hermes nacido en 1996, quien cuando cumplió los 21 años, solicitó su residencia permanente.

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Maricela nació en Culiacán, Sinaloa en donde se graduó como dentista, pero por falta de documentación legal y no calificar para un préstamo estudiantil, no pudo revalidar sus estudios en Estados Unidos, y se ha tenido que conformar en trabajar como asistente dental.  

Maricela Chaidez anhela poder regresar a la universidad para revalidar sus estudios como dentista y ejercer su profesión en Estados Unidos. (Araceli Martínez/La Opinión).

Ella entró de manera indocumentada en 1995. Aquí en Estados Unidos nacieron sus hijos, pero por cosas del destino, regresó a México tan pronto nació el último. “Aproveché para graduarme en el año 2000 de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS)”, comenta.

Sin embargo, las limitaciones económicas que sufrió en su natal Culiacán, la hicieron devolverse en el año 2000. “Le dije a mi esposo, solo si me dan la visa de turista, me regreso. No quiero volver como indocumentada”, recuerda.

Cuando le aprobaron la visa de turista, regresó a Estados Unidos y cada seis meses salía para evitar violar la estadía permitida.

Marisela dice que le costó mucho encontrar empleo como asistente dental porque no hablaba inglés hasta que dio con un odontólogo de origen colombiano, Gabriel Zúñiga quien la contrató como su asistente en sus oficinas en Pasadena.

“Por no tener papeles, no podía regresar a la escuela a revalidar mi estudios como dentista”, relata.

Maricela Chaidez con su hijo Hermes Olmeda quien la ayudó a hacerse residente permanente. (Araceli Martínez/La Opinión).

Su única esperanza para arreglar su estatus migratorio era esperar a que su hijo Hermes, el mayor llegará a la mayoría de edad, los 21 años.

“Fui a ver a un abogado de migración en Pasadena quien me dijo que no tenía ninguna posibilidad de arreglar. ¿Por qué? Le pregunté varias veces. Nunca me dio una respuesta. Yo salí hecha una furia. Había pagado por una consulta en la que no encontré explicaciones”, recuerda.

Una trabajadora de la limpieza en la clínica dental donde ella labora en Pasadena, le recomendó consultar al abogado en migración Eric Price. “Él me dijo que no veía por qué no pudiera arreglar a través de mi hijo mayor de edad nacido en Estados Unidos”, expone.

Después de que el abogado solicitó una petición oficial de información (FOIA) para revisar todo su récord y que no se encontró nada irregular, en junio de 2018 se presentó la solicitud de residencia hecha por su hijo Hermes.

Maricela Chaidez con sus tres hijos Hermes, Raquel y Alexander Olmeda. (Foto suministrada).

“El 25 de marzo tuve la entrevista para la residencia. Fue muy dura porque yo no entendí bien una pregunta que me hizo el oficial a través de una intérprete”, dice. Pero tras horas de espera para aclarar el mal entendido, se fue a su casa, deseando que todo obrara a su favor.

Y así fue, hace tres semanas, recibió una llamada de la oficina de su abogado de migración para decirle que la tarjeta de residente ya le había llegado.  “Es el mejor regalo por el Día de las Madres que he recibido en mi vida”, dice entusiasmada.

“Mi consejo es que cuando quieran ajustar su estatus de migración, no se queden con la opinión de un abogado que les dice que no se puede, busquen una segunda o tercera opinión”, señala.

Además de su hijo, la doctora Angela Sanabría fue su copatrocinadora en la petición de residencia.

Su hijo Hermes quien solicitó la residencia de su madre ha ido a estudiar para dentista a México porque le sale más barato que aquí.

Por teléfono, el muchacho dice bromeando que ahora si, ya que su mamá es residente, puede comprarse una moto.

“Cuando hace tiempo le dije que me quería comprar una moto, me dijo, no ‘mijito’, después de los 21 años te la compras si quieres, porque acuerdate, ‘mijito’ mis papeles”, dice riendo.

Maricela Chaidez quien trabaja como asistente dental planea revalidar sus estudios como odontóloga. (Araceli Martínez/La Opinión).

Maricela cuenta que la broma comenzó cuando Hermes era un niño y se andaba ahogando en una alberca. “Cuando lo rescataron y todos estábamos felices porque estaba con bien, le dije ‘mijito cuidate. Acuérdate que me tienes que dar mis papeles’ y todos soltamos las carcajadas”.

El chiste cobró fuerza y cada vez que le pasaba un percance al menor como cuando sufrió una caída y rompió un jarrón, su madre le recordaba que debía ser muy cuidadoso porque él era el hijo que la iba a ayudar a ajustar su estatus migratorio.

“Un día llegó diciéndome que casi lo atropellaba un carro. Yo le contesté ¡ay mijito! ¡cuidate! porque recuerda, mis papeles”.

Aún cuando su madre ya posee la ansiada tarjeta de residente permanente, la broma sigue. “yYa no le importo, ya siento que me puedo morir, ya tiene sus papeles”, dice Hermes jugando.