Jóvenes urgen a representantes aprobar el Acta de Sueño y Promesa

Este martes es el voto crucial para luego ir al Senado dominado por los republicanos
Jóvenes urgen a representantes aprobar el Acta de Sueño y Promesa
Una docena de jóvenes de Los Ángeles, miembros de CHIRLA viajó a Washington, D.C. para cabildear por el Acta del Sueño y la Promesa Americana, H.R. 6 en Washington, D.C. (Cortesía Tessie Borden/CHIRLA).
Foto: Tessie Borden/Chirla / Tessie Borden/Chirla

Junto con una docena de muchachos inmigrantes, Jesús Villalba Gastélum de 16 años, un estudiante de la secundaria South East del sureste de Los Ángeles, viajó emocionado a Washington, D.C. para ser testigo del voto por el Acta del Sueño y Promesa, H.R. 6 que de ser aprobada, podría cambiar sus vidas.

La medida que evitaría la deportación y permitiría un camino a la residencia permanente y la ciudadanía para hasta 2.5 millones de inmigrantes, será llevada a votación en la Cámara de Representantes este martes.

“Soy uno de los jóvenes indocumentados que no consiguió el DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia). Cuando fue eliminado este programa, sentí que me arrebataban mis sueños”, dice Jesús quien a los tres años de edad, en 2005, fue traído por sus padres de Culiacán, México a los Estados Unidos.

Una docena de jóvenes inmigrantes de Los Ángeles, miembros de CHIRLA, viajan emocionados a Washington, D.C. a presionar por el Acta del Sueño y Promesa. (Tessie Borden/Chirla)

Merecen una oportunidad

Platica que a diferencia de otros muchachos, él tiene la fortuna de vivir en California donde hay muchos apoyos para los inmigrantes. Sin embargo, comenta que si pudiera hablar con un congresista, le pediría su apoyo para que se apruebe la medida H.R. 6. “Nosotros merecemos una oportunidad”, comenta Jesús quien revela que siempre le ha gustado presionar en los temas que le importan y afectan. “Por eso cuando me invitaron para ir a Washington, dije sí de inmediato”, externa este joven quien por primera vez se subió en un avión para visitar la capital del país, y estar presente en un voto crucial donde su destino está en juego.

Los jóvenes inmigrantes que viajaron a Washington son miembros de la Coalición por los Derechos de los Inmigrantes (CHIRLA) y serán testigos del voto del Acta del Sueño y Promesa, H.R. 6 que busca legalizar a los inmigrantes que se quedaron sin la protección del DACA y del Estatus de Protección Temporal (TPS) cuando el presidente Trump cerró estos programas en 2017.

Algunos de los jóvenes que viajaron en la delegación de CHIRLA no pudieron recibir DACA porque el programa terminó antes de que cumplieran los 15 años como fue el caso de Jesús.

Jorge Mario Cabrera, portavoz de CHIRLA, comenta que se trata de una propuesta histórica que tomó nueve años para que se hiciera realidad. “El momento para escoger llegó para el Congreso, especialmente para aquellos que dicen apreciar a los inmigrantes”, afirma.

La medida H.R. 6 ofrece un camino a la ciudadanía a los inmigrantes que han pasado la mayor parte de sus vidas en los Estados Unidos. Los dreamers elegibles deben haber llegado antes de los 8 años, y los inmigrantes elegibles para el TPS tienen que provenir de países que hayan experimentado conflictos armados, desastres naturales y otros problemas extraordinarios. Además tienen que demostrar una vida en el país desde 1997.

Jorge Mario Cabrera, portavoz de CHIRLA, comenta que se trata de una propuesta histórica que tomó nueve años para que se hiciera realidad. Arriba los jóvenes esperan la hora de partir. (Tessie Borden/CHIRLA).

Sin DACA, el futuro es incierto

Fredy Pedro Baltazar, de 20 años, es un joven estudiante (DACA) de ciencias de la computación por la Universidad de California en Irvine. Él fue parte también de la delegación de CHIRLA que viajó a D.C. para presenciar la votación.

“No sabría qué hacer si nos quitan DACA sobre todo porque mi familia está pasando por una situación difícil, ya que ellos fueron arrestados por Migración y están peleando su caso”, explica.

Fredy nació en Guatemala, pero fue traído a Los Ángeles cuando tenía siete años. “Cuando vine, no sabía hablar inglés y español, hablaba el dialecto  Q’anjob’al”, dice.

Gracias a todas las leyes que se han aprobado en California, Baltazar ha podido obtener ayuda financiera para la universidad. “Pero cuando detuvieron a mis padres, pasé por mucha depresión y estuve muy cerca de no continuar mis estudios”, expone.

Fredy pidió el voto a los congresistas para la H.R. 6 “Hemos estado aquí toda nuestra vida. Necesitamos más oportunidades. Queremos seguir estudiando más allá de la licenciatura, y si se aprueba esta ley, puede ayudarnos mucho”, platica el muchacho quien iba entusiasmado por viajar a Washington y representar a su comunidad.

Los jóvenes inmigrantes de CHIRLA que viajaron a Washington, D.C. fueron despedidos por sus padres. (Tessie Borden/Chirla).

Peligro en el Senado

Se espera que la H.R. 6 sea aprobada por la Cámara de Representantes controlada por los demócratas, pero se estima que tendría pocas probabilidades en el Senado controlado por los republicanos.

Frank Sharry, director de la organización American’s Voice, dice que los estudiantes y trabajadores a quienes beneficiaría esta medida, son parte de las familias estadounidenses y las comunidades a lo largo del país. “Es tiempo de que el pleno de la Cámara de Representantes afirme lo que el público estadounidense ya sabe: Esta legislación protege a los soñadores y a los inmigrantes beneficiarios del TPS y DED (Salida Voluntaria Extendida), fortalece nuestra economía y mantiene a las familias juntas”, enfatiza.

Lo que es más, argumenta que, la H.R. 6 es apoyada abrumadoramente por los estadounidenses y debe ser aprobada sin demora.

Verónica Girón, una salvadoreña quien lleva trabajando para la misma empresa desde hace 15 años, dice que lo primero que pasaría si se queda sin el TPS, es que perdería su empleo.

“Somos muchos los que vamos a salir afectados. Vine cuando tenía 24 años. Mis dos hijos nacieron en Estados Unidos. Si regresara a El Salvador no voy a tener un trabajo y una vivienda, y no podría llevar a mis hijos a un país que no conocen. Más que merecer una residencia no la hemos ganado al pagar impuestos y siendo buenos ciudadanos. Les pedimos que nos apoyen”, sostiene Verónica Girón.