Los desafíos de la comunidad transgenero sin seguro médico

Un gran número de ellos no tiene documentos y en muchas ocasiones todavía enfrentan la burla o resistencia de la gente; además de los riesgos que conlleva el tener que comprar medicina en los swapmeets o en establecimientos en forma clandestina.

Mujeres transgénero frente al Centro LGBT OC en Santa Ana. (Paul Rodríguez)
Mujeres transgénero frente al Centro LGBT OC en Santa Ana. (Paul Rodríguez)
Foto: Paul Rodríguez

 

La posibilidad de enfermarse impide que Jennifer Leyva duerma bien por las noches.

Esta mujer transgénero de 38 años no tiene seguro de salud. Desde que comenzó su transición hace cinco años, Levya compra hormonas femeninas en la calle, en los swapmeets y tiendas que las venden ‘bajo el agua’

Ella ha realizado trabajos esporádicos, incluso ha hecho trabajos sexuales para poder cubrir el costo de las hormonas y de las sesiones de depilación con láser, que en conjunto pueden ascender a miles de dólares.

“Tenía 30 años cuando comencé con la transición”, contó Leyva. “No es fácil dejar de ser un hombre para convertirse en una mujer. Pero cuando deseas algo con tantas ganas, no te importan los riesgos que puedan surgir”.

Si bien, las personas transgénero como Leyva que residen en California comparten las mismas preocupaciones que el resto de la población sin seguro médico —como el costo de las consultas médicas de rutina o la hospitalización en caso de enfermedad o de una lesión— los desafíos del cuidado de la salud a menudo son mucho más profundos para esta comunidad.

Los tratamientos hormonales empleados en la transición de género pueden costar miles de dólares, sin mencionar el elevado costo de las cirugías de cambio sexual y de fines cosméticos. Asimismo, la necesidad de recibir servicios terapéuticos y de salud mental tiende a ser particularmente alta en la comunidad transgénero, debido a temas emocionales y estigmas sociales que habitualmente enfrentan.

La transición es un proceso donde se adopta de manera permanente las características físicas del género con el que la persona se identifica, que son distintas a las características asociadas con el sexo que se tiene al nacer. Algunas personas limitan este proceso a la transición social, lo que significa básicamente cambiar de nombre, emplear los pronombres preferidos y asumir otra apariencia.

Miah Andrade, de Transgéneros Unidas (i), habla con Khloe Perez-Rios, de Bienstar Human Services, en Long Beach. (Kevin Sullivan, Orange County Register / SCNG)

Otros eligen realizar también una transición médica, que incluye tratamientos hormonales, cirugías de cambio de sexo y procedimientos de fines cosméticos, como el implante de senos. Ciertos individuos pueden optar por someterse a otras cirugías, como una histerectomía para retirar los órganos reproductivos femeninos, o una faloplastia, un procedimiento para construir los genitales masculinos externos empleando piel de otras partes del cuerpo.

El proceso de transición puede variar de una persona a otra, dependiendo del grado de cambio que se desee, señaló Khloe Pérez-Ríos, de 30 años y residente de Rancho Cucamonga. Pérez-Ríos es una mujer transgénero que lidera un grupo de apoyo para otras mujeres transgénero en Long Beach.

“Para algunas personas, es un proceso que continúa durante toda la vida”, señaló. “Muchas logran ser felices una vez que alcanzan cierto nivel en el que se sienten cómodas. De eso se trata: sentirse cómoda en su propia piel”.

Falta de acceso y de atención

Si bien existen variaciones, los estudios a nivel nacional indican que es más probable que los adultos transgénero no tengan seguro médico en comparación con el resto de la población, lo que hace más difícil ofrecer los servicios médicos que esta comunidad tanto desea y necesita.

En 2015, alrededor del 14 por ciento de los adultos transgénero no contaban con seguro médico, en comparación con el 11 por ciento de la población general en Estados Unidos, según la Encuesta de la población transgénero de EE. UU. realizada por el Centro Nacional para la Equidad de Género, un grupo de defensoría con sede en Washington D.C.

Las personas trans no pueden obtener seguro médico por diferentes motivos, entre ellos el desempleo y la falta de vivienda, afirmó Maddi Behrouzmand-Stratton, responsable de programas del Centro de Salud y Género en Sacramento, que prefiere el uso del pronombre “They” (ellas/ellos que en inglés es pronombre neutral).

Por otro lado, las personas de este grupo tienden a desconfiar de las compañías de seguros debido a la discriminación que han sufrido en los centros médicos. Muchos ni siquiera saben si cumplen o no con los requisitos para recibir Medi-Cal o subsidios para el cuidado de la salud.

Incluso, aquellos que tienen acceso a servicios de salud gratis o de bajo costo a través de Medi-Cal o de la Ley de Salud Asequible (ACA, por sus siglas en inglés), les resulta difícil obtener información sobre la atención y los cuidados a los que tienen derecho debido a la discriminación o los estigmas, agregó Behrouzmand-Stratton.

“En la recepción los pueden llamar por su nombre legal, los proveedores pueden decirles que no quieren atenderlos o pueden negarles el acceso a las hormonas. Todo esto puede ser muy dañino (a nivel emocional)”, aseveró.

De hecho, uno de cuatro encuestados en el estudio nacional sobre personas transgénero realizado en 2015 indicó que, durante el año anterior, había tenido problemas con su seguro médico debido a su condición transgénero. Entre dichas dificultades se encontraban las aseguradoras que rehusaban cambiar el nombre y/o género del asegurado en sus registros o se negaban a cubrir servicios considerados con frecuencia como específicos al género.

Casi la cuarta parte de los encuestados señaló que evitaba acudir a los servicios de salud por miedo a ser juzgados y vistos mal por ser personas transgénero.

Servicios sin costo

En el área metropolitana de Los Ángeles, la mayoría de las personas transgénero sin seguro médico tienden a ser indocumentadas, por lo tanto, no cumplen con los requisitos para recibir cobertura a través de Medi-Cal o de la ley ACA, indicó Jim Mangia, director ejecutivo del Centro de Bienestar Infantil y Familiar de St. John’s en Los Ángeles. Dicho centro cuenta con un programa de salud para personas transgénero, ubicado en las calles 23rd y Flower y gestionado completamente por personas de este grupo.

Jim Mangia, director ejecutivo del centro médico St. John’s Well Child and Family Center. (Sarah Reingewirtz, Pasadena Star-News / SCNG)

La clínica ofrece todos los meses tratamientos hormonales y cuidados de salud básicos a unos 2,500 pacientes, de los cuales aproximadamente la mitad no tiene seguro médico debido a que son indocumentados, afirmó Mangia, quien es gay.

“Siempre he estado cerca de la comunidad trans”, aseguró. “Pero lo que me motivó a comenzar este programa fue el hecho de que esta gente no tenía otro lugar donde ir. Compraban hormonas de caballo en los swapmeets y, como consecuencia se enfermaban gravemente”.

Los tratamientos hormonales deben indicarse según cada caso y ser supervisados por un médico. Administrarse hormonas por cuenta propia o comprar fármacos sin verificación en la calle puede causar efectos secundarios graves e importantes problemas de salud, explicó Mangia.

Las hormonas que ofrece la clínica no tienen costo para los pacientes sin seguro médico, las cuales generalmente cuestan varios cientos de dólares. La clínica recibe fondos federales y donaciones de organizaciones filantrópicas para financiar su programa para personas transgénero, señaló.

Los pacientes que Mangia recibe en la clínica no solo provienen de Los Ángeles. También llegan de Long Beach, el Condado Orange, San Diego, Riverside, Bakersfield y otros lugares tan alejados como Las Vegas.

Temor y odio

Leyva visita regularmente la clínica. Tiene derecho a recibir Medi-Cal ya que su solicitud de asilo fue aprobada hace dos años. Sin embargo, Leyva dijo que su abogado le recomendó no solicitar el programa de seguro médico financiado por el gobierno por temor a que la administración Trump decidiera negarle residencia permanente a las personas que dependieran de la asistencia pública, basada en la norma denominada “carga pública”.

Si la regla entrara en vigor, no se podría aplicar de manera retroactiva, y los desafíos legales podrían detener la ejecución por algún tiempo. No obstante, muchos abogados han continuado asesorando incorrectamente a sus clientes, incentivándolos a dar un paso innecesario y peligroso, ya que puede tener consecuencias graves para su salud.

“No sé cómo van a cambiar las leyes, pero no quiero que afecte mi posibilidad de obtener la residencia permanente”, aseveró Leyva. “Tengo miedo incluso de visitar una clínica de salud calificada a nivel federal que trabaja con las poblaciones más desfavorecidas ya que me preocupa mi condición migratoria. Todos los días le pido a Dios que no permita que me enferme”.

Muchos de los pacientes que visitan la clínica donde trabaja Mangia y unos cuantos más de la región son inmigrantes de América Central y América Latina.

Miah Andrade dijo que huyó de Honduras ya que se había convertido en blanco de violencia y delitos motivados por el odio.

“Hui de allí porque quería vivir en un lugar donde pudiera caminar por la calle con libertad”, afirmó. “En mi país me llamaban por nombres degradantes y eso no era lo peor. En nuestra cultura no existe un término para ‘transgénero’. Las personas hablaban de mí como un hombre que intentaba vestirse como mujer. Me resultaba traumático”.

Andrade, quien hoy tiene 24 años, señaló que comenzó su transición en Honduras cuando tenía 19 años. Hoy se enfrenta a otros desafíos aquí en Estados Unidos. Su mayor inquietud en este momento es cómo tener acceso a las cirugías, específicamente para el aumento de senos y el cambio de sexo.

Andrade no ha podido obtener Medi-Cal ya que continúa indocumentada, pero las nuevas leyes estatales ampliarán la cobertura a los residentes indocumentados de hasta 25 años de edad.

Medi-Cal cubre el tratamiento hormonal, la cirugía para cambio de sexo y otros procedimientos considerados “médicamente necesarios”. Generalmente, los procedimientos para fines cosméticos, como el aumento de senos, no están cubiertos por Medi-Cal.

Aunque para las personas sin cobertura como Andrade, la falta de acceso a los procedimientos quirúrgicos representa un motivo constante de estrés.

“No poder tener acceso a las cirugías que necesito para hacer una transición completa afecta mi estado mental”, dijo Andrade. “Siempre estoy preocupada por si me enfermo o si tengo que estar internada porque no tengo dinero para pagarlo. Conozco a muchas chicas aquí. Todas estamos en la misma situación”.

CiCi López llegó a Estados Unidos hace unos 23 años desde Puerto Vallarta, México. Considera que no podía encontrar un empleo estable debido a su identidad de género. López es indocumentada y no tiene cobertura de salud.

“Viví en la calle por un tiempo”, señaló. “Ahora vivo en un motel y tengo dificultades para pagar el alquiler”.

Un proceso que dura toda la vida

López comenzó su transición a los 16 años cuando todavía vivía en México, donde no era fácil ser una persona transgénero, dijo. Los hombres le decían cosas humillantes cuando caminaba por la calle. Había gente que le lanzaba piedras.

“Mi familia me apoyaba”, aseveró López. “Pero me fui de México porque no quería que mis padres sufrieran al verme así”.

Hoy en día, su dificultad más grande es pagar los honorarios de un doctor o de un servicio médico. Las hormonas que compró en la calle le afectaron el sistema nervioso y la pigmentación de la piel, explicó López mientras enseñaba sus manos donde todavía se pueden apreciar manchas blancas. Debido a esto, dejó de tomar las hormonas.

“La gente cree que la transición es un proceso a corto plazo”, agregó. “Pero para la mayoría de las personas trans es un proceso que dura toda la vida. Todos nos encontramos en diferentes etapas de la transición”.

Raquel Pozos, de 36 años y residente de Santa Ana, dijo que dejó de tomar las hormonas porque la hacían sentirse mal. También afirma que está satisfecha con la etapa en que se encuentra en su transición. Pozos pagó de su propio bolsillo por las cirugías que se realizó: $3,400 por el implante de senos y $5,000 por la depilación con láser.

“Me hice esas cosas porque no quería que me acosaran”, dijo Pozos.

Dificultades mentales y emocionales

Las personas trans también tienen dificultades para obtener servicios de salud mental, afirmó la doctora Kristen Vierregger, especialista en tratamientos hormonales para personas transgénero. De los pacientes que visitan su clínica —el Centro Médico Metamorfosis— ubicado en Buena Park, el 90 por ciento es transgénero, mientras que el 10 por ciento restante son personas sin cobertura, señaló la doctora.

También agregó, que su manera de ayudar a los pacientes sin seguro médico que pagan por las consultas de su propio bolsillo es mantener las tarifas a precios bajos.

“He observado grandes mejoras en la salud mental de una persona trans cuando tienen acceso a la atención médica que necesitan, ya sean hormonas o cirugías”, señaló. “Trato de ponerme en su lugar. Si modificar mi cuerpo fuera algo totalmente ajeno a mis posibilidades, ¿no estaría deprimida yo también? Los pacientes sufren de maneras muy concretas la falta de acceso a la atención que necesitan para poder sentirse bien en sus propios cuerpos”.

La depresión es el problema de salud mental más habitual entre las personas transgénero, y en la mayoría se desencadena debido a estigmas y prejuicios, afirmó la doctora Vierregger. “Cuando están en público y las personas no logran identificarlos correctamente, eso causa un efecto demoledor. Todas las interacciones sociales se ven afectadas por esa ansiedad. Los daños autoinfligidos también son comunes entre las personas que sienten que sus cuerpos los traicionan. Si el grado de desesperación se vuelve muy alto, surgen los pensamientos suicidas”, añadió.

La administración Trump propuso eliminar una norma de la era Obama que estipulaba que la prohibición establecida por la Ley ACA contra la discriminación en los cuidados de salud por razones de sexo incluía la identidad de género. Esto podría resultar devastador para esta comunidad vulnerable y marginalizada, señala Vierregger.

La intervención médica, como las hormonas y las cirugías, pueden ser “la verdadera salvación” para los pacientes trans, agregó.

“Conozco a personas que no comparten esta perspectiva. Pero es un tema de vida o muerte”.

Sammy Caiola de Capital Public Radio contribuyó con este artículo.

Acerca de esta serie
 
Este proyecto es resultado de un innovador emprendimiento periodístico —The USC Center for
Health Journalism Collaborative— que incluye una variedad de medios informativos de todo el
estado de California dedicados a presentar informes conjuntos sobre las personas sin seguro
médico que residen en el estado. Entre los medios informativos se incluyen los periódicos
de Gannett Co., McClatchy Corp., La Opinión y Southern California News Group, así como
también las emisoras Capital Public Radio y Univisión.