Inmigrante argentino obtiene residencia después de 33 años de vivir indocumentado

Nunca perdió la esperanza de regularizar su estatus migratorio; ahora quiere regresar a su país de origen para visitar la tumba de sus padres

Inmigrante argentino obtiene residencia después de 33 años de vivir indocumentado
Jorge Luis quiere volver a caminar por el barrio donde creció. (Aurelia Ventura/La Opinión)
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Después de vivir 33 años en las sombras en los Estados Unidos, Jorge Luis Casabé obtuvo su residencia permanente tras su matrimonio con una ciudadana estadounidense.

“Siempre imaginé que iba a pasar, que un día iba a ser residente. Nunca perdí la esperanza. Sabía que Dios estaba conmigo”, reconoce Jorge Luis de 64 años de edad.

Pero vaya que pasaron varias décadas antes de que pudiera obtener la residencia.

Conoció a Pamela, quien es ahora su esposa, en un sitio online de citas para judíos en 2016. “Dos años después, en febrero de 2018, le propuse matrimonio. Nos casamos en agosto de 2018”, cuenta.

Jorge Luis Casabé muestra su tarjeta de residencia permanente. (Aurelia Ventura/ La Opinión)

La petición de residencia la sometió el 1 de marzo de este año, el 27 de junio tuvo la entrevista en migración y el 9 de julio, llegó la tarjeta de residencia.

“Fue muy emotivo. Cuando uno hace cosas buenas, vienen cosas buenas”, sostiene.

Una historia de novela

“Nací en Argentina. En San Isidro, al norte de Buenos Aires. Mi familia tenía posibilidades económicas. Yo no vine aquí por dinero sino porque la vida en Argentina en los años setenta era horrible. Fue muy difícil crecer en ese ambiente. Había mucha tensión por los militares”.

Jorge Luis cuenta que creció en un barrio de alemanes nazis, en el que ser judío, era mantenido como un secreto. “Mi papá era judío, pero no era religioso”.

A los 22 años fue a la embajada de Estados Unidos a solicitar una visa de turista. “Yo estaba seguro que no me la iban a dar, pero para mi sorpresa me la aprobaron”.

El abogado en migración, Eric Price, entregó a Jorge Casabé su tarjeta de residencia de los Estados Unidos. (Aurelia Ventura/ La Opinión)

En 1977,  joven y fuerte, viajó en varios autobuses de Buenos Aires a Venezuela donde tomó un avión con destino a Miami.

“Cuando salí del aeropuerto y respiré la libertad, de rodillas, frente a todo mundo, me puse a llorar”, afirma.

Pese a que estaba maravillado con su nueva vida en los Estados Unidos, regresó al año siguiente a Argentina porque no quería perderse el mundial de fútbol que se celebraría en su país.

En 1986, ya casado y con una hija de cinco años, reingresó con su visa de turista a los Estados Unidos. Aunque esta vez llegó a Los Ángeles donde tenía una hermana.

“Me dieron un permiso de seis meses que se expiró. Nunca más regresé a la Argentina”, explicó. “Todavía guardo el boleto de avión de regreso que nunca usé”.

Los primeros años se ganó la vida fabricando interiores de shorts de baño para hombre, pero el Tratado de Libre Comercio (NAFTA) con México y Canadá, arruinó su negocio.

Jorge Luis Casabé con su esposa Pamela. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Para colmo, cuenta que su hermana lo echó de su casa con toda y su hija.

“Ella recibía mis cheques de mis ventas, y se quedaba con ellos”, recuerda.

En la calle, conoció a un boliviano que se apiadó de él, y le rentó una casa en Topanga.

“Conseguí trabajo como agente de seguridad en el hotel Beverly Hills por las noches, y en el día trabajaba poniendo tapitas a los champús y acondicionadores en una fábrica artesanal. Me salían ampollas de tanto poner tapas”.

Al poco tiempo dejó de ser empleado para de nuevo dedicarse a la fabricación de ropa de playa. “Tuve mucho tiempo un local en Venice”, agrega.

Cuando se divorció y se sentía desolado porque su esposa y su hija se fueron de la casa, se volvió un judío religioso.

“Fue muy curioso. Años atrás, yo mandé una carta a mi mamá en Argentina con una argentina que había conocido aquí. Ella se tomó la molestia de entregarla personalmente a mi madre”, siguió Jorge Luis. “Nunca volví a saber de ella hasta años después que llamó para saludar. Resultó que ella era secretaria de uno de los rabinos más importantes de Los Ángeles”.

Esa mujer hizo que se metiera al judaísmo de lleno. “Rezo todos los días”, dice con orgullo.

Jorge Luis Casabé en su juventud cuando vino a los Estados Unidos. (foto suministrada).
Jorge Luis Casabe es aficionado a navegar en su velero. (Foto suministrada).

Durante todos los años que Jorge Luis fue indocumentado, platica que no solía hablar de su estatus con nadie. “Alguna vez que llegué a contárselo a alguien, se me quedaban mirando de manera muy extraña”, dice.

Así que decidió guardárselo para sí mismo. “Eso sí, nunca tuve miedo a una deportación ni con Trump. Tampoco me metí en líos más allá de una infracción de auto”.

Con la herencia que le dejó su padre al morir, se compró un velero que estacionaba en Marina del Rey. “Lo tuve que cambiar al muelle de Oxnard porque me empezaron a acosar por ser judío”, dice.

Cuando conoció a su ahora esposa, después de un tiempo le tuvo que confesar que no tenía papeles.

“Ella trabaja para el gobierno. Cuando le dije, ‘tengo algo que contarte’, se mostró muy comprensiva. Me dijo, ‘yo te voy a ayudar a arreglar esto’. Luego yo tenía un amigo, Gerardo, dueño de otro velero que trabaja para el abogado de migración Eric Price, y fue quien me habló de él, y dijo que me podía ayudar con mi petición de residencia”, expone.

“Fuimos a una entrevista con el abogado Price, y a mi esposa le dio confianza y me dijo, vamos a hacerlo”.

Ya con la residencia, Jorge Luis Casabé viajará a la Argentina con su esposa a recorrer los pasos andados en su juventud. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Price le entregó el 11 de junio la tarjeta de residencia a Jorge Luis.

“Es un honor ser americano. Siempre me he sentido americano. Este país me abrió las puertas y me hizo quien soy ahora. Aquí aprendí a ser judío y a practicar el judaísmo”, comenta complacido el inmigrante argentino que ahora es residente de los EE UU.

Jorge Luis y su esposa Pamela tienen planeado viajar a Argentina en el mes de noviembre.

“Mis amigos van a ir por nosotros al aeropuerto. Lo primero que quiero hacer, es ver la tumba de mi papá y mi mamá. Se me fueron sin que yo pudiera estar a su lado”, comenta. “No pude ir a despedirme de ellos por mi condición migratoria. MI padre me suplicaba que fuera, pero no podía”.

También quiere caminar por su barrio, y ver la casa donde creció. “Ahí, hay un montón de árboles que yo traje de la Patagonia y sembré. Ahora son unas bestias de árboles. Los he visto por Google”, platica fascinado.